El sinvergüenza y cobarde
no admite sus fechorías
y casi todos los días
hace de cinismo alarde.
Pero más pronto que tarde
se verá, sin salvación,
junto a su amigo ladrón
asesino y narco aliado,
rapado y bien esposado
compartiendo la prisión.
El cobarde y sinvergüenza
anda por México libre
sin importarle el calibre
de su genocida ofensa.
Con aliados en la prensa
y bodrios editoriales
pretende ocultar los males
que su sórdida ambición
provocó a nuestra nación
y sus nexos criminales.
Si vergüenza le quedara
o si "agarrara valor",
decidiría que mejor
sería que se entregara.
Si valiente confesara
sus alianzas con hampones,
demostraría pantalones
y enorme capacidad
para tomar en verdad
difíciles decisiones



