No confundan las decisiones políticas con lo que ustedes querrían hacer con sus enemigos –Sofía Lameiro.
En siete minutos, sin teleprompter, con una producción austera, López Obrador desactivó una campaña perversa montada desde la segunda televisora más poderosa del país. La cruzada llamaba abiertamente a desobedecer a las autoridades sanitarias y, con ello, a sabotear la estrategia del gobierno federal contra la pandemia de Covid-19.
“Es más, se lo decimos con todas sus palabras: ya no haga caso a Hugo López Gatell”, dijo el viernes 17 Javier Alatorre, conductor del noticiario nocturno de TV Azteca. Las razones que expuso son lo de menos. Lo interesante fue la reacción de la audiencia: un rechazo frontal y generalizado a los dichos del conductor.
En redes sociales se cerraron filas en torno del Subsecretario de Salud. Incluso los comentadores críticos u opositores al gobierno que en las últimas semanas se volvieron escrutadores minuciosos de cifras y gráficas, a la caza permanente de la más sutil inconsistencia, esta vez coincidieron en acusar que la operación de TV Azteca era burda, peligrosa e irresponsable.
Se citaron artículos de la Ley Federal de Telecomunicaciones, y la gente llamaba a retirar la concesión a la emisora de televisión por haber violado la ley y por atentar contra la salud pública.
Probablemente hoy seguiríamos hablando enardecidamente de ese episodio de no haber sido por el mensaje ecuánime del presidente el sábado 18 después del mediodía.
Quienes temían que el presidente se quedara callado resultaron gratamente desmentidos pero quienes ansiaban una reacción incendiaria por parte de López Obrador quedaron decepcionados.
Algunos habrían querido verlo blandir insultos y amenazas, o que amagara con la expropiación o la censura. Los que esperaban tanto lo conocen poco. Sueñan con ver en tiempo real la reacción de un político impulsivo, un pendenciero improvisado que por fin confirme la imagen despótica que constantemente quieren sembrar de él. Por eso López Obrador los sigue sorprendiendo: resulta simplemente que no han hecho el esfuerzo de entenderlo.
Que el mensaje fuera ecuánime no quiere decir que haya sido tibio. El de López Obrador fue un mensaje enérgico a su manera, estratégico y bien calculado. Y no hace falta meternos en su cabeza para adivinarlo: basta atender con detenimiento lo dicho y lo implicado.
Para empezar, siendo sábado al mediodía, el Presidente se presenta vestido formalmente frente a su escritorio. Desde ahí lanza un mensaje de apoyo al Subsecretario y menciona su investidura presidencial para que no quede duda de que está hablando como jefe del Estado: “Mi recomendación por mi investidura de presidente de la República es que sigamos las recomendaciones de los especialistas. De manera muy particular, las recomendaciones del doctor Hugo López Gatell”.
Lo que muchos le reprochan como un texto exculpatorio hacia Javier Alatorre, a quien se refiere como “su amigo”, en realidad es un discurso veladamente incriminatorio: “Javier es una persona buena… cometió un error, como cometemos todos (…) No debe haber linchamiento político para alguien que no comparta nuestro punto de vista, inclusive que pueda decir algo en estos momentos difíciles que afecte a la colectividad, incluso que pueda ser hasta dañino para los seres humanos, que no es esa la intención de Javier”.
López Obrador acusa de recibido el contenido de mensaje y, a la vez que concede la inocencia del mensajero, advierte la perversidad del verdadero emisario. Al no censurarlo lo despoja, como diría Julio Aibar, de la oportunidad de victimizarse.
Se sospecha que la cruzada contra López Gatell, desde luego, no viene del conductor, sino de más arriba, y que probablemente está disparada por el adeudo que, según rumores, tienen las compañías de Salinas Pliego con la Hacienda Pública. López Obrador se ha referido a estos adeudos en varias de sus más recientes conferencias matutinas.
Los ocho minutos restantes del video los dedica AMLO a explicar el plan de apoyos y créditos que se entregarán en las próximas semanas. La Secretaría de Gobernación, por su parte, más tarde emitió una corrección disciplinaria (o apercibimiento) a TV Azteca para que manifieste su respeto a las disposiciones sanitarias del Consejo de Salubridad General.
La ley irá haciendo lo suyo a su tiempo. El mensaje irresponsable del noticiero quedó oportunamente silenciado. Por lo pronto, la sociedad ya sancionó moralmente a la televisora, y mientras haya memoria, la aversión que genere en las audiencias será su castigo más contundente.
A las siete de la noche de ese mismo sábado, aparecía Hugo López Gatell en su conferencia diaria, tranquilo y aparentemente solo, pero visiblemente acompañado, pues esa noche más que nunca era notorio que tiene consigo el respaldo de un país entero que mostró ser más fuerte y más lúcido de lo que estimó una compañía de televisión.


