Ciudad de México a 18 febrero, 2026, 13: 21 hora del centro.
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Cóctel golpista

En México el cóctel golpista es una mezcla no necesariamente homogénea, no exenta de contradicciones y tensiones internas, que se articula –abierta o soterradamente– en la preparación de un golpe blando.

 

Su objetivo es derrocar al Presidente Andrés Manuel López Obrador. No por la vía electoral y pacífica –se saben derrotados en ese terreno y por ello no aceptaron el ofrecimiento de adelantar la revocación de mandato al 2021–, sino a través de fomentar la percepción de que en México hay una supuesta crisis que justificaría una acción anticonstitucional. El Coronavirus es su ansiada oportunidad dado que es un tema hipersensible a nivel mundial.

 

El golpismo no busca cuestionar, pretende desestabilizar. Se anida entre los damnificados de la lucha anticorrupción que ha emprendido la 4ª Transformación; es financiado por algunos empresarios y prestanombres entre ellos dueños de medios de comunicación que antes se enriquecían por publicitar al gobierno en turno. Lo operan integrantes de la élite política beneficiaria de negocios al amparo del poder público. Lo visibilizan locutores asalariados, plumas pagadas y otros personajes que se hacen pasar por intelectuales.

 

Su anhelo es importar las experiencias facciosas de países como Brasil y Bolivia para forzar con acciones no convencionales la restauración del régimen corrupto. No soportan un proyecto que priorice llevar el pan a los más pobres. Exhiben un racismo y clasismo que no admite que México sea gobernado por alguien que no pertenece a su “casta” social.

 

Su discurso persistente ha sido anunciar la catástrofe. Del combate al huachicol infundieron pánico porque según habría desabasto interminable de gasolina; de la lucha feminista montaron provocaciones para sacar de contexto la posición del Gobierno y calentar las calles; etcétera.

 

Están enloquecidos y rabiosos porque el Presidente no es su títere: no conciben que el país no se endeude con el FMI y que ellos no estén en primera fila lucrando con la tragedia. De la pandemia han previsto una y otra vez un escenario con hospitales colapsados, muertos que no caben en las morgues, saqueos que se multiplican por cientos, en una palabra: caos. 

 

Su praxis se basa en Gene Sharp y su teoría de "el golpe suave por etapas jerarquizadas o simultáneas”, que son: 1. Ablandamiento. Cabalgamiento de conflictos y promoción del descontento; 2. Deslegitimación. Acusaciones de totalitarismo ¡A AMLO le han llamado Dictador desde el primer día de su gestión!; 3. Calentamiento de la calle; 4. Combinación de diversas formas de lucha y 5. Fractura institucional.

 

De los principios de propaganda nazi de Joseph Goebbels, emplean:

  1. Principio de simplificación. Se individualiza al adversario en un único enemigo. En este caso claramente AMLO.
  2. Principio de orquestación. “Si una mentira se repite suficientemente acaba por convertirse en verdad”. Falacias del tipo de: “AMLO no hace nada contra el coronavirus”, “AMLO no hace nada por las Pymes”, “AMLO nos lleva a la crisis y después será demasiado tarde”, etc.

 

El golpismo diseña y propaga campañas de odio en medios y redes sociales, organiza grupos opositores y centralmente lanza noticias falsas (frases fuera de contexto, videos editados, fotos de otros países, elementos que diariamente cualquier persona puede encontrar en distintos medios). Las fakenews son el corazón de su estrategia de calentar calles y redes sociales.

 

Directamente o tras bambalinas, son parte del cóctel golpista:

 

El paraguas intelectual. Enrique Krauze, Mario Vargas Llosa y Jorge Castañeda, entre otros, quienes han promovido un desplegado internacional donde caracterizan pandemia y populismo como parte de un mismo fenómeno negativo “que está avanzando en América Latina.” 

 

El frente institucional. El cartel de gobernadores autoritarios y separatistas provenientes de cuatro fuerzas políticas: Alfaro de Jalisco (MC), Aureoles de Michoacán (PRD), Cabeza de Vaca de Tamaulipas (PAN), y “el Bronco” de Nuevo León (Independiente); que comparten los últimos lugares de aprobación en sus respectivos estados (Ranking Mitofsky), pero pugnan por el Toque de Queda ante la pandemia y demandan la suspensión de las obras principales del gobierno como son el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles y la Refinería de “Dos Bocas”. 

 

El sector de prestanombres y/o empresarios. No son los dueños del dinero sino quienes han fungido como cabilderos o intermediarios. Del audio de Pedro Ferriz y sus planes desestabilizadores resalta que los mencionados Carlos Chavero, Carlos Sánchez, Eduardo de la Fuente, Gustavo de la Serna, Jorge Alegría, Javier de Uriarte y José Tena no son figuras prominentes del mundo de los negocios. Aunque hay casos de integrantes de las cámaras empresariales como CCE y COPARMEX que a título individual han expresado su deseo de deponer al Presidente.

 

El brazo golpista “popular”. Promovido en Whatsapp se denomina FRENA (Frente Nacional Anti AMLO) que coordina cadenas “multinivel” en redes con mensajes de odio. 

 

El rostro “amable” y “más creíble”. Con figuras de la farándula y el futbol como Thalía, Eugenio Derbez, y el “Chicharito” Hernández, entre otros. En la lógica golpista estos personajes tienen más credibilidad ante los mexicanos que residen en EU que los desprestigiados líderes del PAN o México Libre.

 

Los políticos del viejo régimen. Felipe Calderón y Javier Lozano en el centro. No han tenido empacho en difundir noticias falsas para posicionarse con la pandemia. 

Lozano ahora como vocero oficial de otro personaje con ansias de protagonismo: Gustavo de Hoyos. 

 

Los pseudoperiodistas. Desplazados de espacios informativos estelares por su vertiginosa pérdida de credibilidad y su enfermizo antiobradorismo; cayeron del rating como Carlos Loret de Mola, Joaquín López Dóriga, Ricardo Alemán, entre otros, siempre dispuestos a sacrificar la ética a favor del amarillismo y la mentira.

Todos alientan un delirante golpe blando. Diario trabajan para la llegada de “la crisis”. Quieren que le vaya muy mal al país para entrar en escena. No plantean un programa de ideas sino consignas para la destrucción. 

 

El pueblo organizado ha atendido con serenidad las medidas preventivas ante la contingencia de salud pública, no ha sido sencillo para quienes viven al día pero ante una situación económica grave confían con más razón en la necesaria transformación de México. El pueblo es mucha pieza para un cóctel golpista.

 

 

 

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