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Calderón: el pueblo no olvida

La detención en diciembre de 2019 de Genaro García Luna en Estados Unidos, ex secretario de Seguridad Pública de Felipe Calderón, acusado de tráfico de drogas, declaraciones falsas y recibir sobornos de millones de dólares del cártel de Sinaloa, es apenas la punta del iceberg de una serie de cuentas pendientes con la justicia  del ex Presidente y su círculo íntimo, derivadas de la administración que convirtió a México en un Narco-estado. 

 

El clamor porque se haga justicia ante los abusos y crímenes de Calderón apenas comienza. Emergen testimonios que habían sido ocultados y son hilos de una madeja que parece interminable.

 

Recientemente el 4 de mayo, la periodista Anabel Hernández, aseguró que el narcotraficante Édgar Valdez Villarreal, alias “La Barbie” refirió que Calderón encabezaba directamente reuniones con jefes del narco; también se ha sabido que otro intermediario suyo con los capos de la droga fue el general Mario Arturo Acosta Chaparro, acusado de tortura y desaparición forzada de 143 personas en la guerra sucia de los 70´s.

 

Felipe Calderón gobernó gracias al fraude electoral de 2006, instrumentado –entre otras modalidades– desde las entrañas del IFE. Un ejemplo es el caso “Hildebrando 117” nombre de usuario de Diego Hildebrando Zavala Gómez del Campo, hermano de Margarita Zavala, que encabezó la digitalización del padrón electoral oficial y con esa información –ya en el equipo de campaña panista– desarrolló un software para usar ilegalmente datos de los votantes.

 

Por un escaso margen de 233 mil votos Calderón oficialmente “ganó” la presidencia, “haiga sido como haiga sido” dijo con cinismo. Ni el IFE ni Calderón aceptaron un recuento “voto por voto”, lo que confirmó la sospecha de un fraude de gran magnitud. El derechista fue llamado popularmente “espurio” o “usurpador”, tomó protesta en la Cámara de Diputados entrando por la puerta trasera, rodeado de cercos, antimotines y el Estado Mayor. 

 

Para intentar legitimarse Calderón lanzó la supuesta “guerra contra el narco” que acabó en desastre nacional con un saldo de al menos 120 mil muertos y 14 mil desaparecidos -de acuerdo a cifras del propio Sistema Nacional de Seguridad Pública-.

 

La película “El Infierno” (2010) protagonizada por Damián Alcázar ilustra la terrible realidad calderonista: Un verdadero infierno sin ley, caracterizado por la exclusión de los jóvenes de empleo y educación; la degradación de las instituciones; la impunidad para los delincuentes; y la edificación de un entramado político-financiero que pavimentó la vía a grupos criminales para controlar regiones enteras del país, bajo la cortina de una falaz guerra.

 

“El Infierno” estuvo marcado por sucesos trágicos, no aclarados, ni juzgados con imparcialidad. No podrá haber transformación en México sino se atienden esas heridas abiertas, que significan diversos expedientes para enjuiciar a Calderón. 

 

Algunos ejemplos:

 

El 4 de noviembre de 2008 murieron Juan Camilo Mouriño -que era  secretario de Gobernación- y coincidentemente José Luis Santiago Vasconcelos ex titular de la SIEDO y uno de los cerebros más respetados de la lucha contra la delincuencia organizada, el jet donde viajaban se estrelló en la Ciudad de México, en un “accidente”. El 11 de noviembre de 2011 falleció en otro “accidente” de helicóptero Francisco Blake Mora, que también fue titular de Gobernación. Durante el sexenio hubo 5 secretarios de Gobernación, la inestabilidad y los crímenes entre la clase política también fueron su signo.

 

El 5 de junio de 2009 se incendió la Guardería ABC en Sonora, fallecieron 49 niños y 106 resultaron heridos. En el expediente está implicada Marcia Matilde Gómez del Campo, propietaria de la misma y prima de Margarita Zavala. 

 

El 11 de octubre de 2009 Calderón decretó la extinción de Luz y Fuerza del Centro, en la perspectiva de la privatización de la industria eléctrica. Mediante un proceso ilegal se mandó a la calle a más de 44 mil trabajadores del SME. El operador del  golpe fue Javier Lozano, entonces secretario de Trabajo y Previsión Social.

 

El 31 de enero de 2010 María de la Luz Dávila perdió a sus dos hijos de 19 y 15 años, en una masacre que cobró la vida de 16 estudiantes cuando celebraban una fiesta, en Villas de Salvárcar, Cd. Juárez. Calderón dijo que la matanza había sido “entre narcos”, lo que fue impugnado públicamente por la Sra. Dávila, pues el presidente lejos de hacer justicia se auto justificaba de manera cínica.

 

Otras pistas del ajedrez Calderón-García Luna se leen en “Una novela criminal” (2018) escrita por Jorge Volpi, obra que documenta con rigor historiográfico la verdad sobre la farsa que montó el régimen para acusar a Florence Cassez de pertenecer a una banda de secuestradores, en un acto propagandístico difundido en televisión con la complicidad de Carlos Loret de Mola y la participación de Isabel Miranda de Wallace. 

 

El 7 de enero de 2012 Calderón inauguró “La Estela de Luz”, cuyo costo inicial se estimó en 398 millones pesos, pero se elevó a más de mil 304 millones de pesos y tardó 15 meses más de lo planeado para ser concluida. En julio compró el avión presidencial por 218 millones de dólares. Antes de concluir su periodo se dio tiempo para amedrentar a los promotores de una demanda ante Corte Internacional de La Haya suscrita por 27 mil ciudadanos que lo acusaron de crímenes de lesa humanidad, es decir, “ataques generalizados o sistemáticos contra la población civil”.

 

El escritor Carlos Monsiváis describió así el gobierno de Calderón en 2009: 

“Luego de su triunfo tan cuestionable, el presidente Felipe Calderón no ha conseguido la credibilidad necesaria y ha perdido incluso una parte sustancial de sus apoyos en la derecha tradicional.” Durante su gestión, el gobernante se fue quedando solo.

 

Hoy Felipe Calderón es un hiperactivo twittero que ha pretendido usar la pandemia del coronavirus para reposicionarse políticamente, pero poco o nada dice de su legado sexenal: violaciones sistemáticas a los derechos humanos, instancias de impartición de justicia corrompidas, masacres, privatizaciones, endeudamientos, fraudes políticos y económicos, asesinatos de funcionarios, obras y gastos faraónicos a costa del erario, auge de fosas comunes y clandestinas, decenas de miles de muertos y desaparecidos. 

 

Calderón juega a la amnesia selectiva, pero el pueblo no olvida. Su herencia fue un país en ruina moral.

 

 

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