¿Para qué quieren recuperar la

¿Para qué quieren recuperar la mayoría?

En días pasados un grupo de “intelectuales” firmaron una carta pidiendo, entre otras cosas, generar un bloque amplio para formar una mayoría opositora en la Cámara de Diputados en las elecciones de 2021. El objetivo, según, es que el Poder Legislativo vuelva a ser un “contrapeso institucional” respecto al Ejecutivo.

Coincide la publicación de esta carta con la llegada a México de Emilio Lozoya, el ex director de Pemex durante el gobierno de Peña Nieto, acusado de desvíos multimillonarios y recientemente –mediante filtraciones a medios de comunicación-, de la posible existencia de sobornos a legisladores del PAN para la aprobación de la reforma energética que abrió el sector petrolero a la inversión privada. Se habla de al menos 52 millones de pesos y 6.8 millones específicamentepara Ricardo Anaya.

Estamos en espera de tener información oficial por parte de la FGR, pero lo que ha trascendido es totalmente congruente con cómo se daban las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo en la época de la mafia del poder: aparentemente había dialogo, discusión, “contrapesos institucionales”, pero en realidad lo que prevalecía era el tráfico de influencias y jugosos sobornos. Era una división de poderes simulada, falsa, que dependía de la compra-venta de voluntades, a veces directamente a los coordinadores de cada partido, a veces a cada legislador.

Independientemente de los datos que pueda aportar el señor Lozoya, la corrupción estaba institucionalizada en San Lázaro más allá de estos sobornos. La Cámara de Diputados, como se sabe, tiene la facultad para aprobar el Presupuesto de Egresos de la Federación. Esto implica discusiones amplias y tardadas, pero el PRIAN encontró una fórmula mágica para “facilitar” estas discusiones: el famoso ramo 23, que no es otra cosa que asignaciones presupuestales para cada diputado, desde 20 millones de pesos hasta 40 o 50, según la capacidad del legislador. Dichos recursos se entregaban con casi nulos mecanismos de rendición de cuentas, así que casi siempre terminaban en los bolsillos de los “honorables diputados” y sus alcaldes compañeros de partido. Inauguraban caminos con sobre precio, repartían despensas, hacían obras para el lucimiento personal y el beneficio electoral ¡desde el Poder Legislativo! El ramo 23 es el de los moches.

El voto popular de 2018, además de llevar a la Presidencia de la República a Andrés Manuel López Obrador, le entrego a la Coalición Juntos Haremos Historia la mayoría en ambas cámaras. El reto es grande, y lo primero es devolverles la dignidad a estos recintos legislativos. La figura del diputado está muy desprestigiada: años de corrupción y prepotencia han manchado la imagen de los representantes populares. Cuando me llamaron para avisarme que muy probablemente sería Diputado Federal, me encontraba en medio de mi trabajo informal como cajero en un bar de mala muerte y, honestamente,sentí, primero que nada, un poco de vergüenza. ¿Qué estamos haciendo para revertir este desprestigio histórico que lleva a identificar “diputado” con “corrupto”? De entrada, se eliminó el esquema de asignación de recursos a diputados a través del ramo 23, que era absurdo: hacer obra pública no es nuestra función. Eso ayuda a tener por fin una división real de poderes. En segundo lugar, se aplicaron una serie de medidas encaminadas a tener un Congreso austero; la demanda popular era que no puede haber gobierno rico con pueblo pobre y lo acatamos. Quitamos vales de gasolina, despensa, seguros privados, coches y viajes. Gracias a esos recortes, no sólo ahorramos más de 1600 mdp en 2019 sino que devolvimos otros 227 millones de pesos a la Tesorería. 

Compartimos un proyecto común con el Presidente de la República, eso es innegable y nos llena de orgullo. Aun así, todas las iniciativas que han surgido desde el Poder Ejecutivo han sido discutidas y modificadas, y otras de gran relevancia han surgido en forma totalmente independiente en el Legislativo. La austeridad no ha significado un deterioro en la producción legislativa: se han reformado 19 artículos constitucionales y 180 leyes, y se han creado 22 nuevas. Lo más importante: la Guardia Nacional, tumbar la reforma educativa antimaestros, elevar a rango constitucional los apoyos a adultos mayores y personas discapacitadas, la consulta popular, la revocación de mandato, Ley de Austeridad, la de Amnistía, la de los Etiquetados Claros, la del Maíz Nativo… Vamos en el camino correcto: que se entienda que ser representantes populares debe ser motivo de orgullo, no de vergüenza, que debemos parecernos a nuestros representados.

¿Qué es lo que extraña la derecha de sus tiempos como mayoría legislativa? ¿Ser un contrapeso institucional, o cobrar jugosos moches a cambio de la aprobación de leyes y reformas?

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