En estas fechas de confinamiento tuve la oportunidad de ver dos películas. Ambas toman temas algo similares aunque se desarrollan en tiempos diferentes. En ellas vemos una batalla por el orden público, la diferencia sustancial entre una y otra me recordó la discusión de la autoridad moral en nuestro país. Intentaré retomar los argumentos centrales y descripciones de las películas (esperando no arruinarlas para quienes no las han visto) de la manera más breve para ir a la discusión que más nos importa.
La primera película se llama Emboscada Final. Trata sobre un detective que pretende capturar a Bonnie y Clyde. Nuestro protagonista, un detective que lucha contra los rezagos de los delincuentes, es inteligente y perspicaz, tiene todos los elementos y experiencia para cumplir con su cometido. Entiende la necesidad del caso pues ha vivido personalmente los efectos del crimen. Estamos en un escenario post crisis del 29 en donde la pobreza y el rescate a los bancos dejó mucho desprecio popular debido al olvido del Estado.
Nuestro protagonista no es una persona con plataforma política ni espacio público, tampoco está en contacto con representantes que hablen de la importancia de la ética en el desarrollo de lo público. Él constantemente se pregunta por qué la gente engrandece a tales criminales. A pesar de cumplir con su cometido de capturar a los criminales, nuestro protagonista pierde en la batalla moral y pública por evidenciar los males de quienes capturó. Al final la reacción popular fue de empatía hacia la pareja.
La otra película es Gangster Squad. Trata sobre la mafia en Los Angeles. El protagonista es un detective dedicado y con mucha calidad ética; es contactado para organizar un grupo que, encubiertos, destruyan las principales fuentes de dinero de la mafia, la cual está en pleno apogeo en LA.
El protagonista no es como tal un político pero entiende el objetivo de la política. En una de las escenas finales se enfrenta al jefe de la mafia, está listo para esposarlo y llevarlo a la cárcel pero entiende que no se trata sólo de encarcelarlo sino también de desmoralizarlo y evidenciarlo como un personaje débil que ha lucrado con la corrupción y la pobreza de la gente.
En una pelea digna de un ring de box, el protagonista vence al jefe de la mafia y es captado por los medios de comunicación. Ahí es cuando nuestro antagonista se sabe acabado. No sólo se atacó sus fuentes de negocio y los próximos negocios que pensaba establecer, sino que tras su derrota, su autoridad moral y de miedo, termina acabada.
En días anteriores hemos visto la discusión del poder moral y el poder político en eventos como las mentiras de TV Azteca y otros medios, la entrega de despensas de elementos del narco e incluso las medidas autoritarias que algunas localidades han tomado para que se acaten las indicaciones de prevención ante el Covid.
Toda esta discusión no salió mucho de espacios como twitter donde no hubo mayor profundidad. Creo que es un tema interesante y especialmente importante en un país como México con los rezagos de una guerra contra el crimen organizado, el neoliberalismo y la corrupción.
Cuando hablamos de autoridad moral y su importancia en lo público, en un contexto como el mexicano, debemos entender de dónde venimos. El crimen organizado no sólo afectó la seguridad, sino también el actuar del Estado, de las autoridades y de quienes se consideraban como líderes sociales. Antes de Andrés Manuel hacía tiempo que no teníamos líderes amplios que evocaran a recuperar al país para los buenos por la vía pacífica; que llamaran a la población a recobrar los valores y costumbres que por décadas nos han mantenido unidos y unidas como sociedad, que incluyeran en el debate público y del actuar del gobierno los conceptos éticos.
La desgracia de nuestro país no se redujo sólo a la pérdida brutal y colosal de vidas humanas sino también la pérdida de valores. La autoridad moral del Estado estaba tan destruida que fue suplida por la de narcos y criminales. La corrupción permeó tanto en el actuar del gobierno que ha sido bastante difícil retomar la visión de un Estado que sea útil y tenga vocación de servicio.
El fondo de la discusión y del mensaje de estas películas es justo esa disyuntiva que nos demuestra cómo asegurar la derrota de los males a los que se ha enfrentado nuestro pueblo mexicano. La manera más efectiva es sin duda acabar con la impunidad pero sobre todo la guía política y moral de dichas batallas nos ayudan a asegurar que las próximas autoridades no repitan ese actuar, sobre todo, que nuestro pueblo no pierda la esperanza de recobrar la paz y la tranquilidad.
Por eso para algunos actores de la vida pública resulta inconcebible que un personaje pueda navegar y conducir el poder público con tal autoridad moral. Que su actuar represente una nueva forma de hacer política y que además demuestre que las viejas formas de utilizar el poder público (el beneficio personal) son antiéticas y están agotadas.
Para muchos y muchas Andrés Manuel no es sólo un político más o un personaje de la vida pública. Sino que se convirtió en un líder moral que constantemente ha utilizado su plataforma para recobrar el sentido moral de nuestra sociedad, que le ha demostrado a la gente que tanto el aparato del Estado como la política son fundamentales para mantener activa la defensa de nuestros derechos como mexicanos y mexicanas.
Su autoridad moral evoca al actuar de todas y todos, nos insta a recuperar el sentido público del orden y a vencer las viejas formas de hacer política y de estructurar la vida pública. Justo por ese actuar es que este proceso de transformación no es algo que haga sólo, le acompañamos miles.




