Ciudad de México a 18 febrero, 2026, 18: 55 hora del centro.
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Más allá del sensacionalismo de los medios respecto a la reticencia del presidente Andrés Manuel López Obrador a lanzar, como muchos de sus pares, un comunicado de felicitación inmediato al virtual candidato ganador de la elección estadounidense, Joe Biden, hay que plantear las dificultades y las oportunidades que se abrirían en caso de que, en efecto, fuera investido como presidente de los Estados Unidos. 

Desde los medios demócratas se prevé que, ante ese panorama, la relación bilateral será fluida y que la era de la hostilidad discursiva hacia los migrantes mexicanos será parte del pasado. Sin embargo, algunos temas preocupan a los  analistas mexicanos por el antecedente de que históricamente la relación entre ambos países ha sido más fructífera con las administraciones republicanas -por ejemplo, como la amnistía a la inmigración de Ronald Reagan o la firma del TLCAN con George H. W. Bush- que con los gobiernos demócratas. Llaman mi atención, especialmente, los siguientes tres temas de la relación bilateral:

  1. Una de las realidades a las que seguramente nos enfrentaremos, como ha expresado la investigadora María Dolores París Pombo de El Colegio de la Frontera Norte, es que incluso si Biden cancela la construcción del muro y reinstaura el programa de Barack Obama “Dreamers”, las restricciones migratorias seguirán siendo estrictas. Otro problema que se avecina es que probablemente los demócratas presionarán más a México en temas referentes al salario mínimo de los trabajadores en el marco del T-MEC. Pero aún a pesar de lo que muchos periodistas mexicanos han intentado apuntar, Biden ha mantenido una postura en la que se puede interpretar que se respetará el acuerdo tal como fue aprobado, sin necesidad de iniciar una renegociación.  

En el tema de migración, llama la atención una posible consonancia del gobierno entrante de Estados Unidos con el Programa de Desarrollo Integral para Centroamérica impulsado por el gobierno del Presidente Andrés Manuel, dado que mientras Biden fue vicepresidente promovió el envío de ayuda a Centroamérica bajo la promesa de bajar los niveles de corrupción. En ese sentido, podríamos prever que la actuación de México como el país que debe contener la migración hacia Estados Unidos podría matizarse, para cambiar esa retórica hacia un acuerdo en el que ambos países colaboren para enfrentar las causas que empujan a decenas de miles de centroamericanos a dejar su casa e ir en busca de una mejor vida. 

  1. Los temas realmente preocupantes de la agenda -no porque necesariamente vayan a generar un desbalance serio, sino porque la política liberal de Biden se presenta como una amenaza- son relativas al tráfico de armas y a la soberanía energética de nuestro país. Biden ha proclamado que se solicitará al Bureau de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos elabore reportes anuales que provean de información que permitan la elaboración de estrategias concretas que eliminen el tráfico de armas. Sin embargo, al considerar que él era el vicepresidente cuando se estableció la “Operación Rápido y Furioso”, misma que actualmente está bajo investigación de la Fiscalía General de la República con la finalidad de definir a los responsables de esta fallida estrategia que devino en miles de muertes de mexicanos, resultará interesante ver de qué manera se trabaja este aspecto. Además, preocupa la continuación de los procesos abiertos en Estados Unidos para los exfuncionarios mexicanos Genaro García Luna y el General Cienfuegos.
  2. El tercer tema tiene que ver con la soberanía energética de México, la cual se presenta como el aspecto que más tensiones puede generar dentro de la relación bilateral. En principio, una de las dificultades de que Joe Biden empuje una agenda de cero emisiones que sea alcanzada en 2050 y que abarque todo el territorio del continente americano implica una desconsideración a las diferencias con las agendas nacionales de los distintos países latinoamericanos, como es el caso de México, Bolivia y Venezuela, principalmente. Además, las restricciones a contratos internacionales en el sector de energías renovables del presidente López Obrador puede contravenir los principios firmados en el T-MEC. También, se especula que las acciones que López Obrador quiere tomar para privilegiar el control estatal de estas compañías podrían ser interpretadas por el gobierno demócrata como una deuda de México a Estados Unidos por las inversiones que ya han realizado en estos sectores.

En conclusión, el reto para México es mantener sus intereses de desarrollo nacional, a la vez que se aprovechan las oportunidades de colaboración en materia de inversión hacia el sur del país y hacia las naciones centroamericanas. Hay que hacer notar que probablemente no habríamos tenido estas preocupaciones si el nuevo panorama de la 4T no fuera recuperar todo el terreno cedido a Estados Unidos durante el periodo del neoliberalismo, pero que aun así, México se muestra como un Estado fuerte y consolidado que no tiene que saltar ante cualquier suceso que tenga lugar del otro lado de la frontera para mantener su posición estratégica en la política exterior de Estados Unidos. ¡Que tiemblen los que tengan que temblar, México ve hacia adelante!

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