Ciudad de México a 7 febrero, 2026, 16: 41 hora del centro.
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Morena, ¿lecciones aprendidas?

Recientemente se celebraron elecciones en dos estados en los que el PRI nunca ha dejado de gobernar: Hidalgo y Coahuila. En plena pandemia tuvimos elecciones con todo lo que ello implica; evidentemente, la participación ciudadana fue limitada y en los escenarios donde hay poca participación, los partidos con mayor estructura tienen ventaja. El PRI, específicamente, encuentra en el abstencionismo su principal aliado, aunque un sector de morena asuma al PAN como el gran perdedor en un intento de borrar las culpas. Es innegable la falta de organización, visión electoral y una sobrada carga de soberbia que hizo no ver al lobo dentro del gallinero. ¿Habremos aprendido la lección? No olvidemos que como claramente ilustró Rafael Barajas “El Fisgón”, en cuestiones electorales vamos perdiendo 2 a 0.

No haré un recuento de los resultados electorales durante los mandatos de Yeidckol Polevnsky y Alfonso Ramírez Cuellar, pero puedo decir que ambos estuvieron distraídos en temas de control interno del partido y mostraron total incapacidad de coordinarse en el proyecto verdaderamente importante: la consolidación de la Cuarta Transformación y la definición de MORENA como partido de vanguardia para este momento histórico. El error en la táctica electoral sacude, por supuesto, la estrategia nacional encabezada por Andrés Manuel López Obrador, pues hasta este momento, el partido lejos de ser una herramienta de consolidación, movilización, defensa y organización. Se ha convertido en un lastre y sumado a eso, ambos dirigentes se han ido por el lado del partido electorero y ni siquiera pudieron entregar buenos resultados en lo que estaban impulsando.

Si bien es cierto que no todo el obradorismo está en el partido, ni todo MORENA es obradorista (lamentablemente), muchos/as no lo tienen claro. Creer que la sola figura del presidente es suficiente para resultados electorales favorables es un error, van dos ocasiones que se demuestra. El obradorismo tiene su médula en el movimiento social, en el contacto permanente de la gente, en las calles como elemento organizativo y en la plena convicción de que no se puede avanzar políticamente hablando con las mismas formas de la política tradicional. MORENA, luego del triunfo del 2018, no ha sabido reencontrarse con lo que venía construyendo y se integró de lleno (o al menos las dirigencias) a la dinámica rancia de las lastimosas prácticas de buscar no al Pueblo sino al electorado. Sumado a esto, el triunfo histórico y avasallador de hace dos años creó una especie de ego infundado que ha hecho pensar a la militancia y a las dirigencias que ese inusual comportamiento electoral, se iba a mantener, pero eso es un error táctico y estratégico.

Ganarle al PRI una vez en las urnas como ocurrió en el 2018 no significa la muerte de aquel partido, dado que esa forma torcida de relacionarse con la política, sumada al modelo neoliberal implementado por ese partido, se convirtió en una cultura política. Podemos decir que la derrota completa del priísmo, con todo lo que representa, pasa por transformar todo el sistema que va desde lo económico hasta lo político, pasando por lo cultural, y parecería que el único que lo ha entendido es el propio presidente quien no ha encontrado en MORENA un aliado en esta lucha permanente.

Los descalabros electorales de este año deberían de servir para alistar el camino hacia 2021, ya que una derrota más en este punto del camino sería trágico para todo el proyecto de la Cuarta Transformación. No hay margen de error en tan importante empresa y eso debe asumirlo la nueva dirigencia que deberá, en primer término, curarse las heridas y reunificar al partido en torno a un objetivo común: la defensa del proyecto transformador. Recupero, nuevamente, la reflexión  de “El Fisgón”: “Llevamos meses, años, gritándole a Andrés Manuel que no está solo, pues ahora es cuando más tenemos que estar con él”.

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