La actual crisis del Covid-19, ha traído diferentes retos y preguntas que piden ser al menos reflexionadas, como ¿qué papel tienen los sistemas de salud?, ¿existe solidaridad en nuestras comunidades? y ¿quién va a pagar la crisis?
Lo que es un hecho es que no vamos a encontrar las respuestas en el modelo neoliberal, pero tampoco podemos asumir que este sistema se va a debilitar por sí mismo.
Durante 40 años el neoliberalismo generó un adelgazamiento del sistema de salud pública, ocasionando que millones de personas no cuenten hoy con un servicio de salud con los suficientes recursos.
Ante ello, se podría pensar que el modelo está en retirada por las múltiples crisis económicas, ecológicas y ahora la de salud que está viviendo, pero no necesariamente es así.
Es importante entender que el sistema capitalista tiene una fuerte capacidad de adaptabilidad frente a las crisis que se presentan en nuestras sociedades, sobre todo a aquellas acciones y realidades que lo cuestionan.
Por ejemplo, al Che Guevara, ícono revolucionario de la liberación de nuestros pueblos y símbolo de la lucha contra las desigualdades sociales, el mercado lo volvió un artículo de consumo de masas, banalizando su espíritu.
La lucha feminista ha sufrido un embate similar por parte de las corporaciones. Y así podríamos dar otros ejemplos.
Quizá, como dice Boaventura de Sousa, la principal fuerza del sistema capitalista sea su capacidad para nulificar la generación de alternativas posibles a él, pero también lo es la eficiencia que posee para absorber primero y disolver después, las críticas que se le presentan.
Así lo ha hecho Naomi Klein, al señalar la existencia una estrategia por parte de las industrias privadas para beneficiarse de las crisis en gran escala. En su “doctrina del Shock” plantea cómo con cada crisis se desarrolla una estrategia política articulada a través de organismos financieros para agudizar las políticas neoliberales, las cuales acaban aumentando la desigualdad y concentrando las riquezas en unas elites cada vez más reducidas.
Esta lógica de mercado ha operado por tanto tiempo que mucha gente tiende a asumir que cualquier acción de gobierno que no considere “apoyar” a los grandes empresarios o adquirir deuda, es una propuesta incompleta que nos deja indefensos y en la incertidumbre.
De ahí que ahora en México, cuando el Gobierno Federal decide apoyar prioritariamente a los pobres, emerge por parte de la derecha, en cualquiera de sus facetas (política, empresarial o periodística), la narrativa de que no se está actuando de manera responsable.
Y bueno, ¿qué es actuar de manera responsable para ellos? Condonar los impuestos, dar oportunidad de no pagar los derechos sociales de los trabajadores, solicitar deuda para impulsar al sector productivo privado… en suma, orientar hacia ellos los apoyos.
Muchos conservadores ven mal que se aumente la inversión en proyectos de infraestructura como carreteras o escuelas, y que con ello se generen millones de empleos de manera directa.
Les parecen un error los apoyos al campo y los programas sociales que sostienen la economía en aquellas zonas donde nunca ha existido un hospital o un cajero automático. Para ellos actuar en este sentido es igual a no hacer nada, por eso salen a decir: ‘el gobierno no está haciendo nada para atender la crisis económica’.
Todas y todos somos igual de importantes, sin embargo, no nos encontramos en la misma posición, y en periodos de crisis se debe ver siempre primero por los más vulnerables.
Concluyo comentando que si bien las crisis han servido históricamente para que el capitalismo se fortalezca, es posible también aprovecharlas para crear políticas sociales y económicas a favor de la igualdad.
Por eso la 4T no ha cambiado en estos días su discurso, solo se le ha presentado la oportunidad de asentarlo más. Hoy más que nunca adquiere sentido la frase: “por el bien de todos, primero los pobres”.


