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#OpiniónChinaca

Bryan Yael Monterde Valero 

Ante la inminente crisis económica que se avecina en México a consecuencia de la pandemia COVID-19, el pasado jueves 2 de abril de 2020, el Presidente Andrés Manuel López Obrador, a través de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), hizo oficial el decreto por el que se instruye a las dependencias y entidades de la Administración Pública Federal, a la Oficina de la Presidencia de la República, así como a Tribunales Agrarios, que lleven a cabo los procesos de extinción o terminación de fideicomisos que no cuenten con estructura orgánica. Lo anterior con la finalidad de concentrar recursos públicos en la Tesorería Federal para que puedan ser destinados a los cuatro puntos que se consideran prioritarios para enfrentar la crisis:

  • Fortalecimiento de los programas sociales.
  • Reactivación económica y otorgamiento de créditos.
  • Apuntalar a PEMEX ante la caída de los precios del petróleo. 
  • Pago de deuda pública.

Para nadie es una sorpresa que el Presidente de la República haya tomado la decisión de fortalecer los programas sociales (entre ellos, la pensión para adultos mayores y las becas para las y los estudiantes de educación básica) ya que se tiene una deuda histórica con los grupos vulnerables que durante el régimen de gobiernos autoritarios fueron marginados, humillados y explotados, agravándose aún más su situación con la implementación de políticas económicas neo-porfiristas o neoliberales.

Con la puesta en práctica de estos lineamientos, López Obrador reafirma los valores y principios que lo han acompañado, desde su juventud, en la lucha social y política por un México más justo. Y que su lema es y seguirá siendo “Por el bien de todos, primero los pobres”. 

No obstante las cúpulas empresariales (tan acostumbradas a manejar a los gobiernos a su conveniencia) se encuentran muy molestas con las medidas adoptadas por el Ejecutivo Federal al considerar que son inviables para enfrentar la crisis económica por la que atravesaremos, lo que podría llevar al quiebre de empresas y esto a su vez a generar una alta tasa de desempleo.

Ciertamente lo que les molesta no es únicamente la falta de estímulos fiscales, sino que ya no se destine el dinero público para salvaguardar sus negocios; algo similar a lo que pasó en los años 90 cuando fue implementado Fondo Bancario de Protección al Ahorro (FOBAPROA) para rescatar a las entidades bancarias. Esperaban que el gobierno de la Cuarta Transformación hiciera lo mismo por medio de los fideicomisos sin estructura orgánica, ya que estos se constituyen como instrumentos de índole económica o financiera carentes de mecanismos de control de gastos o rendición de cuentas permitiendo que les  fuera transferido, de manera discrecional, recursos públicos en beneficio de las élites, afectando únicamente al patrimonio del Estado.

Sin embargo estas prácticas ya no son compatibles con los tiempos que estamos viviendo después del desastre que nos dejó la larga noche neoliberal. Ahora la prioridad es el bienestar y la felicidad de los mexicanos por encima de los intereses de grupo. Por ello el gobierno ha decidido implementar políticas de austeridad en donde no sea el pueblo sino ellos mismos quienes tengan que apretarse el cinturón para enfrentar esta crisis; además de activar políticas de combate a la corrupción para desterrar los viejos vicios del pasado. Asimismo, se ha hecho un llamado a las grandes empresas (que por cierto, se vieron beneficiadas a costa del pueblo durante los pasados gobiernos) para que se pongan al corriente con los pagos de sus adeudos fiscales y así contribuir a la lucha contra la crisis económica.    

Por otro lado, es importante resaltar que el Presidente evita ocasionar más deuda pública procurando no recurrir a organismos internacionales que le otorguen préstamos económicos con intereses imposibles de pagar. ¡Suficiente tenemos ya con el endeudamiento que el viejo régimen nos heredó!

Estoy convencido de que actuando conjuntamente, sociedad y gobierno, saldremos de cualquier circunstancia por demás adversa que se nos presente. Porque si algo nos distingue históricamente a los mexicanos es la empatía, la solidaridad, y la unidad con que hemos hecho frente a los fenómenos naturales que se nos han presentado.

¡Ánimo, saldremos de esta!

 

 

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