Ciudad de México a 15 febrero, 2026, 11: 19 hora del centro.
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Este año, la fijación del salario mínimo será más complicada que en otras ocasiones. Están en juego más factores que pueden afectar a los y las trabajadoras, y a las empresas. Aunque es entendible que existen preocupaciones válidas para temer un incremento en el salario mínimo en este contexto de crisis, la verdad es que la evidencia empírica de varios países muestra que el salario mínimo puede abonar a una recuperación más rápida que beneficiaría a trabajadores y empresas.

 

El alza en los salarios mínimos para el próximo año podría tener dos efectos. Por una parte, elevarlo podría aumentar el ingreso de los hogares mexicanos, en particular los que menos ganan, lo que permitiría acelerar la recuperación mediante el consumo, incentivando nuevas fuentes de empleo y manteniendo las existentes, creando un círculo virtuoso. Para las familias que reciben ingresos por trabajo subordinado ese ingreso laboral representa 75.5% del total de sus ingresos.

 

Por ejemplo, durante la crisis económica mundial de 2007-2009 se elevó el salario mínimo en Brasil en 6% en términos reales en 2009, lo que ayudó en la recuperación en 0.7% del PIB, mejoró la distribución del ingreso, redujo la brecha salarial entre hombres y mujeres y entre afrodescendientes y no afrodescendientes, y contribuyó a reducir la pobreza entre la población (Berg, 2009; ILO, 2014). Una estrategia similar se siguió en Chile (Marinakis, 2019), Reino Unido (Bryan et al., 2012) y otros países europeos (Dobre-Baron, 2011) para proteger a los trabajadores, evitando reducciones salariales demasiado grandes por parte de los empleadores. En el Reino Unido, el aumento del salario mínimo durante la recesión no incrementó el desempleo, tampoco disminuyó la probabilidad para los desempleados de encontrar trabajo (Bryan et. al 2012).

 

El gobierno de México sigue el principio de proteger a los trabajadores, no a los puestos de trabajo. Esto implica que no se busca mantener puestos de trabajo a cualquier costo, sino que los puestos de trabajo sean dignos para los trabajadores, que paguen salarios suficientes para mantener a su familia y que respeten sus derechos laborales. Por tanto, la política de incrementos al salario mínimo continuará en los próximos años. La meta del salario mínimo ya está definida: el salario mínimo debe ser suficiente para mantener al trabajador y un dependiente económico. Por tanto, el incremento de 2021 debe contemplar este objetivo. Si el salario mínimo no se incrementa suficiente en 2021, esto tendrá que ser invariablemente compensado en los próximos años.

 

Finalmente, también se debe analizar en el Consejo de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CONASAMI) la inclusión de dos profesiones que han sido olvidadas: el trabajo del hogar y los jornaleros agrícolas. En esta nueva fijación se deberá reformar el sistema de salarios mínimos de Conasami, así como agregar estas dos profesiones. Actualmente, la Comisión ya cuenta con estudios sobre la situación socioeconómica de las diferentes profesiones que tienen salario mínimo, con especial énfasis en las trabajadoras del hogar y los jornaleros agrícolas. En estos estudios se toman en cuenta varios factores, como las condiciones de vida, las necesidades de los trabajadores, la marginación, tamaño de grupos vulnerables, así como el alto grado de informalidad que existe en ambas profesiones. Por tanto, el Consejo tendrá bastante información para tomar una decisión al respecto.

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