Ciudad de México a 18 febrero, 2026, 12: 10 hora del centro.
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Muros de aire

El pasado 2 de abril el Presidente citaba el primer capítulo de “Los muros de agua” de José Revueltas. “En el que se habla de una visita a un hospital de leprosos en Jalisco, lo admirable de la actitud del director, amigo de Revueltas, cómo está ahí arriesgando su vida por salvar la vida de otros”, señaló. 

Cada día, desde que anunciaron la segunda fase de contagio de COVID-19, existen miles y millones de casos como el del director de la novela que atienden actividades indispensables como salud, seguridad, servicios, transporte y todos los involucrados en la cadena de alimentación; los muchos más otros y otras que salen en busca de un sustento para sus familias y son quienes sostienen a este país con poco más del 60% de la economía. Esta situación, que no es ajena a las autoridades y al Presidente, fue prevista desde que se tomaron medidas en la fase 1, etapa en la que se consideró tener un equilibrio entre aplanar la curva de contagio y no afectar la economía familiar en la medida de lo posible. 

Los muros de agua a los que se refería Revueltas encerraron una pandemia y una serie de atrocidades cometidas a perseguidos políticos –mártires de la democracia como diría el Presidente–; hoy, el país y el mundo se vio en la necesidad de crear muros entre las personas, muros de distancia, muros para evitar el contagio en masa que en ciertas latitudes del mundo a pesar de los esfuerzos tardíos no se pudo evitar. ¿En qué condiciones cada país ha enfrentado esta pandemia y cómo las autoridades han dado trato a quienes se verán más afectados(as) en términos de su salud o su condición social? Cada nación ha tomado decisiones de todo tipo, desde invitaciones a quedarse en casa hasta toques de queda a ciertas horas, cada una de estas responde a diferentes contextos y fases de la pandemia pero también obedecen a decisiones políticas.

Recién se anunció la llegada de la pandemia al continente Americano y las medidas que se tendrían que tomar junto con ella y la preocupación por la capacidad de los sistemas de salud no fue precisamente la prioridad de las clases más vulnerables sino la inmovilidad social que también es inmovilidad económica. México, siendo uno de los países más desiguales de América Latina, y el mundo, es sostenido en su mayoría por su fuerza de trabajo, su clase obrera que trabaja en la informalidad, que no goza de seguridad social pero es quien aporta más a los impuestos de la nación. Esa clase trabajadora que es de la que más invierte su tiempo en horas laborales con menos horas de descanso y prestaciones. Esta situación explica en gran medida él por qué no hay pandemia o amenaza de la naturaleza que sea más letal que la desigualdad y la pobreza, porque como dicen por ahí “uno se acostumbra a todo, menos a no comer”.

Afortunadamente, este sexenio encabezado por el Presidente Andrés Manuel López Obrador tuvo como consigna hacer del Derecho a la Salud un asunto universal, pasamos de una afiliación de un seguro que no era seguro y no era popular –y que pasaba por manos de “promotores” a unos cuantos–, al INSABI que prevé democratizar para todos y todas el Derecho a la salud. Hace meses esta decisión fue blanco de ataques de las más altas esferas de farmacéuticas y políticos que hacían negocio con la necesidad de las personas, pero el tiempo le ha dado la razón, gracias a ello, el día de hoy, si se siguen las medidas de la sana distancia, el gobierno podrá atender los posibles casos de contagio sin contratiempo. 

Un poco más al sur, vemos las tristes noticias de nuestros hermanos y hermanas de Ecuador: les cayó como maldición no solo la pandemia sino tener a un Presidente como Lenin Moreno quien en menos de tres años desmanteló el sistema de salud que Rafael Correa puso en la Constitución desde 2008 como un servicio gratuito y universal que brindaría el Estado, así como la mayor inversión que se había hecho hasta entonces. 

Estos dos contrastes, con un doloroso abismo, demuestran que detrás de cualquier decisión técnica y científica, también hay decisiones políticas; hay ante todo prioridades de Estado que configuran la vida pública de las naciones, con todo y las cuestiones culturales y socio políticas que pudieran hacer particular cada circunstancia que las aqueja, cada decisión de hacer o no hacer, invertir o no, tener suficiencia en servicios, obedece, sí, a la política económica de un país pero, sobre todo, a sus prioridades. 

Así como muestra la cara de las naciones, esta pandemia también ha mostrado la humanidad de los políticos(as). El expresidente Calderón y el Gobernador del Estado de Jalisco han mostrado la cara más obscura del conservadurismo, mintiendo, engañando y difundiendo información falsa en tiempos de crisis, demostrando que también la desgracia puede ser presa de intereses y raja política. 

Al contrario, al otro lado del mundo, Rafael Correa, desde Bélgica, puntualizó y teorizó con altura de miras el asunto de fondo: la ausencia del Estado en la vida pública de Ecuador; con un diagnóstico certero de su ciudad natal, Guayaquil, en el que el 60% de las personas viven de la informalidad, era imposible tomar medidas de hacinamiento por voluntad de las personas sin medidas económicas por parte del Estado que cubrieran por lo menos sus necesidades primarias. Estos dos ejemplos de ex mandatarios son la mejor muestra de qué están hechos los hombres como Rafael, aquellos movidos por el amor a su pueblo, y cómo existen también los que como Calderón llevan un aura de muerte a donde quiera que vayan. 

Este doloroso ejemplo nos deja una lección de vida a todos los pueblos del mundo: las decisiones técnicas también son políticas. Cada decisión está acompañada por un velo ideológico imposible de quitar. No se trata de politizar la desgracia sino de politizar la técnica, sin tecnocracia pero con técnica al servicio de la Patria como el propio lema del Politécnico. Ahora solo nos queda contener estos muros no de agua como decía Revueltas sino de solidaridad, de un vacío entre los que estamos aportando con la sana distancia muros de aire que contengan la pandemia para que cuando nos volvamos a abrazar no falte nadie.

 

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