Corea del Centro

Acabo de regresar de un viaje a Corea del Centro, y me gustaría contar a las y los lectores de El Soberano mi experiencia.

Para quien no lo sepa, Corea del Centro se encuentra en Occidente, a medio camino entre Estados Unidos y Europa. Esta no sólo es una ubicación geográfica, sino, y sobre todo, intelectual.

La forma de gobierno de Corea del Centro es la democracia liberal. Liberal entendida como la capacidad ciudadana de elegir a un comité de sabios que, por haberse formado en algunas de las mejores universidades del mundo, y tener muchas maestrías y doctorados, están más capacitados que el pueblo llano para opinar y tomar las mejores decisiones para la plebe.

En cualquier caso, en Corea del Centro también hay una universidad. El rector de la universidad es Francis Fukuyama y por supuesto el pénsum ya no tiene ningún componente ideológico, sino que está pensado para formar a una tecnocracia que gestione al Estado.

La ideología fukuyamista hace que nadie en el comité de sabios ni ningún tecnócrata formado en la Universidad de Corea del Centro se declare de derecha, porque ser de derecha hoy está muy feo y da hasta vergüenza asumirse como tal. Por lo tanto, en Corea del Centro se reivindican todos los derechos que no impliquen una modificación del modelo económico neoliberal. Se celebra el multiculturalismo (aunque siempre es mejor que los negros o indígenas no sean pobres, porque eso sí se hace un poco incómodo), la diversidad sexual y el feminismo liberal. Pero sin pasarse. Celebración sí, reivindicación política que intente transformaciones estructurales no.

En Corea del Centro la profesión más importante es el oficio de comentar. Y, por supuesto, el medio de comunicación principal es Twitter. No hay nada mejor que pontificar en Twitter y ser políticamente correcto. Un ciudadano o ciudadana de Corea del Centro alcanza su máximo estatus cuando es reconocido en dicha red social. No está muy bien visto tomar partido, comprometerse, implicarse en ningún tipo de lucha social. La opinión se da en Twitter o en un paper.

El problema llega cuando muchos ciudadanos y ciudadanas de Corea del Centro, pero residentes en un México en pleno proceso de cambio, se encuentran con que este país no es Corea del Centro. Con que su voz, tuits, columnas de opinión o programas de televisión ya no le importan a un pueblo esperanzado en la transformación de la nación. Tampoco le importan, como sucedía antaño, a quienes toman las decisiones en Palacio Nacional. Y entonces llega el rechinar de dientes que, aunque no tenga incidencia, hace un ruido bastante molesto.

Ya es hora por tanto de que las y los ciudadanos de Corea del Centro residentes en México entiendan que imparcialidad no es equidistancia, y que el consejo de sabios —que en el macondiano país que acabo de visitar encabeza Claudio X.— no puede ser quien defina el destino de México. Ya es hora de que la ciudadanía de Corea del Centro se eche a un lado y deje paso a la transformación que se vive en México, que desde luego no es perfecta, pero se está construyendo desde abajo y a la izquierda, y no desde arriba y por la derecha, como en Corea del Centro.

Katu Arkonada. Nació en el País Vasco, tiene nacionalidad boliviana y reside actualmente en la Ciudad de México. Cuenta con estudios de posgrado en geopolítica, y comunicación política. Es miembro de la secretaría ejecutiva de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad.

@katuarkonada

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