Ciudad de México a 25 enero, 2026, 0: 06 hora del centro.
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A mitad de camino

A mitad de camino

Hasta este momento, parece que el gobierno federal ha sorteado la crisis sanitaria. Pese a algunos contratiempos, las cifras de contagios siguen siendo menores de las previstas. Salvo que ocurra una catástrofe, parece que podemos descartar que nuestra situación será como la italiana o española. Como en todo el mundo, seguramente será la crisis económica más desastrosa que la propia pandemia del coronavirus.

 

El país debate qué medidas tomar para salir de la crisis. Por un lado, los 3 millones de préstamos anunciados por el gobierno federal de 25 mil pesos a los pequeños empresarios (de ser repartidos de manera adecuada) significarán la salvación para muchos comercios. Por otro lado, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Consejo Mexicano de Negocios acuerdan préstamos considerables para medianas empresas. No obstante, estos últimos implicarán una mayor ganancia para las grandes empresas del Consejo y por tanto mayor concentración de la riqueza.

 

Los programas prioritarios emblema de la 4T continúan y sin duda serán una palanca de creación de empleos para un escenario postcoronavirus. Además, los programas sociales como las becas y las pensiones demuestran que los más necesitados no están en el desamparo. Sin embargo, no existen mecanismos para asegurar un ingreso a quienes hoy son despedidos por un sector de la iniciativa privada y no pueden esperar la vuelta a la ‘normalidad’ para poder comer.

 

La austeridad gubernamental empieza a ser asfixiante: quitar derechos laborales como el aguinaldo, considerar a los subdirectores como un alto rango de la burocracia no solamente ignora la capacidad adquisitiva y el salario real de estos funcionarios, sino que empobrece aún más al país, pues debilita el consumo interno y la propia economía. Vale la pena recordar que ya hubo un primer recorte a la burocracia en el primer año de gobierno. Acabar con contratos a proveedores, despedir a empleados por honorarios y outsourcing en un momento de crisis, cuando no se están generando empleos (incluso, las empresas despiden cada vez a una mayor cantidad de personal), complica más el frágil escenario.

 

La necedad de no realizar una reforma fiscal progresiva, ni de contraer deuda pública ha llevado al gobierno a recurrir a estos ahorros. Más allá de su poder simbólico, económicamente ha quedado demostrado desde el primer recorte que no alcanzan a financiar los proyectos más relevantes del gobierno. Además, la depreciación del peso y la baja recaudación fiscal incrementan la deuda de manera automática.

 

No obstante, las medidas de la Secretaria de Hacienda y el Banco de México parecen caminar en otro sentido. La colocación de bonos en los mercados internacionales ayuda al país a adquirir una deuda más barata. La emisión de 750 mil millones de pesos por parte del Banco de México dará liquidez al sistema financiero, aunque la tasa de referencia del 6% continúa siendo muy alta en comparación con otros países. Desgraciadamente, las reglas de operación de los préstamos que otorgarán los bancos no establecen como requisito mantener el pago de la nómina a cambio del préstamo. Varios países europeos y sudamericanos echan mano y establecen seguros de desempleo y anuncian una mayor inversión pública para paliar la crisis económica.

 

El coronavirus descarrila el tren de Occidente. Es el momento de establecer otras bases para crear un nuevo consenso social. El destino nos alcanzó…

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