Durante las últimas semanas, los reporteros que asisten a las conferencias vespertinas sobre coronavirus en Palacio Nacional, se han vuelto tendencia en redes por la falta de preparación y hasta sentido común que sus preguntas reflejan.
En los casos menos graves los reporteros preguntan lo mismo que la conferencia del día anterior, lo que otro ya preguntó o sobre lo que se acaba de explicar, a lo que los funcionarios de la Secretaría de Salud vuelven a responder con envidiable paciencia.
Apenas en la conferencia de ayer una reportera pedía que le dieran el número de casos que habrá en México pero para ello se necesitaría de una bola de cristal; otra más exigió que se dieran a conocer los datos personales de quienes han fallecido, lo que violaría su privacidad.
En los casos más graves, columnistas que han encontrado su nicho en los consumidores de noticias falsas, se dedican a desgastar la capacidad de acción y a minar la credibilidad de quienes hacen todo lo posible por contener la epidemia. Son irresponsables pues denigran el periodismo, oficio al que dicen dedicarse, engañan a sus lectores y polarizan.
Varios de ellos han sugerido que el gobierno debería hacer uso de la fuerza para obligar a los ciudadanos a no salir de sus casas “como lo hace el resto del mundo”, dicen.
No saben que Suecia pidió a sus ciudadanos llevar su vida normal manteniendo una sana distancia o que Italia y España –donde se han aplicado las medidas más duras– son los países que presentan diariamente más casos. Tampoco saben que las acciones tomadas por el Gobierno de México han sido reconocidas por la OMS.
Las descalificaciones que lanzan ya no van dirigidas solo a los políticos sino al heroico grupo técnico que coordina las acciones de respuesta a la epidemia compuesto por expertos en salud pública y epidemiología, integrantes del SNI, cuya experiencia suma 350 años en el sector salud con el respaldo de más de mil artículos científicos publicados en conjunto y en el que, por si fuera poco, se encuentran dos Premios Nacionales de Ciencias.
Mientras en otros países los comunicadores se han sumado en unidad para combatir el pánico, en México muchos parecen estar siguiendo el manual de todo lo que no se debe hacer en una crisis de este tipo. Han llegado al ridículo extremo de debatir, entre tuiteros, la definición de neumonía atípica.
Raymundo Riva Palacio es uno de aquellos que sin ningún conocimiento en salud pública le dice cómo debería hacer su trabajo a un doctor en epidemiología; el mismo Riva Palacio critica con saña que el Presidente haya llamado durante la primera fase de la epidemia a seguir consumiendo en los pequeños negocios locales. Con lo anterior, deja en claro su aberración por las medidas que benefician a los más vulnerables.
Aprovechando que estoy con la mano en la pluma… no son un secreto los grandes intereses para echar atrás el etiquetado claro en alimentos para combatir la obesidad –la verdadera epidemia de México y principal enfermedad asociada a las defunciones por COVID-19–. Tampoco lo es que el doctor Hugo López-Gatell es de los que más promovió dicha reglamentación. No quiero pensar mal pero no sería de extrañar por la reputación mercenaria de aquellos vendedores de estruendo, que sea esta quien esté detrás de quienes atacan al subsecretario.


