Ciudad de México a 7 febrero, 2026, 7: 56 hora del centro.
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Oposición sin rumbo

Estamos a unos cuantos meses de las elecciones más grandes de la historia de nuestro país y es sorprendente la falta de visión y comprensión de lo que aqueja a los mexicanos por parte de la oposición. El debate público y las discusiones sobre el acontecer nacional se dan únicamente dentro del amplio movimiento de la Cuarta Transformación.

Han pasado más de dos años del triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador y del movimiento de regeneración nacional, mientras la oposición sigue sin poder construir una narrativa alternativa que le haga sentido a la gente. Su única y exclusiva convicción es la de no ser el Presidente de México; la agenda que defienden es estar en contra de cualquier decisión del Gobierno Federal. 

No hay un solo actor político de agrupaciones partidistas de oposición capaz de interpretar las demandas del Pueblo de México. Han tenido que recurrir a exdirigentes, exsecretarios de Estado, y hasta expresidentes para enarbolar las causas de la reacción. Lo más significativo de esto no es que crean que pueden aportar algo novedoso y útil al país que se encargaron de destruir, sino que piensan que los mexicanos no tenemos memoria y que les vamos a comprar su discurso barato. Convirtieron todo el territorio nacional en un cementerio, empobrecieron a gran parte de la población, dejaron inoperantes los servicios de salud y educación y no se robaron más porque no les cupo en la cartera. Hoy tienen el cinismo de decir que todos los males que aquejan a México son culpa de la actual administración y que ellos son la alternativa que necesitamos. Poca vergüenza y mucha lengua.

Ante la falta de cuadros y una idea de país clara que propugnar, la oposición ha tenido que recurrir a personajes fuera de la política partidista: empresarios, pseudointelectuales y propagandistas del viejo régimen de corrupción. Diario, en los grandes medios de comunicación, se pasean a repetir las mismas obsesiones y prejuicios de hace años; dicen tener la verdad absoluta de todos los temas y creen que sus estudios en el extranjero les dan legitimidad para decidir qué le conviene o no a México y qué no, todo detrás de lo que ellos consideran ciencia y de la falsa neutralidad. El mismo conjunto de merolicos neoliberales firman desplegados, denuncian a diestra y siniestra y dicen tener la solución a todos los males, a pesar de durante la gestión de los partidos que apoyan de manera disfrazada no entregaron resultados. Lo peor de todo es que, a pesar de controlar los medios de comunicación y tener la cancha libre para decir sus ocurrencias y atacar al Presidente, tienen la audacia de vociferar que en México no hay libertad de expresión.

En las últimas semanas hemos visto cómo todos estos actores han ido quitándose la máscara de a poco y se van aglutinando en frentes comunes para oponerse al proyecto transformador: ya sea en grupos de políticos fracasados como el Todos Unidos contra Morena (TUMOR) o “Sí por México” (impulsado por el evasor de impuestos e hijo del asesor de Carlos Salinas de Gortari, Claudio X González), o en grupos partidistas y de representantes como la Alianza Federalista (formada por gobernadores poco serios que juegan a ser el contrapeso al Presidente, amenazando con romper el pacto fiscal a pesar de que el actual les favorece). Celebro que sean honestos consigo mismos y que unan sus irrisorias fuerzas, para que a la hora de votar las opciones sean dos muy claras: seguir cambiando el estado actual de las cosas o regresar al régimen corrupto.

Todos esos grupos tienen en común, además de hacer el ridículo cada semana, que no tienen nada original que proponer. Se han ganado, con mucha razón, el desprecio del Pueblo; la gente es consciente de lo que representan y las banderas que defienden. México ya cambió y no volverá a los tiempos donde solo unos cuantos tomaban decisiones y se repartían el dinero del erario. “El Pueblo no es tonto, tonto es el que piensa que el Pueblo es tonto”. 

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