AMLO: la esperanza de la izqui

AMLO: la esperanza de la izquierda latinoamericana

Ante el primer aniversario de la victoria electoral del 1 de julio de 2018, la presidencia de Andrés Manuel López Obrador proyecta una renovada esperanza entre las izquierdas de América Latina.
En un contexto en el que dominan en la región los gobiernos de derecha, la administración del tabasqueño al frente de uno de los países más complejos del continente orienta la balanza internacional a favor de los ideales de la izquierda: los de la justicia social y el equilibrio entre sectores económicos, los de políticas públicas en favor de los grupos vulnerables y en beneficio del interés colectivo por sobre el privado, y el de la conglomeración cultural de los países herederos de la tradición colonial ibérica, ligados entre sí por un pasado de despojo, una lengua, un conjunto de códigos culturales, y la aspiración de la unidad, ilustrada en figuras del proceso continental de independencia del siglo XIX como Simón Bolívar, José María Morelos y Pavón y José Martí. 
Poco más de diez años después del auge de gobiernos de izquierda en Latinoamérica, López Obrador sigue encabezando la posibilidad del resurgimiento de un proyecto ideológico común en la región. Sin embargo, el político mexicano se mueve en un contexto sin afinidad, pronto a la condena de Venezuela, como demuestra el discurso del Grupo de Lima, el llamado a la intervención militar en ese país gobernado por Nicolás Maduro, el apoyo teatral a Juan Guaidó y al concierto Venezuela Aid Live, y la puesta en marcha de políticas sociales de talante neoliberal.

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Mauricio Macri y Sebastián Piñera, presidentes de Argentina y Chile respectivamente, identificados ambos con la derecha empresarial.

Bolsonaro, mandatario de Brasil, se aseguró notoriedad mundial al arremeter contra homosexuales y víctimas de la dictadura militar de su país.

El exmilitar Jair Bolsonaro en Brasil; el empresario Mauricio Macri en Argentina; el magnate Sebastián Piñera en Chile; Iván Duque, cercano a Álvaro Uribe, en Colombia; Lenin Moreno en Ecuador, quien contravino a su antecesor, Rafael Correa, y canceló el apoyo de la embajada de su país en Londres a Julian Assange, fundador de Wikileaks; Martín Vizcarra en Perú, en sustitución de un Pedro Pablo Kuczinsky separado del cargo bajo acusaciones de corrupción en el caso Lava Jato, son algunos nombres del resurgimiento de la derecha en América Latina, región históricamente maltratada por dictaduras miltitares operativas bajo el auspicio de Estados Unidos y explotada por intereses extranjeros desde la Conquista española, lo que ha disparado la desigualdad social, retrasado la integración de los pueblos originarios en los esquemas nacionales vigentes, e impuesto ventajas para los beneficiarios del capitalismo internacional, en perjuicio del desarrollo local.
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Michelle Bachelet, expresidenta de Chile, con la activista Malala, premio Nobel de la paz.

Por afinidad discursiva, AMLO se vincula a los presidentes de izquierda que gobernaron Latinoamérica hace unos años: Cristina Fernández de Kirchner, hoy precandidata a la vicepresidencia de Argentina; Luiz Inácio Lula da Silva, quien encabezaba las encuestas en la elección de 2018 que terminaría por ganar el ultraderechista Jair Bolsonaro frente a Fernando Haddad, y Dilma Rousseff, dispuesta para entregar el ejecutivo brasileño a Michel Temer; Michelle Bachelet, quien ocupó dos períodos presidenciales en Chile y ahora funge como alta comisionada de la ONU para los derechos humanos; Evo Morales en Bolivia, y José Mujica en Uruguay, quien llamó la atención del mundo por su austeridad. 
“Un luchador que fracasó en varios intentos acaba de conquistar la presidencia”, dijo Mujica de López Obrador en un mensaje lanzado en julio de 2018
“¿Cuánta voluntad tendrá que tener y cuánta compañía en el gigantesco desafío que México tiene por delante cuando su poderoso vecino determinante, entre otras cosas, ha desatado una guerra comercial tal vez hasta con el mundo cuyas consecuencias hoy ni siquiera podemos entrever?”, se preguntó el uruguayo. 
Aunque logró echar de la administración federal al PRI de Enrique Peña Nieto, partido hegemónico en México durante décadas y que durante el sexenio del mexiquense protagonizó escándalos de corrupción especialmente agresivos, como los del prófugo Emilio Lozoya, entonces director de Pemex, César y Javier Duarte, y Roberto Borge, apenas algunos nombres en una larga tradición de abusos políticos, López Obrador encabeza un proyecto de izquierda no sólo en contrasentido al clima latinoamericano, sino también al del derechista Donald Trump, que ganó la presidencia de Estados Unidos en noviembre de 2016 tras una campaña abiertamente misógina, xenófoba, violenta contra grupos vulnerables y con abiertas amenazas a México.
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AMLO derrotó ampliamente al partido de su antecesor, Enrique Peña, lo que convirtió al PRI en la tercera fuerza política a nivel nacional

No obstante los aspectos de la administración federal que deban mejorarse, en un proceso de autocrítica constante, es necesario siempre tener en cuenta que la oferta política de López Obrador y el heterogéneo Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) constituye la primera opción de izquierda del siglo XXI que triunfa en la presidencia de México de manera insoslayable, con un franco apoyo popular
Victoria significativa en un país de arraigada tradición autoritaria, se trata de la fuerza política que convirtió al PRI en un partido minoritario y exhibe la falta de coordinación en la oposición que hoy impulsan el PAN, proyectos como México Libre, de Felipe Calderón, y Futuro 21, que agrupa a personajes como Gabriel Quadri y Jesús Ortega. 
Un punto simbólico y concreto de unión en el propósito latinoamericano de procurar la justicia entre clases sociales, la regulación en favor de los grupos en desventaja. 

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