Recuerdo que con cierta angustia me acerqué al pabellón de dormitorios de familias luego de observar cómo una señora entró corriendo y gritando. Recuerdo haberla visto saltando mientras iba rápidamente a su litera cuando por fin le comprendí exclamando ‘¡Ya abrieron la frontera! ¡Trump ya nos dejó pasar!-‘. De manera instantánea decenas de familias comenzaron a gritar de alegría recogiendo sus cosas de las literas. Otra mujer se me acercó y preguntó ‘¿Apoco sí es cierto que ya nos van a dejar pasar, Don Iván?’, a lo que solo le respondí con mi expresión corporal, haciéndole comprender que aquello sencillamente era improbable.
Trabajo diario en este escenario: un albergue para migrantes y desplazados que en ese septiembre daba alojamiento a poco más de 600 personas. Todas ellas ya habían sido capturadas en Estados Unidos, inscritas en un programa de solicitud de asilo y retornadas a México. Huyeron en el mejor de los casos por falta de trabajo, pero también por persecución, violencia familiar o despojo. Aquella alegría colectiva duró cuando mucho tres minutos, regresando inmediatamente la desesperanza y la frustración. Alguien ese día, sin ningún sustento, decidió generar una noticia falsa con un encabezado tendencioso, pero fueron otros quienes sufrieron esa decisión.
A principios de febrero un juzgado americano declaró que el programa 'Quédate en México' era inconstitucional y por algunas horas existió una laguna que sirvió de fuente para varias mezquindades. Responsables de la desesperanza fueron el funcionario estatal -difundiendo la noticia en todos los albergues-, el miembro del organismo internacional -que sin ningún reparo se atrevió a decir 'quizá ya los dejan pasar’- y los varios abogados gringos miserables que por redes sociales invitaban a la población migrante a acercarse a los Puentes Internacionales afirmando que tendrían paso libre.
Aquella noche no eran solo los 600 albergados sino todas las personas que en Ciudad Juárez esperan una resolución de asilo desde hace más de un año bloqueando el Puente Internacional Paso del Norte. Me presenté desde la comisión a la que estoy asignado e intenté en pequeñas asambleas pedir esperar un comunicado del Instituto Nacional de Migración o de Relaciones Exteriores y liberar la vialidad. No confundamos, mi preocupación era que el Presidente Municipal quisiera en algún punto utilizar la fuerza para desalojar.
Poco a poco las personas se iban dispersando en el albergue, cuando de pronto escuchamos un grito enérgico y los pocos convencidos de mis palabras regresaron corriendo al Puente pues ‘alguien’ les dijo que pronto bajaría una ‘gringa’ a levantar un censo, pero del otro lado también hubo ‘alguien’ que mencionó que los oficiales fronterizos iban a vocear cuál sería el nuevo procedimiento para ingresar. No fue difícil averiguar quiénes fueron esos ‘alguien’ con sencillas preguntas. Los miembros de algunos medios de comunicación decidieron que sería interesante mantener a las personas migrantes obstruyendo el puente mientras ellos realizaban sus transmisiones en vivo donde la población juarense sacó a relucir su lado xenófobo ante el enojo de no poder cruzar la frontera después de una semana de trabajo.
Recopilemos y hagamos una comparativa, cerca del 82% de la población migrante en Ciudad Juárez no concluyó la educación básica por lo que podríamos afirmar que son más vulnerables a las noticias falsas. Se encuentran estancados entre un país que no los quiere recibir y otro que no ha emitido ningún programa de regularización para ellos. Están esperando una noticia que les otorgue un camino y hay quienes aprovechan este contexto para jugar con sus emociones a cambio de algo de atención. Qué miserable generar aunque sea un poco de caos por unos cuantos likes.
Tal como ya lo decía Alfonso Reyes, el periodismo tiene una crisis de sobreinformación que genera precisamente buscar ganar la nota, sin importar si lo que se informa es verdadero o falso. Hace falta recordarles a los medios -en general y específicamente a los carroñeros-, el papel fundamental que juegan siempre y más aún durante una pandemia. Jugar con la esperanza de la gente es propio de eso, animales carroñeros que se favorecen de lo muerto.
Generalicemos con los empresarios y la oposición. Probablemente terminaron la educación superior y tuvieron la oportunidad de realizar algún postgrado, tienen suscripciones a diversos medios de comunicación, no huyeron de sus países por miedo a ser asesinados, tampoco fueron violados por cada traficante ni se deshicieron de todo para completar los dólares de la cuota.
Entonces, ¿por qué caen en noticias falsas?, ¿por qué no buscan verificarlas antes de difundirlas? Por un grado menor de capacidad cognitiva espero que no, al menos no quisiera calificarlos así. Por defender sus intereses, ¿serían capaces de comportarse al igual que esos reporteros en el Puente Internacional? No los quiero calificar tampoco de personas tan miserables.
Por ahora hay que ser enfáticos en las palabras del doctor Hugo López-Gatell cuando habla de mantener la calma, teniendo como pilar y guía la espiritualidad. Nunca antes se había tenido tanto y tan fácil acceso a la información como con este gobierno. Entiendo que esa calma no le llegue a quienes no les llega esa información. Fuera de ellos, la calma no solo es necesaria en términos de comportamiento masivo, sino informativo. De entre las muchas lecciones que dejará la pandemia, confiar en las autoridades y desconfiar de los agoreros del desastre debe ser una de las más importantes.



