El Presidente Andrés Manuel López Obrador presentó un decálogo para afrontar la nueva normalidad toda vez que el coronavirus llegó para quedarse. En los próximos meses tendremos que adaptarnos a una nueva convivencia que nos abrirá una gama de oportunidades para construir relaciones sociales basadas en la solidaridad y el amor al prójimo. Atrás deberán quedar las prácticas individuales que no nos permiten avanzar y en su lugar debemos impulsar los esfuerzos colectivos.
Mantenerse siempre informados de las disposiciones sanitarias.
La aparición del SARS-CoV-2 nos está reeducando en la prevención de la salud y en el cuidado de nuestros seres queridos. De ahora en adelante debemos seguir practicando la Sana Distancia, el estornudo de etiqueta, el lavado continuo de las manos y todas las medidas preventivas que nos brinden seguridad. En la nueva normalidad tendremos que permanecer atentos a las recomendaciones que emitan los científicos y los expertos en materia sanitaria y hacer caso omiso a las noticias falsas.
Actuar con optimismo. El buen estado de ánimo ayuda a enfrentar mejor las adversidades.
En el día a día de la lógica del modelo económico neoliberal lo que cuenta es la competencia, el egoísmo, el valor de las cosas materiales y la acumulación de productos de distinta índole. Esta dinámica genera malestar e insatisfacción en grandes sectores sociales que se ven imposibilitados de consumir lo necesario y comienzan a surgir padecimientos mentales como el estrés, la neurosis y otras más. El buen estado de ánimo que necesita la población deberá estar acompañado de políticas públicas diseñadas por los expertos e impulsadas por el Estado mexicano.
Dar la espalda al egoísmo y al individualismo y ser solidarios y humanos.
Una de las lecciones más importantes que nos dejará esta pandemia será develar la falsa idea de que el individualismo es la vía para la realización del ser humano. En esta nueva normalidad debemos aprender que es solo a través de la construcción de lazos solidarios como podemos darle viabilidad a la especie humana y que solamente en la colectividad podemos desarrollarnos individualmente.
No dejarse envolver por lo material. Alejarse del consumismo.
Las sociedades capitalistas caracterizadas entre otras cosas por el consumismo, han puesto en serio peligro la viabilidad del planeta. En la actualidad se calcula que existe más basura acumulada que la totalidad de los animales terrestres y estos deshechos humanos comienzan a invadir rápidamente los océanos. Es momento de reflexionar y de comprender que los bienes materiales no tienen el valor que nos han hecho creer ni que el consumismo nos lleva a estados de felicidad. Estas prácticas solamente acentúan la explotación de las personas y provocan serios daños al medio ambiente. Es un buen momento de alejarnos del consumismo y de cuidar y proteger a la naturaleza.
Recordar que ante el peligro de contagio de la enfermedad la mejor medicina es la prevención.
La prevención y la educación para generar ambientes saludables siguiendo las recomendaciones médicas. Estas prácticas deberán ser incorporadas a nuestra vida cotidiana y ejercerlas permanentemente. Cuidar asimismo a los grupos de la población con mayores riesgos como las personas mayores y las mujeres embarazadas.
Defender el derecho a gozar del cielo, del sol, del aire puro, de la flora y la fauna y de toda la naturaleza.
Para muchos sectores sociales estos derechos son invisibles o inexistentes porque hemos intentado absurdamente prescindir de la naturaleza. En las sociedades de consumo lo que importa es explotar a la naturaleza para producir mercancías que satisfagan nuestro individualismo. Ahora tenemos la oportunidad de iniciar una nueva relación con el medio ambiente y de disfrutar de sus maravillas. Debemos entender que la viabilidad del planeta con su flora y su fauna representa nuestra propia existencia.
Alimentémonos bien; optemos por lo natural, lo fresco y lo nutritivo.
Aprovechemos los cambios que se están generando y modifiquemos nuestros hábitos de vida principalmente los alimenticios. Los productos chatarra invaden nuestra vida diaria y han provocado una serie de epidemias como la diabetes, la obesidad y la hipertensión que han hecho estragos en la salud y en la calidad de vida de la población. Impulsemos la recuperación del campo mexicano que nos provee de alimentos saludables y nutritivos y apoyemos a las familias que viven de esa actividad.
Hagamos ejercicio acorde a nuestra edad o condición física.
Las otras epidemias que azotan a la población mexicana se deben combatir desde distintos frentes con la conducción del Estado: la prevención y educación para la salud; el cambio en nuestros hábitos alimenticios; la erradicación paulatina de los productos chatarra; la atención profesional de las enfermedades mentales; el arte, la cultura y el deporte. Es un buen momento para elevar nuestra calidad de vida.
Eliminemos las actitudes racistas, clasistas, sexistas y discriminatorias en general.
Grandes sectores poblacionales de la sociedad mexicana practican el racismo, el clasismo y la discriminación en general. Los sectores que más padecen de estas prácticas son las personas pobres, las que viven con algún tipo de discapacidad, las personas mayores, los integrantes de la comunidad LGBTTTI, los indígenas y las mujeres. Es momento que desde el Estado junto con las organizaciones de la sociedad civil empecemos a combatir y a erradicar estas prácticas que solamente lastiman y causan daño.
Tengas o no una religión, seas creyente o no, busca un camino de espiritualidad.
En la búsqueda permanente de nuestra razón de ser y en la comprensión de nuestra existencia cada persona encontrará su camino y decidirá los pasos a seguir. Cada quien buscará las respuestas que satisfagan su existencia en este mundo.
Este breve pero profundo decálogo es una invitación para transformar nuestros hábitos de vida y nuestra relación con el medio ambiente. Ante el colapso del modelo económico neoliberal tenemos la gran oportunidad de construir nuevas relaciones sociales basadas en la solidaridad, en el amor a la naturaleza y en una convivencia más armónica entre los seres humanos. Tal vez es la última llamada surgida desde la naturaleza para la preservación de nuestro planeta, nuestra casa común.


