Ciudad de México a 25 enero, 2026, 3: 00 hora del centro.
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Romper paradigmas en la política

Romper paradigmas en la políti

Si Andrés Manuel López Obrador mete un gol para México, la oposición dice que nos hubiera convenido más perder el partido. Es imposible negar que el Presidente constituye un paradigma distinto de líder político en México. Su controversial figura ha provocado un enérgico movimiento en contra de su gobierno y de su persona. Es, además, difícil encontrar críticas que no se vayan de boca hacia el discurso del odio. La calidad del periodismo de oposición, que con su existencia reafirma, todos los días, la libertad de expresión, deja también mucho que desear. No se trata de compartir o no una ideología (de eso se trata la democracia, de pluralidad) sino de la irracionalidad con la que se suele juzgar la actividad del gobierno federal encabezado por AMLO. Las notas se concentran en una frase sacada de contexto (porque si no, no sería nota), en una palabra mal pronunciada o en alguna broma que haya hecho en su conferencia de prensa.

 

Pero si el análisis del discurso oficial es pobre, el de las acciones gubernamentales es inexistente. Cualquier tema se filtra bajo el supuesto de que el gobierno no sabe, o no puede, o no quiere. Por ende, lo que queda, al final, es el triste recurso de negar la evidencia. Para ello también hay varios mecanismos, pero el principal, y más sencillo, es el del encuadre prejuicioso. Consiste en ver solamente los fragmentos de la realidad que coinciden con las ideas previas o las emociones de quien filtra y transmite la información. Básicamente, las cosas solo son aquellas que sirven a su narrativa, y son en tanto ese propósito; todos los hechos que se alejen de ella, o que pondrían en tela de juicio sus interpretaciones, quedan descartadas como falsas, inexistentes o hipócritas. 

 

Como muestra dos botones. El primero de ellos, el de la participación de México en el acuerdo entre países productores de petróleo, OPEP y OPEP +. Las personas y los medios de comunicación alrededor del mundo no podían creer, primero, que México se atreviera a rehusar el acuerdo inicial avalado por las potencias productoras; y después, que estas accedieran a los términos que pidió el gobierno federal para que México no tuviera que reducir su producción más que de forma marginal. Eso es una victoria para el país en varios sentidos, pero sobre todo en el aspecto político. No diplomático, sino político en la acepción más esencial del término. Cuando convidaban a México a mesas donde había potencias mundiales, nuestro país nunca había hecho oír su voz, ni mucho ni poco. Creer que México no tenía derecho a expresar sus reservas y a defender sus intereses por miedo a agraviar a países más ricos, o más poderosos, era un vicio añejo. Hoy, lo sabemos, muchos acuerdos pudieron ser diferentes, pero otros gobiernos optaron por tragarse lo que les mandaran sin hacer gestos.

 

Como es imposible para los adversarios del Presidente reconocer un triunfo, así sea benéfico para el país entero, buscan conspiraciones y acuerdos inconfesables entre nuestro gobierno y el Presidente Donald Trump. Les es imposible ver que en muchos aspectos, nosotros y ellos queremos lo mismo; en este caso, que el desempleo en México sea el menor posible, para que disminuya el número de migrantes indocumentados mexicanos al país del norte. Por eso hay que cuidar la producción petrolera, y por eso hay que cuidar el proyecto de Dos Bocas, porque de ello dependen cientos de miles de empleos, especialmente en el sureste mexicano. De eso se trata la inteligencia política, de hacer ver a las partes interesadas que ayudándonos, se ayudan también ellos. Y no está mal. 

 

El otro ejemplo de ceguera selectiva, es la incomprensión de algunos empresarios de que el gobierno federal no quiera recurrir al aumento de la deuda externa para rescatar a los negocios de la recesión mundial que ha provocado la pandemia. Cuando el Presidente dio un informe de lo que pensaba hacer, la clase alta, y la media que se cree alta, montó en cólera. Ningún anuncio de préstamos del FMI para inyectar recursos a privados. Precios de garantía para productores de maíz y otros alimentos; apoyos a 190 mil pescadores, y transferencias económicas a los adultos mayores y otros grupos vulnerables. Confirmación de los proyectos de obra pública de Santa Lucía, Dos Bocas y el Tren Maya. Decían que nada de eso ayudaba a la economía.

 

Aquí el problema de muchos expertos es que insisten en analizar la realidad con categorías de un paradigma, el neoliberal, y sólo conciben soluciones salidas de ese marco de referencia. No es difícil identificar la idea esencial del neoliberalismo; básicamente, es la convicción de que el Estado sólo existe para crear y proteger mercados fuertes, y en una desconfianza sistémica hacia lo público, lo que por ende redunda en negar la propia existencia de que pueda haber un interés público, y lo único legítimo son los intereses privados. Por eso ven al Estado como un policía bancario al que hay que pagarle poco, y sobre todo como una caja de ahorro para que los rescate cuando las cosas se ponen difíciles. El Presidente AMLO toma decisiones con una lógica política que exige más que sumas y restas para comprender su intención y alcances. Como los políticos de antes, los que hacían política y no micro gerencia. 

 

Pensar que el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, o cualquier entidad crediticia presta enormes cantidades de dinero sin exigir algo a cambio, es ingenuo y peligroso. Por eso se está utilizando por parte del Presidente una lógica económica distinta de la neoclásica o neoliberal, que de ninguna manera es la única aunque así la hayan vendido durante 40 años. El poco margen de maniobra fiscal que tienen los gobiernos latinoamericanos, se debe a que la mayor parte de su presupuesto anual se utiliza para pagar el servicio de deuda previamente contraída. El mayor problema de México, en particular, es la precariedad en el pago de impuestos de los grandes contribuyentes. Hoy, muchos de ellos ven como solución más deuda para salvarlos y además dejar de pagar impuestos, ahora con permiso del gobierno. Las crisis que en 2019 ocasionaron disturbios sociales en Chile, Ecuador y Argentina, por ejemplo, tienen como fondo una crisis de deuda pública que obligó a los gobiernos a castigar el gasto social y desproteger a la población. El Presidente lo sabe, y está buscando otra salida. Una que opta por el estímulo al consumo desde las clases bajas para reactivar la economía desde la demanda, y que opta por el pleno empleo para provocar el dinamismo económico en las partes más marginadas del territorio nacional. Una salida donde, para variar, logren salir todos los mexicanos, y no solo unos pocos. Se agradece el esfuerzo. 

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