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Jeanine Añez, de sus lujos y excesos al golpe de estado.

El gobierno de facto de Bolivia –cuyos representantes orquestaron un golpe de estado contra el legítimo y democráticamente electo en las urnas gobierno de Evo Morales– recae sobre la ultraconservadora Jeanine Añez, una ex presentadora de televisión que después de que militares exigieron la renuncia del primer mandatario indígena de ese país sudamericano, llegó al Palacio de Gobierno con una Biblia entre sus manos y se autoproclamó presidenta interina a pesar de no haber conseguido el quórum necesario en el Parlamento y de no contar con ningún respaldo social.

En el poco tiempo que lleva en el cargo ha realizado decenas de nombramientos nepotistas como el de su hija, Carolina Ribera, representante presidencial en la Unidad de Apoyo y Gestión Social de Bolivia; Jacqueline Mercedes Murillo, hermana del ministro interino de Gobierno, Arturo Murillo, como cónsul de Bolivia en Miami, e incluso nombró a su sobrina como cabeza de una de las direcciones departamentales de la Agencia Estatal de Vivienda.

Es sabido que Añez –su apellido inicialmente fue Añas, pero sus ancestros lo castellanizaron como Añez–, además de los mensajes racistas que comparte en sus redes sociales contra los pueblos indígenas y la frialdad con la que liberó de responsabilidades penales mediante decreto a los militares y policías que masacraron a indígenas bolivianos, muy por el contrario de su antecesor, se da una vida descarada de lujos y excesos, además de convivir con representantes de dudosos intereses. Ejemplo de ello es su costumbre de viajar con bastante frecuencia a Estados Unidos, de donde provienen la mayor parte de sus recursos, así como los de su partido e incluso de su familia.

Estos frecuentes viajes llegaron a interponerse más de una vez con sus tareas como legisladora, pues durante varias sesiones se ausentó, al mismo tiempo que publicaba sin ninguna pena en sus redes sociales videos y fotografías de ella y su familia entera disfrutando de parques de diversiones en Orlando y Los Ángeles, además de otras reuniones que sostenía en Washington D.C. y Virginia, con organizaciones de ultraderecha como The Family, fundada en los años 30 por el líder religioso Doug Coe. Dicha organización cuyo lema es «cuánto más invisible sea tu organización, más influencia tendrá», ha pasado por los nombres ‘The National Leadership’, ‘The Fellowship Foundation’ y ahora ‘The Family’, y es señalada por orquestar golpes de estado para deponer gobernantes que no convienen a sus intereses y colocar a sus miembros, quienes aseguran haber sido elegidos por Dios para mantener su posición en los puestos de poder.

Basta con revisar quién apoya a la representante del gobierno de facto para que todo tenga sentido: dentro de Bolivia, Añez es respaldada por una alianza de partidos denominada Unidad Demócrata (UD), que pertenece a una organización llamada UPLA (Unión de Partidos Latinoamericanos), financiada con recursos provenientes de EEUU y que concentra a organizaciones de ultraderecha, como el partido pinochetista de la Unión Democrática Independiente (UDI) y Renovación Nacional, del represor Sebastián Piñera, así como el histórico Partido Conservador de Colombia, los cuales están bajo la protección del Partido Republicano en Estados Unidos, el cual también proporciona recursos al Partido Conservador de Colombia, donde milita Héctor Hernando Hincapié Carvajal, esposo de Jeanine Añez, que en las pasadas elecciones al Senado presentó su nombre, obteniendo menos de mil votos.

Son a estas organizaciones y personajes a los que aplaude la derecha en México. Nada raro viniendo de un muy reducido grupo históricamente racista y acostumbrado a una vida de lujos y excesos a costa de los más pobres.

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