Ciudad de México a 15 febrero, 2026, 11: 04 hora del centro.
Ciudad de México a 15 febrero, 2026, 11: 04 hora del centro.

De sobrepeso, caricaturas y la gordofobia

Recientemente se publicó una historieta como parte de la campaña contra la obesidad emprendida por el Gobierno de México para revertir los graves problemas que conlleva esta condición de salud.

Como es habitual, las críticas hechas al trabajo del Fisgón salieron a relucir y, lejos de enfocarse en el mensaje principal de la historieta, el ruido mediático lo colocó como un atentado contra las personas con problemas de sobrepeso u obesidad. 

Sin querer caer en esa falsa isla de ideas sin partido que es la “buenaondez” y el discurso “woke” -tan habitual en las redes y ese chat de las colonias más acaudaladas del centro del país llamado Twitter-, sí es importante matizar el pretendido mensaje y las críticas vaciadas al respecto. Es verdad que existe una serie de viñetas desafortunadas por parte del caricaturista, por ejemplo: decir que una persona con sobrepeso tiene un “cuerpo chatarra”, solo caricaturizar a la malnutrición con personas obesas (omitiendo que hay personas delgadas que de igual manera no están bien nutridas) y que se caiga en una idea grotesca sobre la obesidad. 

Quien conoce el trabajo del caricaturista en marras sabe que lo suyo nunca ha sido un mensaje delicado o una caricatura políticamente correcta (¿cuál sí lo es?), por lo que en esa denuncia fuerte sobre los excesos calóricos y la chatarrización de nuestras dietas a raíz de los grandes corporativos queda invisibilizada por lo grotesco de alguien gordo comiendo encima de un bote de basura. 
Aunque el mensaje ilustra los excesos de una dieta rica en conservadores, azúcares y aditivos, su fracaso se debe a que no cuenta con la asesoría necesaria para entablar el diálogo con un grupo poblacional que sufre a diario por vivir en un cuerpo que no atiende los estándares del mundo neoliberal occidental. Esto puede generar más conflictos y da elementos a que los “eternos decepcionados” de que “somos iguales o peores” a otros gobiernos. 

No coincido con las voces que tildaron de violento el trabajo del Fisgón, pero sí concedo que no hubo un filtro necesario para mostrar los problemas de padecer obesidad, sobrepeso y malnutrición. No todo el sobrepeso se debe a que alguien come mal, ni todo cuerpo delgado está sano. La obesidad (y la malnutrición por chatarra) es un problema de salud pública que debe ser atendido desde una perspectiva integral, que se enfoque en las personas y en la sociedad (cómo ayudarnos a no acosar a quienes sufren este problema de salud; que las personas que lo padecen no romanticen que su cuerpo es solo un constructo de la sociedad, sino que merece una atención personalizada con ayuda de especialistas). 

El etiquetado claro es un pequeño paso para iniciar una salida a la grave pandemia de malnutrición que padecemos, así como sus consecuencias a mediano y largo plazo. La comunicación en temas tan sensibles es fundamental, y aunque el propósito de estos mensajes sea el de hacerlo más amenos al Pueblo, si no contamos con la guía de los especialistas -por muy bueno que pueda ser el mensaje- fracasaremos en nuestro propósito de cambiar la malnutrición que nos heredó el neoliberalismo en México. 
 

Etiquetas

Facebook
Twitter
LinkedIn