El 23 de Abril en el Diario Oficial de la Federación se publicaron las nuevas medidas del Gobierno Federal ante la crisis del modelo neoliberal y la pandemia del Covid-19, con base en los principios de eficiencia, honestidad, austeridad y justicia, mismas que fueron severamente criticadas por algunos sectores pero sobre todo por quienes conciben el servicio público como un medio de enriquecimiento; y peor aún, quienes piensan que el servicio público solo son los funcionarios que son visibles en notas periodísticas y medios.
Por ejemplo el sector educativo siendo uno de los más grandes empleadores del Estado en los gobiernos anteriores había tenido que luchar cada año por un aumento mínimo que apenas igualaba la inflación en el mejor de los casos sin dejar de mencionar que la violencia, el acoso y las campañas de desprestigio siempre estaban de por medio por parte del Estado. En ese momento estaban en el Gobierno quienes hoy dicen defender los derechos laborales pero se encargaban de poner en duda ante la opinión pública la importancia de la función de los maestros y maestras que hoy no miden con la misma vara, una muestra de cómo no les preocupan los derechos laborales sino buscar un medio de golpeteo.
Para la segunda fase de la pandemia se tomó la decisión de interrumpir las actividades del servicio público no esenciales, recalcando que las tareas que tengan que ver con la cadena de distribución de alimentos, seguridad, y sobre todo salud, continuarían para que la sociedad y el país tuvieran condiciones necesarias para subsistir. También se puso a la vista la urgente necesidad de intensificar no solo para la pandemia los servicios de salud sino para cubrir necesidades básicas de la población. En este sentido la OMS recomienda 3.4 médicos por cada mil habitantes cuando en México apenas existen 2.4 sin mencionar la baja densidad de especialistas en las zonas rurales y más marginadas del país.
Esta y otras medidas son de lo más ilustrativas sobre lo que representa lo fundamental para una nación y para el mundo aunque ello signifique cuestionar los dogmas más profundos y hasta de la ciencia que creían más rigurosa; es más, quienes han hecho criticas al respecto no se han tomado la molestia de revisar las recomendaciones de los organismos internacionales que en ocasiones sitúan como faros de la verdad absoluta.
Si medimos el número de empleados per cápita con el resto de los países de la OCDE, México no está entre los primeros que emplean mayor número de personas para atender los servicios del Estado per cápita pero si los comparamos con la población económicamente activa, el balance es distinto, pues según datos del Banco Interamericano del Desarrollo, México, solo por debajo de Argentina, es de los que tiene mayor número de empleados públicos en relación con la población económicamente activa; así mismo si comparamos los sueldos de los funcionarios con el ingreso promedio de uno de los sectores más importantes como el de la manufactura, México está muy por encima de los países latinoamericanos con excepción de El Salvador.
En junio de 2018 el INEGI todavía durante la administración en turno del Gobierno Neoliberal arrojaba datos sobre la desconfianza y nivel de satisfacción de los servidores públicos e instituciones, los servidores públicos en general eran de los peores calificados con un 24.4% de “Mucha desconfianza” y un 3.2% de “Mucha confianza”. ¿Cómo no iba a ser este el resultado? Si por ejemplo cuando medía la satisfacción de servicios básicos de salud en el Estado de México y Tlaxcala hubo una reducción de entre 9% y 3.4% en comparación con la medición anterior, y en promedio apenas alcanzó el IMSS en 44% de satisfacción, estos datos demuestran que la relación de número de servidores públicos no está necesariamente relacionada con el buen servicio público.
Para las teorías de la administración pública más rancias y conservadoras la sociedad debe ser tratada como un cliente, como si fuera un ente al que se le pudiera vender y comprar la confianza como un bien comercial, sin embargo fue tal el nivel de corrupción durante 30 años que hasta los mismos neoliberales se olvidaron de sus bases teóricas, se inventaron institutos y supuestos métodos para justificar una ideología que estaba basada en hacer del Estado un medio de tráfico de influencias y servicio para una oligarquía, eso explica por qué hubo un trato distinto para la mayoría de los servidores públicos que son los maestros en comparación con los altos funcionarios que ganaban hasta $700,000 en un mes.
En un país donde se tenía la costumbre de tener un delegado por cada institución para construir cacicazgos no es fácil entender que la presencia del Estado no está medida en el número de empleados o lo elevado de sus nóminas, sino en su capacidad de actuación ante las desigualdades del mercado, el capitalismo en su etapa neoliberal desnuda la falsedad del libre mercado, tan es así que esta crisis de salud obligó a los países a ponerse de acuerdo para las compras de materiales y medicamentos necesarios demostrando que la oferta y la demanda pueden ser intervenidas por las naciones.
La razón de ser de las y los servidores públicos no es darles gusto a los tecnócratas de la época neoliberal sino actuar siempre en beneficio del Pueblo al que sirven porque ante todo debe ser por vocación y no por afición al dinero. Lo que sigue es demostrar que re direccionar el gasto público es la medida más responsable y que no será fácil poner en orden un país en áreas tan delicadas como el sector salud, el abandono en el que se tenía no se reparará en un día pero será un parte aguas para poner a la salud como una prioridad de los siguientes Gobiernos. Hace meses antes de la llegada del Covid-19 a México, el Presidente planteó ocupar el dinero de la rifa del avión presidencial para equipamiento médico, hoy ante la tragedia mundial el tiempo le dio la razón, es por eso que apremia la urgente necesidad de reivindicar el Servicio Público como el medio de moralización de la política.



