Ciudad de México a 7 febrero, 2026, 16: 59 hora del centro.
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La primera vicepresidenta de EEUU: lo bueno, lo malo y lo peor

La primera vicepresidenta de E

La semana pasada muchas personas estuvimos al pendiente de las elecciones presidenciales de Estados Unidos. El resultado del proceso fue la obtención de los 270 votos del colegio electoral necesarios para el triunfo de Joe Biden y Kamala Harris como presidente y vicepresidenta. Ambos pertenecen al Partido Demócrata, el «menos» conservador de las dos grandes organizaciones partidistas de Estados Unidos. 

Kamala será la primera mujer en ocupar la vicepresidencia de EE. UU.. Harris es una mujer de origen extranjero y racializado. Este fenómeno es importantísimo y por ello es necesario discutir los efectos políticos de su triunfo «con pincitas» críticas y bien matizadas. 

Lo bueno: la representación simbólica es relevante en la construcción del sentido común. A las niñas y niños no les parecerá extraño ver a una mujer racializada en una posición de poder en la política estadunidense. La misoginia normalizada que fiscaliza mucho más a las mujeres que buscan el poder, en comparación con sus colegas varones, está más cerca de difuminarse. El papel no consciente de Kamala en la normalización de que haya mujeres en posiciones relevantes, es sí o sí relevante y con posibles efectos positivos. 

Lo malo: la representación simbólica no significa representación sustantiva. El hecho de que Harris pertenezca o esté vinculada -más de origen que de militancia- a grupos que históricamente han sido oprimidos, no significa que ella abogará por los intereses de dichas agrupaciones. La agenda particular de Kamala no la conocemos, pero sí sabemos que ha votado en contra de iniciativas que protegen los derechos de las trabajadoras sexuales; es pro-Israel; su postura no es tan clara respecto de la pena de muerte, y como senadora votó en contra de iniciativas que buscaban legalización de mariguana. 

Lo peor: la línea que divide la crítica política hacia las mujeres y la reproducción de micro actitudes misóginas es delgada. Por un lado, es importante para gran parte de la militancia feminista que no sólo haya mujeres en posiciones de poder, sino que tengan una agenda que amplíe y proteja los derechos de todas las personas. El problema es que a las mujeres que alcanzan el poder les exigimos más que a los hombres: sé más progresista, sé más popular, busca más derechos. En ese momento es cuando la línea se adelgaza. 

El horizonte deseable es una crítica aguda y certera sin que ésta sea misógina. La llegada de Kamala es un triunfo simbólico pero muy abstracto para las mujeres.  La tarea obligada para las compañeras que construimos militancia feminista es la de buscar ser nosotras y nuestras alianzas quienes ocupen espacios de poder. Lo que está pasando hoy en la política estadunidense da pie a discutir: ¿cuáles son los límites de la crítica hacia otras mujeres que hacen política? ¿cómo conciliar un triunfo abstracto para las mujeres con la necesaria exigencia de un proyecto que proteja al Pueblo? 
 

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