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Infodemia, la otra enfermedad

El movimiento estudiantil de 1968 significó un llamado generacional a respetar los derechos establecidos en la Constitución de 1917, en particular las libertades democráticas: de manifestación de las ideas, de escribir y publicar escritos, de asociarse pacíficamente. 

 

En tiempos de hegemonía del PRI hasta el año 2000 subsistía un modelo de censura, las noticias que no eran convenientes a los intereses del régimen sencillamente no existían, eran vetadas por RTC, ocultadas o sacadas de circulación. Se llegó al extremo de comprarse o recogerse a primera hora todos los ejemplares de un periódico o revista en aras de que no se difundiera su contenido. Había dos caminos para la prensa disidente: “chayote” o desaparición física del periodista.

 

Con el triunfo de la izquierda electoral en la capital del país en 1997, la alternancia del año 2000 y los movimientos sociales de la trascendencia del EZLN –que logró a nivel global romper el cerco mediático existente en México–, se dio un gran empuje a la democratización de los medios, que optaron por dar cauce a la información que interesaba a la ciudadanía en un contexto de cambios sociales genuinos.

 

El auge de las TIC´s y de las redes sociales desde la segunda década del siglo XXI, posibilitó una nueva era de información donde:

 

  1. La información fluye de manera vertiginosa, en tiempo real y es imposible de censurarse u ocultarse.
  2. El monopolio informativo de la televisión ha sido desplazado, si bien sigue siendo el principal medio de noticias para grandes capas de la población, el acceso a internet remite a nuevas alternativas.
  3. Los dueños de los medios masivos optaron por reconocer el inevitable flujo de información, adaptaron sus contenidos a la creciente expansión de plataformas digitales y se enfocaron a dar más relevancia a la “editorialización de la nota” (de ahí la multiplicación de opinólogos) que intenta mantener su influencia juzgando la noticia y con ello no perder mercado.

 

En los procesos electorales de 2012 y 2018 el movimiento #YoSoy132 y “las benditas redes sociales” respectivamente, significaron un contrapeso real y de alto impacto ante cualquier intento masivo de manipulación o desinformación. Ya sin censores “eficaces” las causas del pueblo se abrieron paso desde medios alternativos, fuentes con legitimidad por su imperativo ético de lograr el respeto a la verdad; se han forjado de manera independiente y con óptica ciudadana programas, entrevistas, documentales, videos, videoconferencias, reportajes, foros virtuales, etc.

 

El Presidente AMLO ha señalado su postura indeclinable de respetar y hacer valer nuestras libertades y jamás caer en la tentación autoritaria, en congruencia con las luchas del 68 a la fecha.

 

Los grupos de poder han orientado sus baterías a nuevos esquemas de desinformación, con la intención de incidir en los asuntos públicos y generar escenarios favorables a sus fines personales o de grupo. Es el caso de la derecha y el uso de las fakenews, como motor de una estrategia golpista en el carril de las redes sociales. La oportunidad para dicha apuesta por la desinformación vino con la pandemia del Covid-19, un fenómeno sanitario mundial, que ha significado una vitrina allende nuestras fronteras.

 

La estrategia golpista ha sido burda e incluso ha contado con cuantiosas inyecciones de recursos económicos, pero ha topado con la sabiduría del pueblo, del sector activo y plural que se expresa en redes y que ha hecho de internet una trinchera en defensa de la verdad. 

 

El 6 de mayo de 2020, el Presidente de México y el periodista Jenaro Villamil han planteado una caracterización puntual de la nueva estrategia de grupos de poder que se basa en las Fakenews para contagiar la peligrosa enfermedad del miedo social, la Infodemia.

 

De acuerdo a Villamil, la Infodemia:

  • Es un término utilizado por la OMS para referirse a la abundancia de información falsa (Fakenews) e insidiosa sobre la pandemia y su rápida propagación a través de las personas y usuarios de las redes sociales.
  • Su rápida transmisión es resultado del uso de algoritmos para direccionar mensajes a los usuarios más desinformados o temerosos. "Fórmula secreta que hace que nos llegue determinado contenido" a través de las redes sociales.
  • En México sucede básicamente a través de Whatsapp, donde se ha intensificado el compartir audios y videos distorsionados.
  • Genera percepciones negativas, pánico, vulnerabilidad, desconfianza social y prejuicios que criminalizan a las personas que padecen y/o atienden el Covid-19. Los ataques al personal médico tienen su origen en esta epidemia de comunicación.
  • Potencia teorías de la conspiración para criminalizar a una nación, etnia, clase social o profesión. Las teorías de la conspiración se emparentan con las negacionistas, que replican “el virus no existe”.
  • Su negocio es "intoxicar" las redes sociales, buscan un máximo de impacto en el tiempo más breve. Es una estrategia y no una casualidad.
  • Su rápida transmisión de información falsa genera miedo, histeria colectiva y polariza en lugar de generar solidaridad, empatía y acción social. 

 

Como ha escrito el Dr. Juan Ramón de la Fuente: "La angustia de no saber qué hacer por tanta información sesgada, manipulada, imprecisa e inexacta, que se vuelve viral, hace más daño que el Covid-19." 

 

¿Es casualidad que en la fase 3 de la pandemia en México, el tipo de información que está circulando para generar desconfianza tiene que ver con hospitales? Nos pregunta Villamil. No, no es una eventualidad, sino una estrategia para sembrar con precisión quirúrgica -en ese sistema de salud desmantelado durante décadas-, el punto vulnerable que demerite la acción de gobierno y acentúe el amarillismo. Un botón de muestra de la Infodemia, es lo que ocurrió en el Hospital de las Américas, en Ecatepec, Edomex. 

 

El economista Claudio Katz refiere: “La corona-crisis ha puesto de relieve, la extraordinaria gravitación del mundo digital. Ese tejido mantiene conectados a millones de individuos en medio de la parálisis laboral. Por primera vez en la historia, más de 1000 millones de personas están confinadas y al mismo tiempo comunicadas. Ese universo de redes afianza la incidencia de una revolución digital, que en el curso de la pandemia incrementó en 40% el tráfico de datos.” Por ello en el escenario descrito es importante estar atentos y no dejar crecer el contagio de la Infodemia.

 

Nuestra tarea es hacer valer el derecho a la información veraz, en el marco sí del respeto a la libertad de expresión por la que lucharon los jóvenes del 68, pero desde la trinchera personal cortando de tajo las cadenas de transmisión de información falsa y atendiendo las medidas oficiales preventivas ante la emergencia.

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