Como segunda fase de la Estrategia Nacional para prevenir las adicciones, el Coordinador General de Comunicación Social Jesús Ramírez Cuevas, dio a conocer esta semana en la conferencia mañanera la campaña “En el mundo de las drogas no hay final feliz” que busca, a partir de una serie de videos, hacer frente al abuso de las drogas mostrando las consecuencias físicas y sociales que generan los estupefacientes, el alcohol y el tabaco.
Esta campaña se dio a conocer medio año después del inicio de la estrategia “Juntos por la paz”, que se basó en los ejes de la comunicación, la salud y la cultura a partir de los cuales buscó prevenir y combatir las adicciones como un problema de salud social. Bajo los valores de fortalecer los lazos familiares para disminuir el consumo de drogas, se acercaron los servicios del Estado a los ciudadanos, se generaron espacios comunitarios y se optó por respetar e impulsar el derecho de informar a la población.
Sin embargo el cambio narrativo entre la primera campaña lanzada en julio del año pasado y la que se presentó esta semana es radical. La primera se encausaba en no dejar solas a las personas que han caído en las adicciones, en cuidarse entre seres queridos; valorar e incentivar el apoyo y la solidaridad colectiva; la nueva, en cambio, se basa en representar con crudeza la vida de las personas que sufren una adicción al punto que lo han perdido todo, en ocasiones, hasta a su familia. Es decir, es una estrategia que busca impactar de forma negativa para la concientización a través del miedo.
Una campaña de prevención y combate de las adicciones debería evitar atemorizar, porque esto deviene en la estigmatización de quienes ya se encuentran enganchados y puede generar el dejarlos solos. Además esta estigmatización representa una coerción; solo a través de reconocimiento a nuestra autonomía responsable y nuestra agencia habrá una garantía de nuestra libertad humana para elegir. En este punto el gobierno debería hacer una diferenciación entre el abuso de drogas y el uso responsable y seguir optando por la compresión para entender que no hay mayor vulneración que una persona con un problema de salud relacionado a las adicciones y que además se encuentre sola.
La campaña no muestra una relación con la atenciones médicas y comunitarias para quienes cayeron ya en la adicción, aunque sí utiliza a figuras públicas como el Canelo Álvarez para hablar del superar la adicción a drogas a través del deporte. Fortalecer la idea de una salida frente a la espiral del abuso de las drogas a través de lo artístico, lo deportivo y lo familiar podría incentivar a las personas a acudir a los hospitales especializados y los centros de salud e involucrarse en actividades que los alejen del exceso.
Por otra parte un aspecto positivo que tuvo esta campaña fue el informar qué sustancias contienen las drogas: veneno para ratas, ácidos de las baterías de automóviles, etc. Son algunos de los componentes que mencionan para relacionarlos con las pastillas y las inyecciones que algunas personas introducen a su cuerpo sin estar conscientes de los impactos para su bienestar.
Otro aspecto a mencionar es que en la presentación de la estrategia, Jesús Ramírez destacó que durante la Guerra contra las drogas se tuvo un uso punitivo de la violencia para acabar con el consumo y la venta de estupefacientes, pero que esta fue completamente fallida al punto que incluso se disminuyó la edad de consumo a los 10 años o menos y entre mujeres, a partir de 2007 que se declaró la guerra, hubo una triplicación. En cifras más generales, el vocero señaló que entre 2002 y 2017 el consumo de drogas ilegales en México aumentó un 141%.
Quizá esa podría ser la ruta de una próxima campaña contra las adicciones: una problematización del comercio ilegal de drogas –que en gran medida precisamente por ser ilegal es problemático–, en el cual se hable sobre las implicaciones que estas actividades han tenido en la seguridad nacional. El conflicto que existe entre las condiciones de precariedad y falta de oportunidades laborales de carácter histórico a nivel nacional y los grandes cárteles nacionales e internacionales asociados a la violencia, el secuestro, la trata y otro tipo de crímenes organizados. ¿Cómo ha impactado esto a los consumidores de droga? ¿Cómo se podría resolver?




