La hipocresía de la oposición: Fuerzas Armadas demuestran mayor capacidad y lealtad que nunca

La semana pasada, tras la decisión del Presidente de incorporar a las Secretarías de Defensa y Marina a las tareas de control portuario y de aduanas –instancias hoy encabezadas por funcionarios honestos y de primer nivel– no se hizo esperar la reacción de la oposición, que por lo visto tenía intereses en que continuara el trasiego de mercancía ilegal, sustancias y armas al país.

Son los mismos opositores que desde la sociedad civil simulan estar en contra de la participación de las fuerzas armadas en tareas de seguridad, pero que la semana pasada se decían ‘deprimidos de saber que la demostración de poder del crimen organizado en Jalisco no tendrá ninguna respuesta del Gobierno’, sugiriendo que era necesaria una respuesta o demostración de poder proporcional por parte del Estado tras el video que circuló en redes el cual muestra a presuntos sicarios del CJNG.

Lo que se observa en el video es más bien un montaje en el que participaron unos 70 sicarios y 19 vehículos –que por cierto, según expertos en seguridad la mayoría eran camionetas comunes o tenían blindajes hechizos– que los opinadores todólogos de Twitter comparaban con la fuerza del Ejército Mexicano, lo que es ridículo ya que el nuestro es el cuarto ejército más grande del continente y el segundo de América Latina.

También es ridículo que se atrevan a afirmar que el gobierno mexicano no ha tomado ninguna acción contra los grupos delincuenciales cuando la realidad es que este gobierno ha combatido como ningún otro al crimen organizado, aunque lo ha hecho con tres notables diferencias: 1. que ese combate no es simulación como en otros gobiernos cuando narco y Estado eran lo mismo, 2. que se ha dado con inteligencia en vez de balas para evitar el derramamiento de sangre, y 3. que las investigaciones criminales llegan hasta las últimas consecuencias sin importar si resultan implicados los poderes económicos o políticos, antes intocables.

Lo que vimos en el video del cual fungieron como replicadores e instrumento de difusión los opinadores neoliberales y medios conservadores –volviendo más relevante un mensaje que iba dirigido a otro cartel– fue, más que de fuerza, señal de debilidad. Aunado al atentado contra el secretario de Seguridad Ciudadana capitalino, es muestra de que se terminó la complicidad entre autoridades y criminales.

Lo más grave es que el reaccionismo histérico de la oposición no se limitó a criticar la decisión del Presidente sino que aprovecharon para golpear mediáticamente y paradójicamente también para minimizar la capacidad de una de las instituciones más importantes, profesionales y eficientes del país: nuestro Ejército, del que debemos estar orgullosas y orgullosos todos los mexicanos, no solo por su capacidad, que lo ubica entre los 35 ejércitos más importantes del mundo, sino por las innumerables aportaciones a la vida pública del país en tiempos de paz, como actividades culturales y deportivas, y ante desastres naturales, como el Plan DN-III.

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