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miércoles, 13 mayo, 2020
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El neoliberalismo es más que un modelo económico; logró incrustarse en las entrañas del ser, creó un nuevo sujeto social que valora únicamente el esfuerzo individual y arrasa con cualquier tipo de solidaridad. Separó a la sociedad básicamente en dos entes: la élite y los ‘indeseables’. Giulluy afirma que más allá de la retórica de la apertura y coexistencia pacífica, la clase dominante desplaza a la clase obrera de los centros económicos; la élite demanda una mayor diversidad, pero aparta a los migrantes, a la clase trabajadora e inclusive a los sectores populares de la clase media(1). El conglomerado de los trabajadores fue excluido poco a poco del modelo económico, pasaron de conformar los valores mayoritarios de la época, a ser unos indeseables, unos deplorables. En el Estado de Bienestar europeo de posguerra, la clase media, la obrera y la élite se veían y sentían integradas en un proyecto común; en otras palabras, eran una comunidad, una sociedad en la que, a pesar de las desigualdades, la mayoría podía beneficiarse de la prosperidad de la época(2).
 

En El Ser Neoliberal, Laval y Dardot(3) expresan que el éxito del neoliberalismo se basó en el cambio del sentido común de las personas. La integración no ha sido una prioridad porque una de las máximas premisas de este modelo es la individualización: cada quien se hace cargo de su vida. El proyecto ya no se basa en la comunidad como medio para la satisfacción, sino en las aspiraciones individuales. 
 

La persona pasó a ser vista como capital humano, alguien que tiene que valorizarse sin cesar, tiene que hacer voluntariados, trabajar, actualizarse, generar experiencia, saber varios idiomas, identificarse con su empresa, etc.: una búsqueda por adaptarse al movimiento perpetuo del capital. Su capital es su vida, es una inversión. 

 

El individuo nunca está en equilibrio, en reflexión o en paz y no debe estarlo, tiene que autosuperarse permanentemente. En el mundo empresarial vemos mejor reflejado este modo de racionalidad, el emprendedor sólo puede crecer sino es absorbido por los tiburones de afuera. Su ganancia debe ser reinvertida para expandir su empresa, nunca puede detener su crecimiento porque vendrán otros a acabarlo. El modelo neoliberal sometió a la vida humana a un mismo criterio: la racionalidad económica, pero el cerebro continuamente se mueve por impulsos que nada tienen que ver con este criterio, el individuo tiene ocios, pasiones, emociones, entretenimientos que no le generan ninguna ganancia monetaria. 

 

De igual manera, los autores franceses de El Ser Neoliberal afirman que el modelo dominante ofrece espejismos de la libido a través de las mercancías, una especie de goce, superficial y fugaz, y que termina por ser insaciable. El neoliberalismo integró la pulsión como un aparato sin límites, a la ambición y la codicia, a una búsqueda interminable de ir por más. 

 

La individualización llega a tal punto que la muerte cada vez menos tendría que ver con la propia condición humana, sino con la competencia individual desmesurada. Cada quien gestiona su capital, así como su salud. En estos tiempos pandémicos, es más fácil imaginar una especie de pasaporte biológico que forme parte de nuestras prendas y nos indique nuestro ritmo cardiaco, tasa de colesterol, temperatura, etc. Así, la salud será responsabilidad de cada individuo y poco importarán las diferencias económicas que condicionan la alimentación o alguna predisposición genética. 

 

El coronavirus dejará dos vertientes básicas en nuestra manera de relacionarnos: ver en el otro una amenaza, que el aislamiento lleva a un individualismo más marcado, a un “sálvese quien pueda” o saber que sin la empatía por el otro, sin un bienestar general no hay manera de sobrevivir, “aquí nadie se salva solo”. 

Hemos descubierto que somos vulnerables y dependemos de que el otro esté sano y bien. Sin duda, de esta pandemia emergerá un nuevo sujeto social, la pregunta es ¿más neoliberal o más solidario? 

 

1.Guilluy Christophe, Twilight of the Elites: Prosperity, the Periphery and the Future of France. 2019. Yale University Press. P. 184. 

2. Guilluy Christophe, No Society. El Fin de la Clase Media Occidental. 2019. Taurus. P. 325

3.  Dardot y Laval, El Ser Neoliberal. Gedisa. 2018 P. 112

 

 

 

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