Desde que inició la pandemia los intelectuales que formaron parte del gobierno federal en administraciones pasadas han asegurado tener la receta para solucionar las problemáticas económicas y de salud producto del Covid-19, pero no se han dado cuenta de que lo único que proponen es imitar a otros países.
La exigencia de estos personajes –y de un minoritario sector de la población– para caer en la imitación, comenzó con el primer discurso de los mandatarios alrededor del mundo donde se posicionaban ante el Covid-19. Prueba de ello son los comentarios que se dejaron ver en redes sociales; ejemplo: “¡Quiero un presidente cómo el de Francia, él sí sabe!
Con esta situación me viene a la mente una frase de Julio Zamora Bátiz que me ayudará a desarrollar el tema tomando como ejemplo al país europeo antes mencionado: “Las imitaciones extra lógicas nunca han sido útiles a un pueblo; menos lo son cuando lo que se pretende imponer como modelo tiene defectos tan graves como los que se critican en lo propio”.
Para comenzar, es necesario precisar que entre el primer caso detectado en ambos países existe una diferencia de 20 días. Esto se debe seguramente a su ubicación geográfica y a la circulación internacional en los mismos. Sin dejar de tomar en cuenta lo anterior, al día de hoy México cuenta 36,327 casos confirmados y Francia 140 mil. El primero con casos diarios en decremento y el segundo, nuevamente, en crecimiento.
Después hay que tener presente que la población de México es casi el doble que la de Francia y también que Francia es la quinta economía más grande del mundo y México la decimotercera. En pocas palabras hay más recurso para atender a menos personas. Es evidente que el país europeo tiene ventajas sobre el nuestro.
Ahora veamos, el gobierno de Francia ordenó el confinamiento obligatorio desde las primeras semanas de marzo, mientras que México lo hizo hasta principios de abril y de forma gradual. En nuestro país no hubo medidas autoritarias pero sí responsables: se insistió en la sana distancia, en el cuidado de la higiene, y se le permitió a las empresas seguir trabajando.
Hoy, la estrategia mesurada del gobierno de López Obrador para combatir al Covid-19 se ve reflejada en la contracción del PIB –un fenómeno global– en el primer trimestre del 2020: mientras que en México sólo se contrajo un 2%, en Francia el 6%. Las propuestas radicales de los intelectuales mexicanos queriendo imitar a otros países de Europa han resultado inútiles.
Por último, es necesario abordar el tema del rescate económico: México no puede ni debe imitar las acciones de otros países. ¿Cómo pueden pensar que las medidas deben ser las mismas –por seguir con el ejemplo de Francia–, en un país que tiene 9 millones de pobres, frente a México, con casi 50 millones? Imposible. La propuesta de López Obrador de rescatar a los más vulnerables tiene una enorme razón de ser. No será necesario imitar a otros países para salir adelante.




