El futuro de la Conabio

Creada hace poco más de 25 años, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, conocida como Conabio, está en el centro del debate ambiental desde hace ya varios meses, pero no por primera vez. En efecto, su condición particular, su origen, función, y sobre todo su marco legal y operativo a través de un fideicomiso privado han sido centro de discusiones, y su pertinencia institucional ha sido cuestionada en varias administraciones; pero siempre había salido airosa. En la actual administración federal, y ahora con ahínco, encaramos una materia para resolver de una vez por todas.

Como consecuencia, circulan opiniones cada vez más y con mayor virulencia —en redes sociales, periódicos y sobre todo en la comunidad académica— que en su gran mayoría piden la permanencia de esta institución, de gran prestigio nacional e internacional. Pero la opinión pública sabe muy poco de la Conabio y su eventual desaparición, estoy seguro que “no les quita el sueño”, por lo que me permitiré hablar de ella y bosquejar algunas soluciones con conocimiento de causa, ya que durante 14 años tuve un cargo de alto nivel, en la mitad de su mandato.

La Conabio como comisión intersecretarial cuenta entre sus logros, por ejemplo, compilar información, seria y científicamente avalada, para generar bases de metadatos georreferenciados en mapas precisos para la toma de decisiones en los campos de la salud, la agricultura, la biodiversidad, además de la alerta temprana de los puntos de calor en tiempo real que pueden ser focos de incendios para todo el país y Centroamérica. Su base de información sobre biodiversidad, sin exageración, es la más importante del mundo. Muchos países del orbe, incluyendo los Estados Unidos, desearían tener una institución como ésta. Puede, por ejemplo, advertir de la introducción de vectores peligrosos para la salud pública y de especies exóticas al medio ambiente. Ha sido el aliado natural de cientos de organizaciones de productores, que, como los apicultores, han usado la información publica para sus defensas legales ante la presencia de organismos genéticamente modificados que perjudican el pecoreo de sus colmenas y comprometen el mercado de la miel de exportación, del que dependen miles de familias del sureste mexicano.

Quizá en los últimos 20 años ha logrado producir conocimiento aplicado de la mano de instituciones académicas, de la sociedad civil y de organizaciones de productores del sector rural de la economía nacional, y apoyado directa e indirectamente en el uso y manejo de su biodiversidad a cientos de comunidades campesinas y pueblos originarios en varias regiones del país. Con eso le ha dado cumplimiento al segundo mandato y cabal alcance a sus objetivos estratégicos. La revalorización mundial y la posterior denominación de origen del mezcal surgió de los trabajos de la Conabio.

La pertinencia y futuro de la Comisión, contra lo que se pueda pensar, puede ser absolutamente alineada con la estrategia de la cuarta trasformación impulsada por el presidente de México. Es una institución pequeña, eficaz y austera, no más de 250 investigadores y administrativos, con una equidad de género proclive a favor de las mujeres, un presupuesto menor al 0.4 por ciento del de toda la Semarnat, y con evidentes resultados, auditada reiteradamente y siempre sin observaciones resaltantes. Además de los sectores arriba señalados, cubre un rol educativo en todos los niveles. A mi leal saber y entender, una transformación de la institución, renovando su estrategia de atención al conocimiento aplicado en el uso de la biodiversidad, evitaría una involución institucional que pudiera alejar a la Conabio de un compromiso directo de aplicación y análisis en el conocimiento, uso y manejo de la biodiversidad, con los dueños y poseedores del mayor capital natural de México y, en términos relativos, del mundo. Convertir a la Conabio, de la joya de la Corona, en la joya de la República es por mucho el gran reto.

Pedro Álvarez Icaza. Experto en política ambiental y en gestión
y manejo de recursos de cooperación multilateral internacional.
Forma parte del programa de líderes ambientales de El Colegio de México.

@alvarezicazapc

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