Hipólito Mora no se va a rendi

Hipólito Mora no se va a rendir

Conocí al fundador del Grupo de Autodefensas de Michoacán el fin de semana pasado. Hipólito Mora nos atendió en su casa a la grafóloga Tania Ramos y a mí, luego de que nos recibieron sus escoltas en el centro de La Ruana.

El objetivo era entrevistarlo para El Soberano. También que nos contestara a mano un cuestionario. La entrevista se publica el próximo lunes, pero las respuestas por escrito van para Narcografologías, libro en el que interpretamos la letra de 13 figuras públicas relacionadas con el mundo de las drogas o el narco. Uno de estos personajes, el expresidente Felipe Calderón, reculó dos día después de que lo vimos.

La casa de Hipólito Mora está en una calle sin pavimentar. Por fuera parece cuartel: está rodeada de hombres armados con ametralladoras y la azotea tiene barricadas. Enfrente está siempre estacionada una patrulla de la Policía Estatal. De hecho, los seis hombres que acompañan al comandante de las guardias comunitarias están uniformados. Lo cuidan desde hace seis años. Se sumaron cuando Hipólito le cantó la guerra a Los Caballeros Templarios. Hoy ya son policías estatales.

El interior de la casa del comandante es muy austero. En la pared tiene colgado el doctorado honoris causa que recibió en el Senado por parte del Instituto Mexicano de Líderes de Excelencia. También hay una fortografía en la que aparece una veintena de hombres alrededor de él. La mayoría están muertos. En una esquina hay un pequeño altar con la foto de su hijo Manuel, a quien mataron los narcos el 17 de diciembre del 2014.

Hipólito trabaja todos los días recolectando limones. Nos dijo que sale de su casa nomás de día. En cuanto amanece conduce una de sus dos camionetas blindadas hasta su huerta. Lo siguen sus «muchachos», quienes lo esperan hasta que termina de chambear a la 1 de la tarde. El resto del día recibe a amigos y reporteros. A todos les ha dicho lo mismo: que él cree que se están cerrando puertas con el actual gobierno. El mes pasado declaró a varios medios que seguiría armado hasta que se garantice la seguridad en Michoacán.

El líder moral de las autodefensas no quiere rendirse. El que es gallo donde quiera canta, nos advirtió. Hay que echar chingadazos y no correr.

Tres experiencias, yo creo, atizan su carácter:

1.- Cuando era niño, Hipólito vio cómo vaciaban una botella de soda en la espalda de su padre alcohólico. Fue durante una de sus fases duras de embriaguez. Hipólito juró que mataría al responsable.

2.- Hipólito le heredó a su hijo mayor un huerto. Un día los Templarios se adueñaron de todos los campos de limón. Manuel se quedó sin trabajo; pero, acechado por el rencor acumulado desde la niñez, tomó su pistola y amenazó a los empacadores con chingárselos si no le compraban los cultivos a los agricultores más necesitados. Dos sicarios lo dejaron vivo.

3.- Hace cuatro años un ejército de narcos fue en busca de Hipólito para matarlo. Las autodefensas formaron grandes barricadas, pero el fuego las destruyó. Su hijo fue una de las bajas. Hipólito está convencido que para eso no hay perdón, ni olvido.

Juan Carlos Reyna. Escritor, músico y productor de contenidos mexicano. Su libro más reciente es El Extraditado, basado en sus conversaciones con el fundador del Cártel de Tijuana. Es productor periodístico de Confesiones de un sicario, nominado a los premios Emmy, e investigador de la primera temporada de Narcos México, de Netflix. Como músico fue colaborador durante una década del Colectivo Nortec.

@juancarlosreyn_

Otros textos del autor:

-Una mañana con el Comandante Borolas

-Cómo sobrevivir a una prisión federal en EU

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