Ciudad de México a 10 febrero, 2026, 5: 49 hora del centro.
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Feminismo: la “mala” palabra

Feminismo: la “mala” palabra

En el universo paralelo constituido por el 1% de la población y los que se sienten que forman parte de esa categoría conocida como fifí, la igualdad de oportunidades resulta sinónimo de paridad en todo. 

Por el contrario las y los partidarios del feminismo que ha resurgido en México con más contundencia que nunca saben que la paridad cuesta y para lograrla es necesario que las leyes hablen de algo más que de igualdad de oportunidades; la promesa eterna de los gobiernos que promovían la libertad como condición para lograr el bienestar general y que falló a nivel mundial por dejar de integrar este tipo de elementos.

Integrado al grupo de los movimientos sociales de la década de los 70 del siglo pasado, el feminismo junto al pacifismo y el ecologismo promueve una transformación cultural profunda, es decir, una Revolución. Si bien los valores diversos han fomentado la diversificación de la oferta de estos movimientos, en el fondo lo que distingue al feminismo de los demás proyectos de izquierda es la concepción de la mujer en posición de igualdad intelectual y de necesidades especiales que la economía debería estar en posibilidades de cuantificar: el derecho de garantizar, la política de preservar y la administración pública de concretar.

Esta revolución ha echado mano de las acciones afirmativas y ahora lo hace de la paridad. Sin embargo el logro Constitucional que tiene por objetivo la paridad en todo debe replicarse en las entidades federativas, una meta cuesta arriba pero cuyo esfuerzo de mujeres anónimas, histriónicas, activistas, profesoras, amas de casa, altruistas, etc., poco a poco tiende a ocupar el lugar que le corresponde como proyecto de dignificación entre las relaciones de mujeres y hombres pues mujeres bien pagadas y que deciden reproducirse tienen mayores oportunidades de defenderse de una relación violenta, diversificar sus opciones en materia de salud, procurar mayor calidad en el cuidado de sus dependientes económicos y un acceso potencial a insumos que le provean de mayores oportunidades de desarrollo personal y comunitario.

La gran pregunta es para quienes actualmente se oponen a la paridad pero se encuentran en posiciones de poder: ¿están listas y listos para esta conversación?

 

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