Ciudad de México a 7 febrero, 2026, 17: 43 hora del centro.
Ciudad de México a 7 febrero, 2026, 17: 43 hora del centro.

La visión de un usuario confinado

La visión de un usuario confin

Por: Jorge Márquez

Actualmente, México desempeña un papel protagónico como el mayor productor de marihuana en el mundo.  Gracias a sus condiciones ambientales y geográficas, el territorio nacional cuenta con todas las características ideales para emprender el cultivo a un costo reducido y con la oportunidad de ser un potencial exportador debido a sus diversas rutas comerciales, siendo capaz de satisfacer no sólo la demanda nacional sino también la internacional, cuestión que posicionaría al país dentro de los principales exportadores esta planta de manera legal. Sin embargo, la propuesta de la ley federal para la regulación del cannabis está muy lejos de ser eficiente pues continúa limitando los derechos que ya reconoció la Suprema Corte de Justicia de la Nación y porque atiende a cuestiones que no precisamente forman parte del mandato constitucional, como en el tema del cáñamo industrial y la regulación de actividades comerciales.

Debido a la perspectiva prohibicionista con la que el mundo se aproximó a las drogas en el último siglo, se relegó al oscurantismo la investigación sobre sustancias psicoactivas y la divulgación de información fidedigna respecto a la marihuana. En las últimas décadas, sin embargo, una tendencia hacia la regulación es impulsada por los avances en ciencias y medicina. En medio de este cambio de paradigma, la comunicación en torno a las sustancias psicoactivas debe asumirse como una responsabilidad social e histórica, en donde los mensajes deben ser tratados cuidadosamente de manera objetiva, sin caer en estereotipos o apologías.

La situación actual con la pandemia del Coronavirus ha puesto al país y al mundo entero ante una de las más grandes crisis económicas en la historia, en donde se requieren ahora más que nunca de acciones concretas para continuar con el desarrollo en materia de regulación, de la producción, comercialización y consumo de cannabis, o de lo contrario, todo avance generado durante los últimos años en materia económica se verá tremendamente afectado. El retraso en la regulación se ha convertido en una lamentable constante que atenta en contra de la salud de los pacientes y usuarios que hoy sufren las consecuencias de no tener un acceso legal y seguro al cannabis; la legalización del uso medicinal y terapéutico de derivados del cannabis es el primero de muchos cambios, pues sin duda su uso debe estar al alcance de todos los mexicanos y no permitirse sólo en casos específicos, a fin de beneficiar a la ciudadanía y a la industria nacional.

Personalmente, pienso que para ejecutar una política pública que regule el cannabis en México, más que la vía judicial es necesario generar una legislación con un marco normativo que garantice el libre desarrollo de la personalidad y al mismo tiempo evite las actividades ilícitas. Es necesario preservar los elementos positivos del marco regulatorio internacional de control de drogas, así como la regulación del tráfico internacional farmacéutico, la protección de menores y la reducción de daños. 

Pero el objetivo final debe ser que cualquier ciudadano pueda tener acceso a cannabis y sus derivados de forma legal segura y, sobre todo, con respeto a los derechos y libertades, lo que implicará que surjan ordenamientos claros para su producción, distribución y consumo, incluido su cultivo, sea con fines personales, industriales o terapéuticos. Se puede identificar que existe una tendencia temerosa en la creación de las normas requeridas y que estos marcos restrictivos solamente generan desigualdad de oportunidades que se convierten en limitantes para el desarrollo de las industrias nacionales, lo que juega en contra de la construcción de una oportunidad de participar en la industria internacional. 

La marihuana no es una sustancia inocua, por ello su regulación debe ir acompañada de una política de prevención similar a la de otras drogas legales. La regulación debe considerar las posibles afectaciones a terceros en especial a los menores de edad y al impacto medioambiental, por lo tanto, se deberán regular los puntos de venta y las restricciones al consumo. Deberá, además, estar acompañada por evidencia empírica obtenida a través de mecanismos que permitan evaluar las políticas en la materia, por ejemplo, encuestas periódicas y confiables.

Es por ello que durante la crisis actual, el interés hacia el cannabis tomó un particular repunte entre distintos sectores de la población, mayormente entre la población más joven. Los usuarios de cannabis tendremos que afrontar nuevos retos al incorporarnos a esta “nueva normalidad”, al transitar de un ambiente arraigado a la clandestinidad e ilegalidad a uno en donde estaremos cada vez más mediados por factores como la cultura popular, la mercantilización, la tecnología y, sobre todo, el gran campo cada vez más sofisticado de la industria del cannabis que sigue ampliando los horizontes para el aprovechamiento económico.

Se deberían evaluar nuevamente las capacidades técnicas de las autoridades como COFEPRIS o SENASICA en el tema de la regulación, así como también se requiere de la creación de un órgano descentralizado como el Instituto Mexicano del Cannabis, que deberá estar especializado para determinar cuáles son las competencias que dichas instituciones deben desempeñar en el tema de la regulación. Asimismo, es necesario tratar el consumo de sustancias psicoactivas como un problema de salud pública y no como un tema de seguridad o política criminal.

El derecho al libre desarrollo de la personalidad forma parte de un derecho genérico que otorga la dignidad personal. Este mismo derecho permite la consecución del proyecto de vida que para sí tiene el ser humano como ser autónomo y supone el reconocimiento del estado sobre la facultad natural de toda persona a ser individualmente como quiere ser, sin coacción ni controles injustificados o impedimentos por parte de los demás con el fin de cumplir las metas que se ha fijado, es decir, es la persona humana quien decide el sentido de su propia existencia de acuerdo a sus valores, ideas, expectativas, gustos y demás. 

Pero más allá de la relación que tengamos con el cannabis y sus derivados, al final todos debemos pronunciarnos en pro de una sociedad más justa, educada, libre y pacífica.

Etiquetas

Facebook
Twitter
LinkedIn