A partir de que los principales esfuerzos de las autoridades estatales y federales están vertidos en la contención del contagio, el delito no está en cuarentena. La cuarentena está generando como efecto colateral una serie de repercusiones de impacto en la seguridad ciudadana basado en una adaptación de las actividades de los grupos del crimen organizado que tomó forma en nuevos giros delictivos.
Es así que durante de la cuarentena los índices delictivos muestran un aumento en los de tipo pecuniario, es decir, los relacionados con el robo a propiedad ajena como el despojo, saqueo o robo a tiendas de autoservicio; incluso el robo a transeúnte porque las personas se encuentran resguardadas en sus hogares por lo que es factible que disminuyan los indicadores de robo a casas-habitación o de robo de vehículos.
Dentro del rubro de los delitos de orden común es altamente probable que se presente un aumento considerable en la violencia doméstica, incluso en la violencia de género. En las calles, por ejemplo, pudieran presentarse episodios relacionados con la intolerancia a la gente que no respete la sana distancia. La intolerancia social está detonando a su vez otro tipo de delitos como lo son la agresión al personal médico; es primordial que la sociedad mexicana respete las disposiciones sanitarias, se informe sobre la realidad del contagio, no haga caso a noticias falsas y ejerza la tolerancia y la solidaridad en la gente que no puede quedarse en casa.
Con respecto a los delitos de alto impacto dentro del fuero federal no están disminuyendo. Principalmente el robo de transporte de carga, el robo de combustible, y la violencia criminal, es decir, los homicidios ligados al crimen organizado. No obstante con respecto a los homicidios, desde el 27 de febrero que se reportó el primer caso de coronavirus en México, se ha presentado una ligera baja de acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
Asimismo el delito de robo de transporte de carga es el más preocupante porque los grupos delictivos buscan sustraer la carga para reventa, especialmente la relacionada a los bienes materiales valiosos durante la cuarentena como lo son alimentos de la canasta básica, o artículos de limpieza e higiene; existe la oportunidad de generar un mercado negro de los artículos en escasez. Y de igual manera las unidades de transporte de carga de bienes y productos pueden ser sustraídas para ser vendidas a cárteles y posar de camuflaje en el traslado de estupefacientes, al disminuirse el flujo legal de transporte de mercancías se han afectado las cadenas de suministro del narcotráfico por ser el medio con el cual usualmente se utilizan para ser “mula” de precursores químicos para la realización de drogas sintéticas.
De esta manera la pandemia se está presentando como un área de oportunidad para los grupos del crimen organizado con el fin de reforzar la impunidad para operar y para ubicar giros nuevos, es decir, determinar nuevas áreas de oportunidad para el negocio delictivo y para usurpar la autoridad del Estado.
No obstante los nuevos giros en las actividades delincuenciales para perpetrar delitos se llevan a cabo como cambios “adaptativos” que se verán, por ejemplo, en los índices de extorsión: dado que los establecimientos sometidos a “derecho de piso” estarán cerrados los grupos del crimen organizado requerirán al asalto tumultuario a los establecimientos abiertos, o bien alzar la tarifa o generar un “derecho de piso acumulado” una vez que se levante la cuarentena por las autoridades sanitarias.
De igual forma los delincuentes habrían de recurrir más que nunca a las Tecnologías de la Información y Comunicación para cometer sus atracos, explorando un tipo de “delincuencia a distancia”. De esta manera pudiera incrementarse la gama de delitos cibernéticos entre ellos la extorsión telefónica o el fraude dado que los cuentahabientes dependen de movimientos bancarios a distancia durante la cuarentena, acto que puede incentivar llamadas basadas en ingeniería social y de extorsión disfrazada de ajuste técnico de los medios electrónicos de los bancos. De igual manera el fraude pudiera presentarse disfrazado de autoridad fiscal para exigir el pago de impuestos a contribuyentes que desconozcan el procedimiento de las transacciones financieras en línea mediante servidores electrónicos no oficiales.
