Ciudad de México a 25 enero, 2026, 5: 50 hora del centro.
Ciudad de México a 25 enero, 2026, 5: 50 hora del centro.

Cambio de era

Cambio de era

El coronavirus está generando una serie de cambios en el comportamiento de la humanidad. Veremos grandes ajustes en el plano económico y en las relaciones comerciales, de producción y de mercado. Cambiará el enfoque que hasta ahora se le había dado a la salud pública y tendremos que pensar en nuevas formas de relacionarnos entre los seres humanos.

Si bien es cierto que la humanidad ha sufrido por el azote de varias pandemias a lo largo de la historia, nunca se había parado el mundo como ahora. Las líneas aéreas, las ciudades turísticas, las cadenas hoteleras, los restaurantes y los comercios están paralizados; millones de pequeños negocios en el mundo están cerrados y cerca del cincuenta por ciento de la población está guardada en sus hogares. Podemos observar a los robots de las industrias armadoras perfectamente quietos.

A pesar de la alta complejidad que ha alcanzado la humanidad en sus formas de comunicación -que son veloces, complejas y diversas- el coronavirus vino a poner en jaque estas relaciones y a mostrarnos y a obligarnos a reconocer nuestra fragilidad y nuestra dependencia de la naturaleza y del medio ambiente. Vino a afectar nuestro individualismo y egoísmo.

La pandemia está posibilitando la reflexión colectiva sobre cómo va a ser el regreso a la “normalidad” que nos obligará a cambiar nuestros patrones sociales, nuestros afectos y nuestra posición ante el mundo social y la naturaleza. Esta reflexión debe contemplar qué mundo nos imaginamos al regresar, cuáles son los elementos nocivos que debemos eliminar y qué se vuelve realmente indispensable e importante para el futuro.

El coronavirus está provocando un cambio de era para la humanidad y ya no podremos regresar a la normalidad. Este cambio de era nos obligará no solo a pensar en cambiar el modelo de producción económica, sino los objetivos y la razón de ser y de estar en el planeta. Debemos poner por delante la salud pública de calidad y ejercerla como un derecho y no como una mercancía que se le puede dejar a las reglas y determinaciones del mercado.

También estamos obligados a reflexionar sobre la utilización de los recursos no renovables y sobre las cadenas de producción. Qué producimos, para quién producimos y cómo producimos. Cuando volvamos a salir debemos modificar nuestra actividad productiva y pensar en los ajustes necesarios para darle un nuevo sentido a la actividad humana.

Será fundamental que las organizaciones multilaterales cambien sus reglamentos y pongan por delante los objetivos de la nueva era. Terminar con las restricciones y sanciones implementadas contra varios pueblos y gobiernos en el mundo. Garantizar el acceso a alimentos, medicinas, tecnología y conocimientos a todos los países en igualdad de condiciones. Acelerar el desarme nuclear y reconvertir la industria armamentista a fin de producir los implementos médicos para las futuras pandemias y enfermedades.

La humanidad está obligada a prestar ayuda a las regiones más pobres del planeta, destinando recursos humanos, tecnológicos y económicos principalmente a África y a América Latina. Impulsar nuevos acuerdos de paz en las zonas de conflicto y hacer esfuerzos extraordinarios para implementar una nueva convivencia entre las naciones, basada en el respeto mutuo, la cooperación para el desarrollo, la libre autodeterminación de los pueblos y la paz como el principal objetivo.

En la nueva era se vuelve indispensable un acuerdo general que cambie paulatinamente los modelos de generación de energía para la movilidad en el mundo; un acuerdo que nos lleve a frenar en la medida de lo posible el deterioro del medio ambiente, la destrucción de la capa de ozono y la grave contaminación de los mares, los ríos y los lagos. Cambiar drásticamente la explotación de los bosques y las selvas y generar nuevos modelos de desarrollo.

Cuando volvamos a salir deben quedar en el pasado el egoísmo, el individualismo y aquellas ideas que nos han aislado realmente de la colectividad. Solamente en la sociedad podemos desarrollarnos, comunicarnos y sobrevivir. El amor al prójimo, como idea filosófica, puede ser uno de los faros que guíen los objetivos de la nueva era. El amor al otro, el amor a la familia, el amor a la colectividad y el amor a la humanidad y a la naturaleza.

Debemos repensar nuestras relaciones de afecto con nuestras parejas, nuestras familias, nuestras compañeras y compañeros de trabajo y equilibrar nuestro amor. Reconocer, por ejemplo, que las mujeres padecen una brecha de desigualdad frente a los hombres; reconocer que sufren de una monstruosa violencia y cambiar drásticamente esta realidad.

Estamos sin duda frente a un cambio de época y ante un nuevo proyecto civilizatorio. Cuando salgamos y la pandemia se haya ido, debemos dar una lucha de ideas y una lucha política para que se consoliden la paz mundial, el desarrollo de todos los pueblos, el cuidado de los demás seres vivos, nuestros compañeros de planeta, y la protección del medio ambiente. Si no lo hacemos las horas de la humanidad estarán contadas. Tenemos la gran oportunidad para construir otro mundo. El regreso a la normalidad es imposible.

 

Etiquetas

Facebook
Twitter
LinkedIn