Ciudad de México a 15 febrero, 2026, 11: 37 hora del centro.
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Puras mentiras

La cocina es el escenario en el que se debaten la fe y la desconfianza. Todo pasa por este dilema. Cuando recibimos alguna recomendación de tacos de canasta, por ejemplo, la clasificamos a partir de la voz que emite el mensaje. Si el emisor es alguien con probada autoridad acudimos al destino con la mitad del juicio decidido; por el contrario, nunca iríamos a un cita propuesta por una voz a la que no otorgamos el más pequeño crédito.

No es extraño que la cocina sea otra hija del cuento, y los cocineros –ocasionales, aficionados o profesionales– sean narradores que buscan salpimentar de verosimilitud sus más interesantes relatos. Si uno lo mira de lejos todo plato comienza con algo muy sencillo: había una vez. Había, por que ya no hay o ya no hay de la manera en la manera original de las cosas. Como el cuento, la cocina supone una transformación sustancial del ingrediente, del personaje al que le suceden las cosas. 

No se piense que cocinar es adornar, como escribir un cuento no es “crear situaciones interesantes” ni florituras verbales; en ambas actividades se trata de sustancia, de acción, de drama; en ambas es sencillo encontrar charlatanes porque las dos desnudan: se tiene o no.

El cuento no permite mentiras ni al escribirlo ni al leerlo, la cocina tampoco. Porque el relato que se cuenta es una acción transformadora o no lo es. Son un estilo y una postura. Si no se cocina pensando en un Knock Out no tiene sentido prender la estufa.

La cocina no está fuera de uno pero refleja lo que queremos ser, lo que aspiramos a tragar: un momento inolvidable, una vuelta de tuerca, un sabor en el que veamos todos los lugares del mundo al mismo tiempo. Porque al tomar el sartén y tirarle aceite se crea un arco narrativo que da pistas del desenlace: pero no es mentiroso ni arbitrario, es una sorpresa… una deliciosa contundencia. Como en el dominó, si el juego se abre a 6 se cierra a 6, la cocina no esconde sus ingredientes, los muestra de otra forma, los manipula, los transforma, los sublima.

Cocinar o escribir cuentos, da igual, se tratan de un solo objetivo: hacer que una persona contenga el aliento. Igualito al momento previo al beso, o salto de fe….en las dos tareas,  el fin está escondido en el principio: se tratan de fe y desconfianza, de crear con realidad sensaciones fantásticas. Terror, amor y esperanza.  

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