De la afición por las comparac

De la afición por las comparaciones burdas

Existe una fascinación desmedida en los últimos días por usar datos -a modo- para generar una narrativa según la cual no existe política sanitaria o, si la hay, constatar que es un desastre, buscando encontrar chivos expiatorios y cortinas de humo para no asumir la responsabilidad de los muertos del Covid-19. El colmo ha sido equiparar la desaparición forzada de 43 estudiantes de Ayotzinapa por parte del Estado con los 43 mil fallecidos que hasta este sábado se reportaban en México por la pandemia bajo el hashtag: #NosFaltan43mil. Una comparación verdaderamente desquiciada. 

Y es que aman las comparaciones burdas.  

Empezaron argumentando que México ya superaba a España e Italia, los 2 países que después de Estados Unidos más escandalizaron al mundo por su rápido nivel de contagio y muertes. Cuando se señaló que aquellos países no tenían ni la tercera parte de la población de México, optaron por voltear a Japón: país con una población similar en cantidadque ha sorprendido por su baja estadística de mortalidad a causa del Covid-19. A ello se ha sumado la crítica a López Obrador y López Gatell, quienes no han hecho énfasis en el uso generalizado del cubrebocas como eje de la política de mitigación. Son unos “asesinos”, gritan, a pesar de que la OMS ha dicho explícitamente que “las mascarillas por sí solas no te protegen de Covid-19; no reemplazan la distancia física, lavado de manos y otras medidas”; que “se siguenreuniendo datos de investigación sobre su eficacia, riesgos e inconvenientes”; que “no hay pruebas directas de la eficacia del uso generalizado por parte de personas sanas para prevenir la infección”; y que, dado lo anterior y la existencia de entornos en las que no se puede garantizar la “sana distancia”, aconseja que los cubrebocas sean usados bajo un enfoque de riesgo. Estos entornos específicos son los espacios reducidos, cerrados y densamente poblados.  Si alguien ha visto las conferencias de las 7 de la noche, esa ha sido la recomendación en nuestro país. También es necesario rescatar que, en lugares como la Ciudad de México, ha habido una campaña más potente, con el ejemplo de la Jefa de Gobierno usando el cubrebocas en todo momento para fortalecer el mensaje. 

Pero volvamos a Japón y a la afición por el uso descontextualizado de los datos. Cierto es que aquel país comparte con México una alta densidad de población. También es verdad que una de sus políticas, acaso la única, porque ni estableció cuarentena obligatoria ni realizó pruebas a diestra y siniestra, ha sido el uso de cubrebocas. Pero ¿qué creen? Según el Imperial College of London,nuestro país ocupa el segundo lugar en el mundo en uso del cubrebocas, antes en la lista que España, Hong Kong, Italia, Tailandia y… ¡Japón!

¿Será que los nuestros son malos? O tal vez, quien sabe, existen otros factores que hacen que en Japón funcionen mejor. Pienso, no sé, en que lleva décadas catalogado como el segundo país con mejor sistema sanitario en el mundo,porque allá no lo desmantelaron y existe un acceso generalizado. Pondero también que su población tiene bajos índices de obesidad y que no tiene que lidiar con niveles tan altos de enfermedades como la diabetes o hipertensión. Algo habrá hecho Japón para mantener a raya la comida no saludable de escuelas y de los hábitos alimenticios de las familias, ¿no? Podría ser también que es uno de los países desarrollados con menor índice de desempleo y diferencia de ingresos, para que las personas pudieran “guardarse voluntariamente” cuando se les pidió sin que colapsara la economía de gran parte de la población. Podría deberse, también, al hecho de ser una de las naciones con mayor distribución gratuita de agua potable a nivel global. 

¿Es muy loco pensar que, si hablamos de una política sanitaria, deberíamos hablar de la integralidad de una serie de circunstancias por las que se debe trabajar urgentemente en México? Y, si medimos responsabilidades, ¿no habría que señalar más bien a quienes sistemáticamente buscan evitar que se hable o se haga algo para cambiar esas circunstancias, enfocándose en si el Subsecretario de Salud usa o no usa el cubrebocas cuando come? Pregunto.

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