México dio un giro histórico y político cuando el 1 de julio de 2018 Andrés Manuel López Obrador y MORENA arrasaron en las urnas. Su triunfo representó el fin del viejo orden de privilegios, corrupción y desatención a las y los más pobres de nuestro país. Así pues, podemos hablar de que somos testigos de un cambio de régimen, no solamente un cambio de administración y, por tanto, hay que analizarlo y entenderlo como tal. Después de décadas de agravios sistemáticos e institucionales en contra de los más desprotegidos, por fin podemos decir que tenemos un gobierno del Pueblo y para el Pueblo.
En ese sentido, no me sorprende la agresividad, banalidad y absoluta irrelevancia de la oposición. México, violentado por la corrupción y el individualismo de la larga noche neoliberal ya estaba de por sí muy polarizado. Existen dos realidades distintas en nuestro país, quien no tiene ni para la comida del día y quien es inmensamente rico, viviendo los excesos y la alta alcurnia de la sociedad fifí mexicana. No declaro en contra una vida cómoda o con gustos. Declaro en contra de que para una minoría sean privilegios y no sean derechos adquiridos para las mayorías. Hoy la Cuarta Transformación evidencia dicha disparidad en oportunidades y condiciones de vida, e intenta irremediablemente atender estos abusos y desigualdades. Para ello, se hace absolutamente necesario terminar con los privilegios de una élite rapaz que se sentía ama y señora de las decisiones sobre la vida pública nacional. Por todo ello, le han salido ronchas al bloque opositor, pues acusan al Presidente de polarizar y dividir. Desde su burbuja de total egoísmo, maldad e insensatez, no se dan cuenta que son sus privilegios, arreglos cupulares y abusos los que habían dividido en una sociedad incapaz de atender al olvidado y dejar de proteger al privilegiado. Es irónico: se le daba más a quien más tenía y se atentaba contra quien menos tenía. Eso se acabó.
Hoy, la mayoría de los actores políticos de la Reacción se ha agrupado en un mismo bloque de derecha. Dice el Presidente que la doctrina de los conservadores es la hipocresía, y cuánta razón tiene;la oposición ha optado por quitarse las máscaras, dejándose ver como lo que son: unos hipócritas, pues dicen odiar la polarización —natural y necesaria en todo cambio de régimen— pero adoran la desigualdad perpetuada por su corrupción y arreglos cupulares a la sombra del poder público. Celebro que sean capaces de defender los intereses que los mantuvieron en espacios de poder, mismos que nunca pusieron al servicio de los demás y utilizaron para enriquecerse. Por eso no volverán, ni los dejaremos volver. México tiene mucho Pueblo que resulta ser un sujeto político analítico y capaz de tomar sus propias decisiones en un ejercicio inédito de soberanía. Los corruptos, vende patrias y quienes usaron al Estado como su banco personal no tienen cabida en estos tiempos. Andrés Manuel López Obrador representa a ese Pueblo en la arena política y no permitirá el regreso de los abusos.
En un pais justo, de derechos, incluyente y que pretende atender a quienes sufren de mayores dificultades, la corrupción no puede ni debe ser tolerada. A través de grupos de odio como Todos Unidos contra Morena (TUMOR), “Sí por México” —cuyo logo rememora al pinochetismo en Chile— o la autoproclamada “Alianza Federalista” (que no es más que un grupo meramente electoral) han dejado muy clara su decisión de querer reimplantar el viejo régimen de privilegios que hizo de nuestro país uno de los que tienen mayores brechas de desigualdad e índices de corrupción en el mundo.
Decía Gramsci que odiaba a los indiferentes. Confieso que, aunque yo no odio a nadie, me molesta mucho la indiferencia del privilegio mexicano: esos que se agrupan para tratar de sabotear desde el poder económico el proceso de soberanía nacional y popular que emprendió el Pueblo de México y que es la Cuarta Transformación. Esos que llaman populismo a todo proceso reivindicatorio que no logran entender, les repugna lo popular. No se confundan, están en su derecho, pues a diferencia de ellos, este régimen protege el derecho a disentir, pero hay que decirlo como es: el conservadurismo es rancio e hipócrita; no le importa la gente, le importa el capital y su bolsillo. En contra de eso militamos, en contra de eso trabajamos: a favor de un país que sea para todas y todos.


