“Un día dije que nosotros no podíamos ni realizaríamos nunca ataques preventivos y sorpresivos contra ningún oscuro rincón del mundo; pero que, en cambio, nuestro país era capaz de enviar los médicos que se necesiten a los más oscuros rincones del mundo. Médicos y no bombas, médicos y no armas…” Fidel Castro.
En mayo del 2003 el comandante Fidel Castro cuestionaba en la Universidad de Buenos Aires la contradicción del capitalismo en el uso de la ciencia: por un lado se dedicaba a formar médicos aparentemente para salvar vidas, pero, por otro, se dedicaba a crear armas nucleares y químicas para despojar y producir la muerte de un ser humano y de pueblos enteros. Sin duda el paradigma socio-médico cubano se ha caracterizado, como lo decía el comandante, por salvar vidas hasta en el rincón más oscuro del mundo a pesar de un bloqueo económico; simplemente como una acción de humanidad y solidaridad de la cual hoy más que nunca somos testigos.
A diferencia de prácticamente todos los países, en medio de la pandemia de COVID-19, Cuba ha permanecido con las puertas abiertas para que los médicos cubanos puedan salvar vidas en otras partes del mundo pero también para aquellas personas que en su momento y en ciertas condiciones, a pesar de ser extranjeras, han requerido de un acto de solidaridad y humanidad por encontrarse en una situación vulnerable en la que muchos otros países les han dado la espalda.
Ejemplo de ello es el del pasado 18 de marzo cuando después de 10 días navegando sin rumbo en aguas internacionales al norte del Caribe y tras la negativa de 6 países, incluido Estados Unidos, el gobierno cubano apelando desde la cancillería a que “Son tiempos de solidaridad, de entender la salud como un derecho humano y de reforzar la cooperación internacional para hacer frente a nuestros desafíos comunes”, aceptó el arribo de un crucero británico con 5 casos confirmados de COVID-19 y 43 sospechosos para que pudieran desembarcar de manera segura en la isla aplicando los protocolos sanitarios correspondientes y así poder garantizar el posterior retorno seguro de los pasajeros al Reino Unido. Otro acto de solidaridad cubana fue la atención médica al turista italiano enfermo de COVID-19 Giancarlo Fusetti de 71 años que fue ingresado y atendido con éxito en un hospital de la isla, acto que es de reconocerse cuando la mayoría de los países se han rehusado a atender turistas extranjeros en sus centros de salud.
El panorama mundial que ha traído consigo la pandemia ha evidenciado además de la falta de estrategias políticas una falta de voluntad, empatía, solidaridad e incluso de humanismo por parte de los diferentes gobiernos; sin embargo ha sido protagonizada como era de esperarse en el caso de América Latina por aquellos países que han liderado una tendencia neofascista en la región. En Chile, el ministro de salud de Piñera ha realizado un llamado esperando a que Eel virus pueda “mutar para bien” y se convierta en una “buena persona”; en Bolivia la golpista Jeanine Añez después de realizar recortes en materia de sanidad, pidió al pueblo “[…] realizar un ayuno en oración, arrepentimiento y fe para que sea la mayor arma de lucha contra esta enfermedad”; en El Salvador, Nayib Bukele desde la medida más neoliberal ha endeudado al pueblo salvadoreño ante el Fondo Monetario Internacional y le ha negado a las familias un bono económico que prometió para enfrentar la pandemia para después lavarse las manos y comunicar al pueblo que “Hemos cometido errores”; todo esto mientras más de 800 médicos cubanos formados en uno de los sistemas de salud pública más importantes del mundo se encuentran en brigadas internacionales en más de 14 países incluyendo Italia, lidiando no solamente contra una pandemia mundial sino también contra una campaña de difamación por parte de Estados Unidos en la que se exhorta a los países que solicitaron la ayuda de Cuba a romper esta colaboración y no fomentar supuestos "abusos laborales" de los médicos cubanos; a la par, estos médicos desarrollan en su país y reparten por el mundo el antiviral cubano Interferón Alfa 2B para hacer frente al COVID-19, pues llevar la salud y la educación al mundo desde la solidaridad es sin duda una lección de Castro para el pueblo cubano.
Es momento de que el mundo reflexione no solamente sobre un modelo de salud pública –que evidentemente hoy no ha sido suficiente para ningún país– sino también sobre un modelo económico y un modelo de vida que han llevado a que hoy en día sea solamente un país el que tiene médicos en brigadas internacionales tratando de que una de las pandemias más caóticas en la historia moderna sea combatida desde la ciencia y la solidaridad, características que históricamente han distinguido al siempre combativo y solidario pueblo cubano.




