La actual crisis económica y social que ha traído consigo el COVID-19 nos ha obligado a llevar a cabo medidas extraordinarias en materia laboral, social, económica y gubernamental. También ha puesto a prueba nuestra capacidad discursiva, la solidaridad que podemos manifestar hacia los más desprotegidos, y la responsabilidad con la cual leemos y compartimos la información.
En esta ocasión quiero centrarme en dos cuestionamientos que en distintas dimensiones ha traído consigo esta crisis para la agenda pública en el país: el modelo de salud al cual queremos transitar y la capacidad que tenemos como sociedad de realizar un análisis complejo que nos permita dimensionar la situación actual.
El día de ayer 27 de marzo el Presidente de México firmó un decreto en el cual se establece que el Estado podrá hacer uso de todos los recursos médicos del país incluyendo a los hospitales privados. En el mismo sentido hace unos días en Irlanda se anunció que se estatalizarán los hospitales privados de manera temporal. Este tipo de acciones tienen un fin principal: otorgar una asistencia médica gratuita.
Lo anterior se vuelve necesario por dos razones: por una parte porque se prevé que el sistema de salud público se vea comprometido en las próximas semanas y por otra parte a que los equipos médicos no pueden quedar restringidos solamente a una minoría.
No es ningunéense secreto que los sistemas de salud son una de las joyas preciadas por el sistema capitalista así como lo es la educación y la seguridad. En la privatización de estos sectores están colocados los esfuerzos del gran capital a lo largo y ancho del planeta encontrando solo limites en aquellos países donde se ha consolidado un Estado de Bienestar o donde han llegado al poder gobiernos progresistas y con dimensión social.
En este sentido es posible que en las próximas semanas debamos entrar a un debate sobre el modelo de salud al cual queremos tener acceso: uno universal y gratuito que se mantenga con los impuestos y los ingresos de la nación, o uno neoliberal en donde el sistema de salud sea débil y de atención diferenciada en función del nivel económico de las familias.
Considero que ello estará a debate porque en la actual crisis ha quedado evidenciado que la salud no puede limitarse a un asunto privado pues se trata de una cuestión pública. No tiene solo una dimensión en la cual la salud o la enfermedad dependan de cada una o uno de nosotros, de nuestros hábitos o de nuestra capacidad económica. Implica también considerar los costos sociales de un sistema de salud débil y el derecho humano a la asistencia médica. Ambas cuestiones ocultadas e invisibilizadas en el debate público por los gobiernos neoliberales en las últimas décadas.
El problema es precisamente que ninguno de estos planteamientos hace eco en los modelos neoliberales. El mercado aprecia en la salud la oportunidad de generar ganancias y para ello necesita dos cosas fundamentales: gente con dinero para pagar sus servicios de salud pero sobre todo y principalmente sistemas de salud endebles. Sobre esto último bastaría solo revisar las condiciones de los sistemas de salud que han generado los gobiernos neoliberales: no garantizan el acceso ni a los medicamentos más básicos.
En este punto debemos ser muy inteligentes como sociedad y no caer en la trampa de identificar como los culpables de la actual crisis a la ciudadanía que no se quedó en sus casas o a las acciones más o menos eficientes de cada gobierno que por supuesto cada uno de ellos tiene su responsabilidad. Debemos posicionar en el centro del debate que la responsabilidad por la situación actual de nuestros sistemas de salud recae en que en los casi 40 años de gobiernos neoliberales que hemos tenido en México, la salud nunca se concibió fuera de la dimensión del mercado.
Otra cuestión que de manera indirecta me parece que se pone en el centro del debate es la capacidad que tienen nuestras sociedades de entender la complejidad y las múltiples aristas de un fenómeno como la pandemia actual.
En nuestra sociedad el debate parece establecerse entre dos extremos: aquellos que se aferran solo a una lectura económica de la pandemia, o aquellos que conciben solo la dimensión de salud pública.
Me parece que la derecha en México ha entendido muy bien que debido a la complejidad que implica, el debate público encuentra dificultades para desarrollarse desde una perspectiva que incluya ambas dimensiones. Por ello ha buscado de manera irresponsable falsear y contraponer los mensajes del Presidente Andrés Manuel López Obrador y de los del Subsecretario de Salud, el Dr. Hugo Gatell.
Se ha buscado colocar en el debate que al presidente solo le interesa la economía del país y que tiene poca preocupación por la salud de los mexicanos, al tiempo que se acentúan los mensajes en donde Gatell llama a quedarnos en casa.
Basta con observar que a cada esfuerzo del Gobierno Federal por informar a la ciudadanía de la importancia de tomar decisiones responsables que consideren ambas dimensiones, se recrudece el discurso reduccionista y limitado de la derecha que busca encasillar y polarizar.
Parece que poco a poco comienzan a hacer sentido la estrategia de Gobierno Federal, sin embargo esta crisis nos ha demostrado que nuestras democracias siguen estando vulnerables al poder discrecional y manipulador de los medios de comunicación que valiéndose de la libertad de expresión vulneran el derecho a la información de millones de mexicanos.
Mientras pensamos y discutimos estos temas, mientras buscamos la manera de construir un país donde los derechos sociales sean una realidad, mantengamos nuestra sana distancia.



