La economía moral

La economía moral

He querido ahondar en la teoría del Estado de la 4T por el poder explicativo que esto puede tener. En la narrativa del Estado actual están los anhelos del proyecto: la radiografía literaria, pero también histórica, antropológica, estética y ¡hasta jurídica! de los motivos. Con eso no sólo podemos comprender y empatizar, sino también reflexionar y evaluar. Para revelar todo esto es necesario preguntar, a la sombra del Divo de Juárez: ¿Para qué tanto problema? ¿Para qué hacerse con el poder del Estado?

En las entregas anteriores hemos intentado deshebrar esta historia. El hilo principal es, sin duda, la teoría del Estado del régimen actual; pero en esta arqueología narrativa siempre ayuda dedicarle algo de tiempo a las hebras contiguas: el Estado neoliberal (o regulador); el socialista leninista; el popular libre (o la propuesta socialdemócrata de los alemanes nacida a mediados del siglo XIX)… Quizá faltarían el Estado de bienestar europeo, el liberal mexicano decimonónico y las posturas anarquistas de erradicación. Sin embargo, para continuar es necesario reflexionar brevemente sobre un nuevo hilo en la trama.

Hasta ahora sabemos que el alba de la larga noche neoliberal es la aparición del Estado Popular, cuyo motivo no es ya la riqueza acumulada en los adentros de una montaña solitaria, sino el bienestar general: la lucha por que el Sol efectivamente salga para todos; una economía que venza al egoísmo vuelto virtud del neoliberalismo y establezca a la honestidad como nuevo fundamento económico. Andrés Manuel llama a este modelo “economía moral”.

No hay aún mucha información acerca de este nuevo impulso. El presidente ha dicho que espera publicar un libro sobre el tema el 1 de diciembre. En él dará respuesta a todas las interrogantes y a definir el nuevo modelo; como dirían los tecnócratas, el nuevo paradigma1.

Quedará esperar a la publicación. Sin embargo es posible bosquejar ciertas analogías. La piedra angular del neoliberalismo es el egoísmo y, conforme a ello, las personas somos agentes maximizadores de utilidad; es decir: siempre queremos más bienes por menos males y buscamos siempre incrementar cada vez más la cantidad de bienes mientras reducimos los costos tanto como sea posible. Esto sucede en las mentes de los individuos, que sólo actúan en interés ajeno cuando ello produce utilidad moral: cuando nos hace sentirnos buenas personas. Hasta la solidaridad es, pues, egoísmo vuelto virtud: nadie racional haría algo libremente que en última instancia no le convenga a sí mismo.

El neoliberalismo narra el cuento del homo œconomicus, egoísta ejemplar en su incansable búsqueda de utilidad. Es una historia deleznable que, por supuesto, ha terminado por cansar al pueblo. ¿Cuál será la historia del homo honestus que sugiere Andrés Manuel, y cómo se verá y se moverá realmente?

 
NOTA

 

Mercurio Cadena. Abogado administrativista
especializado en administración de proyectos públicos.

@hache_g

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