Asimismo al bajar la afluencia de personas en la calle habría de bajar el robo a transeúnte pero pudiera generarse un giro nuevo: el aumento en la usura clandestina. Cuando el confinamiento ciudadano se prolongue por disposición oficial aumentará la falta de liquidez familiar para enfrentar la crisis y la deuda familiar acumulada lo que generará que los ciudadanos acudan a empeñar bienes, generándose una oportunidad para los delincuentes. De esta forma habrá dos tipos de acto delictivo: los delincuentes acecharán a los ciudadanos que salgan a empeñar sus bienes, o bien se acercarán a los vecindarios para prestar servicio de préstamo por empeño o usura clandestina con altos intereses: no necesitarán asaltar cuando endeudar a la gente al mismo tiempo de quitarle sus bienes muebles se presenta como mejor negocio.
No obstante el robo a casa habitación pudiera generar un giro y perpetuarse como asaltos tumultuarios a fraccionamientos al tener que someter a los miembros familiares que están por ahora recluidos en casa sin poder salir. Estos asaltos se llevarían a cabo con jammers o bloqueadores de señal para evitar la denuncia ciudadana a las autoridades y si la distribución urbana del inmueble permite bloquear la salida de las víctimas de éste. De igual manera una variante del asalto tumultuario lo tienen las tiendas de autoservicio, farmacias y bodegas al generarse saqueos y robos colectivos.
Asimismo la pandemia ha generado un mercado negro de los bienes escasos de canasta básica como de higiene, incrementando indiscriminadamente el precio sobre dichos productos así como el ofrecimiento de productos clandestinos que no cumplen con los índices de calidad. También ha generado un aumento en la venta clandestina de bebidas alcohólicas ante la regulación de las autoridades de algunos estados de la República sobre la venta al público de estos productos durante la cuarentena.
Finalmente el giro más preocupante de las actividades delictivas es la suplantación de autoridad sobre la del Estado mediante las acciones de “buena fe” por los grupos del crimen organizado en el otorgamiento de despensas a la población con menos recursos. Aunque esta acción aun no está tipificada como delito, promueve la aceptación social de los grupos criminales para conseguir apoyo social y con ello disminuir la denuncia ciudadana y aumentar la impunidad necesaria para operar.
Por todo lo anterior la estrategia nacional de seguridad pública tiene que aplicarse en estos momentos ante una verdadera prueba de fuego: para el Gabinete de Seguridad se han multiplicado las tareas en materia sanitaria a la par de continuar con las acciones ordinarias de alto nivel para aplicar la Estrategia de seguridad y disminuir los índices delictivos, por lo que es requerido aumentar la coordinación institucional y la generación de acuerdos con los estados.
La estrategia para enfrentar a los giros de las actividades delincuenciales durante la pandemia es la proximidad policial, es decir la autoridad local debe prestarse cerca y accesible ante las necesidades de seguridad del ciudadano para evitar que sea víctima de los nuevos giros delincuenciales comentados en este artículo.
Es así que en tiempos de esta pandemia queda claro que es requerido fortalecer las capacidades de respuesta de las instituciones de seguridad empezando desde la proximidad en las policías locales.
También habrá necesidad de aplicar las capacidades de la división científica de la Guardia Nacional en materia de ciberseguridad para perseguir los nuevos giros delictivos llevadas a cabo a través de la Internet. Finalmente cabe aquí hacer un reconocimiento a los miembros policiales de la Guardia Nacional y de las Fuerzas Armadas que están otorgando protección a los hospitales y al personal médico ante las injustas agresiones de ciudadanos mal informados.
El fenómeno delincuencial se resiste a desaparecer como un virus que afecta la seguridad ciudadana. Sus síntomas son el miedo, la coerción y la violencia. Es resistente a leyes y cuarentenas. La forma para combatirlo es rechazar la delincuencia como forma de vida, evitar que consiga apoyo social, fortalecer las fuentes de empleo formal, vigorizar la proximidad policial, confiar en nuestras policías, Guardia Nacional y Fuerzas Armadas y apoyar la Estrategia Nacional de Seguridad Pública que implementa el Gobierno de México.


