Un breve apunte sobre Miguel L

Un breve apunte sobre Miguel León-Portilla y la ‘filosofía nahua’

El 1 de octubre de este año falleció Miguel León-Portilla. Nadie que se haya introducido en el estudio de la historia prehispánica de México, o de sus lenguas indígenas, aunque fuese superficialmente, podrá obviar su nombre, pues es uno de los más reconocidos autores en el área. Su legado intelectual es enorme, lo cual no es consecuencia únicamente de su prolija obra, sino también de su trabajo en la difusión de autores indígenas y en la apertura de la unam para el estudio tanto de la lengua y la cultura nahua como de otras comunidades indígenas.
Su desaparición nos conduce a hacer una revaloración crítica de algunos aspectos de su obra, pues en buena medida es ella el estado actual de nuestro conocimiento sobre una amplia cantidad de temas sobre la historia nahua. Una de las más influyentes es La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes, cuya primera edición apareció en 1956. Sobre ella, me parece que hay que cuestionar la manera en que se construyó el término ‘filosofía náhuatl’, que utiliza para calificar una serie de comentarios que aparecen en documentos que fueron recolectados en el primer siglo de la dominación española.
 El cuestionamiento tiene varias aristas; la primera es la posibilidad de recuperar ‘lo prehispánico’ en documentos como el Códice Florentino, los Huehuehtlahtolli o Los cantares mexicanos que fueron elaborados en medio de una cacería de idolatrías por parte de la iglesia novohispana. La argumentación de que estos textos reproducen la oralidad nahua se centra en el uso de palabras como nican ‘aquí’ y conducen al autor a suponer que los documentos son la transcripción de un discurso oral basado en la lectura de un antiguo códice. Sobra decir que nuestro conocimiento actual sobre la relación entre oralidad y escritura nos permitiría desechar este argumento rápidamente.
También el tratamiento y traducción de las fuentes nos lleva a la duda. León-Portilla, siguiendo a su maestro Ángel María Garibay, asumió que estos textos eran reflejo de un pensamiento prehispánico en el que toda presencia de referencias cristianas (de las que están plagados) eran una contaminación del pensamiento nahua original, por lo que las suprimió y “preshipanizó” los originales para luego construir su análisis de las fuentes. Como resultado, observamos a una serie de pensadores prehispánicos (tlamatinimeh) que aspiran a la consolidación de un monismo teológico en la figura de una divinidad llamada Ipalnemohuani, Tlohqueh nahuahqueh u Ometeotl. Es decir, el autor construyó una versión idealizada de las fuentes para sostener una conclusión que probablemente tenía antes de comenzar la investigación.
A ello hay que agregar que asumir que el pensamiento de los tlamatinimeh es filosófico nos obliga a aplicarle las categorías del pensamiento occidental; esto quiere decir que establecemos que sólo en la medida en que es comparable con el pensamiento griego o alemán (a los que hace referencia explícita el autor) es digno de entrar en nuestra concepción de filosofía, la más alta forma del pensamiento abstracto. Como consecuencia, reducimos el resto de los saberes prehispánicos a mitos.
No dudo que León-Portilla haya tenido la sincera intención de otorgarle dignidad a la manera en que pensaban los indígenas antes de la Colonia; sin embargo, en este proceso redujo a ‘filosofía’ la intrincada forma del pensamiento prehispánico, a la vez que estableció la pequeña colección de géneros discursivos que posee la cultura occidental como única valoración del discurso indígena. Sucede lo mismo con etiquetas como ‘poesía nahua’ empleada para calificar los discursos anteriores a la conquista, aunque este tema merece su propio espacio.
Miguel León-Portilla tuvo que colonizar el pensamiento nahua para poder convertirlo en objeto de estudio. Me parece que, aunque criticable, este proceder debe entenderse como consecuencia del momento en que comenzó la elaboración de su obra. Ahora estamos obligados a replantearnos los tópicos sobre los que trabajó toda su vida, pues no hay mejor homenaje que continuar por los caminos que León-Portilla abrió infatigablemente.
 

Mauro Mendoza. Doctorante de Lingüística por la UNAM y profesor de asignatura de la Facultad de filosofía y letras. Está interesado en la historia de la lengua española y en el contacto de lenguas en el área mesoamericana. En la sintaxis y semántica del náhuatl, así como en las relaciones establecidas entre los hablantes de español y el náhuatl através de la escritura durante el periodo colonial.

 @amaurospolita

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