¿Qué necesitaríamos hacer para tener un mundo más solidario? En este ensayo juego con una idea: necesitaríamos tomar decisiones más solidarias a gran escala. Necesitaríamos tecnología social que fomente y aproveche elecciones solidarias tal y como el mercado aprovecha decisiones egoístas.
Esto nos lleva al problema de la elección humana. ¿Cómo y por qué elegimos lo que elegimos? Conozco poca preocupación en el gremio económico por el problema de la elección humana. Sospecho que se debe a que cuentan con un modelo que deja satisfecha a la mayoría: la elección racional. Pero a mí este modelo en sus versiones más tradicionales me deja más nervioso que tranquilo por dos razones: explica poco (sirve casi sólo para explicar el comportamiento agregado en ambientes muy estables) y transforma poco (no se puede plantear para el futuro sino lo que ella misma logra predecir limitadamente). Es un modelo que nos pide que clausuremos el porvenir inimaginable por sus términos sin hacer caras.
El modelo depende en general de tres supuestos: el primero es que conocer elementos individuales siempre sirve para explicar fenómenos sociales (individualismo metodológico). El segundo es que las acciones humanas son siempre hechos dirigidos; es decir: impregnados de voluntad (acción intencional).
El tercer elemento, el más problemático, es suponer que como individuos tenemos, como dice Arturo Lara, capacidades de cómputo ilimitadas e información perfecta. Lo último esconde lo que para mí es lo más amargo: detrás de la noción de “información perfecta” hay una presunción muy fuerte de conocimiento. No sólo que la acumulación frecuente de tanta información es posible sino también que existe un conjunto y solamente un conjunto de información “relevante” a acumular. Esto en el fondo supone que sólo hay un modelo mental correcto para definir a la información relevante y por tanto para representar a la realidad. Proyectar escenarios de “información perfecta” sin hacer conciencia de esto supone imponer, en pocas palabras, una sola visión del mundo.
A pesar de mis nervios no creo que sea un modelo inútil. Al final habrá que reconocer que la teoría de la elección racional, limitada como es, ha probado ser de las mejores herramientas que tenemos para predecir el comportamiento humano. Sin embargo como continúa explicando Arturo Lara en su introducción a Comprender la Diversidad Institucional de la ganadora del Nobel de economía Elinor Ostrom: ella coincide con la teoría de la elección racional en que los individuos son egoístas, pero rechaza que esta sea la única causa del comportamiento. En el modelo de Ostrom, los seres humanos son egoístas, pero también portadores de normas morales deónticas; son seres vulnerables que deben adaptarse a un mundo biofísico y social complejo e incierto, requieren de los demás para sobrevivir. En la historia de la evolución de nuestra especie, señala Ostrom, los mecanismos de selección natural eligieron a aquellos individuos con capacidad de competir pero también de cooperar.
Un buen primer paso hacia mundos más solidarios es abandonar la pretensión de universalidad de explicaciones elegantes pero demasiado sencillas. Un buen primer paso es reconocer que dentro de la complejidad del mundo ya hay cooperación y podría haber más; sobre todo si las investigamos y las tratamos con la misma dedicación y entrega con la que nos hemos dado a nuestras tecnologías egoístas.


