Ciudad de México a 16 febrero, 2026, 14: 11 hora del centro.
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Movimiento Ciudadano: sobre las constantes traiciones a sus electores

No todos los militantes de Movimiento Ciudadano son malvados. Algunos solo son desubicados. De hecho, sus principales figuras ni siquiera son militantes, como es el caso del gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, quien se desvinculó del partido al día siguiente de ganar la gubernatura. Algunos simplemente son jóvenes que compraron la cara renovada del partido naranja, muy parecida a la renovación del PRI en 2012, que en realidad existía desde la década de los 90 bajo el nombre de Convergencia por la Democracia y que postuló en dos ocasiones a Andrés Manuel López Obrador como candidato a la Presidencia de México, cuya victoria en 2018 tanto les sigue pesando luego de que tomaran el mismo camino que la dirigencia chuchista del PRD y dieran un giro a la derecha, haciendo una apuesta por el mercenarismo político y abandonando sus principios progresistas desde ese entonces.

Entre los hechos recientes que más vergüenza deben significar para los simpatizantes está la decisión de la cúpula emecista de recibir a la fallida aspirante a la presidencia nacional del PRI, Ivone Ortega, quien en su paso por la gubernatura de Yucatán acumuló un negro historial de violaciones a derechos humanos (como el haber despojado de sus tierras a cientos de campesinos para comercializar con ella), así como el saqueo que durante su administración sufrió el sector salud que hoy, en plena pandemia, le cobra factura al pueblo yucateco, pues como gobernadora simuló la construcción de hospitales en Ticul y Tekax, que abandonó al poco tiempo de haberse iniciado, además del endeudamiento en el que dejó al estado del sureste.

Otro hecho que no deben perdonar quienes votaron por el que hoy se le conoce como el ‘PAN naranja’ es precisamente uno de los motivos por el que se ganó ese mote. Me refiero a la decisión que fuera dada a conocer en septiembre de 2017 sobre la creación de una coalición con el Partido Acción Nacional para las elecciones de 2018 bajo el nombre Frente por México y la postulación en conjunto del hoy impresentable Ricardo Anaya Cortés como candidato a la Presidencia de la República.

A esa lista se debe sumar una de las traiciones más recientes, no solo a sus electores y militancia sino a los derechos humanos, cuando en el Congreso de Puebla se llevó a cabo la votación del matrimonio igualitario. Morena fue el partido que promovió la reforma que buscaba garantizar los derechos de los poblanos y armonizar la legislación local con los criterios emitidos por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, votación en la que se esperaba contar una respuesta positiva por parte de los partidos llamados progresistas, pero en una grave demostración de que su única ideología es la hipocresía y pese a que habían manifestado que votarían a favor, los diputados de MC prefirieron abstenerse en tan importante votación.

Y ya mejor ni hablamos del penoso exhibicionismo de dos legisladores federales de ese partido que no solo compiten por ver quién es el más machista, sino también por la poco competitiva candidatura de ese partido para la gubernatura de Nuevo León, ni el que le hayan dado el ‘sí’, junto con todos los partidos conservadores, a la organización de Claudio X. González y Gustavo de Hoyos.

Tras esta serie de muy desafortunados y penosos hechos, quienes en su momento le otorgaron su voto de confianza a agrupación liderada de facto por el expriista Dante Delgado Rannauro, seguramente habrán de mostrar su descontento en el siguiente llamado a las urnas, lo que podría llevar al que siempre ha sido un partido satélite a la pérdida definitiva de su registro como partido político nacional.
 

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