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Bernie Sanders, una revolución que no fue

Bernie Sanders, una revolución

El candidato del Partido Demócrata para las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos será Joe Biden tras el retiro de Bernie Sanders. El confinamiento por el coronavirus acabó con cualquier posibilidad para el Senador por Vermont.

Bernie será recordado por colocar temas torales ‘censurados’ en la sociedad estadunidense: hablar de un sistema de salud universal capaz de brindar atención de calidad, por ejemplo. Algo cambió en los Estados Unidos, hace quince años parecía increíble imaginar que un socialista democrático (como Bernie se autodenomina) tuviera alguna oportunidad de competir por la Presidencia.

El establishment demócrata decidió repetir la fórmula de 2016. Aquel Súper Martes la carrera se definió. Unos días antes, el expresidente Barack Obama presionó a diputados y candidatos locales que veían en riesgo sus escaños e hizo declinar a otros precandidatos presidenciales. Además la aplastante victoria de Biden –anterior al Súper Martes en Carolina del Sur– fue determinante para que Sanders no saliera bien librado.

El Partido Demócrata apuesta por la ‘normalidad’: un presidente que se lleve bien con Wall Street, que no polarice, que se muestre como la ‘racionalidad’ americana ante un Trump radicalizado, quien sería la excepcionalidad. Sanders navegaba con todo en contra: los Republicanos, las grandes corporaciones que financian las campañas y principalmente su propio partido. Los Demócratas insisten con el mismo guion porque el cambio sería aceptar el fracaso, aceptar que más allá del simbolismo que fue la Presidencia de Obama y los pequeños pasos que se dieron hacia un mejor sistema de salud, el proyecto estadunidense siguió la misma ruta de intervenciones en el exterior, de deportaciones a migrantes, de estancamiento en el ascenso social, etc. Aún más, el establishment demócrata en el fondo estaría más cómodo con cuatro años más de Trump que con Sanders; de esta forma sus relaciones con los hombres del dinero no se verían afectadas.

El Senador por Vermont pasará a la historia por abrir un camino, por brindar esperanza al pueblo norteamericano, un espacio que en el corto plazo podría ser ocupado por la congresista de origen latino Alexandria Ocasio-Cortez. Después de muchos años, ya se debatía el proyecto hegemónico del país norteamericano, se discutieron las intervenciones militares, las colegiaturas universitarias impagables para los estudiantes, la increíble incapacidad de dar seguro médico a toda su población en el país más rico del mundo.

La estrategia de Biden es la misma que fue implementada en 2016. Si el establishment demócrata no entiende que un ala de su partido es más progresista y que debe integrar a ese sector no sólo con llamados superficiales a la unidad, sino en su programa, en sus acciones y sus propuestas, su derrota estará (casi) garantizada. En tanto el legado de Sanders es histórico; traza una pauta, un nuevo sentido.

 

Alex Moreno. Licenciado en Geografía, UNAM-Universidad de Hamburgo. Primer lugar del Concurso Nacional de Tesis (2017), por la Sociedad Mexicana de Estudios Electorales. Maestro en Ciencia Política por la Universidad de Essex.

Twitter: @alexmrhdz

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