Ciudad de México a 7 febrero, 2026, 11: 08 hora del centro.
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Escenario 2021: la última batalla frente al neoliberalismo

La revolución electoral del Pueblo de México en los comicios de 2018 -encabezada por el ahora Presidente Andrés Manuel López Obrador- es un acontecimiento que cambia el destino de la historia del espectro público de orden político, al ser en principio: sepulturero de la era neoliberal y cambio en el quehacer y la praxis política para desmontar el orden establecido. Sin embargo, el proceso político que llevan las diacrónicas constelaciones de trasformación, se desempeñó a través de una lucha constante por más de tres décadas, en un ambiente de hostilidad permanente por parte de los poderes fácticos del Estado que negaban un cambio de régimen y que en pleno apogeo de la transición sigue manifestando su interés. 

Si bien el Pueblo logró arrebatar el gobierno -el ente del Estado que administra y organiza los recursos públicos del país- del largo secuestro neoliberal, esto provocó que se desmoronaran ciertos intereses con la llegada de López Obrador, que rompió prácticas y lógicas gubernamentales ejercidas por el poder político, económico y mediático. Estas, aún el Pueblo no logra conquistar en su totalidad, porque “lo nuevo no acaba de nacer y lo viejo no acaba de morir”.

No obstante, los intereses del Estado neoliberal continúan latentes, a pesar de tener mayoría en las dos cámaras y algunas gubernaturas importantes. El poder político continúa dominado por los intereses empresariales que se consolidaron en  el viejo régimen  neoliberal que dictan una agenda política y mediática a diestra y siniestra a favor de sus beneficios particulares. Tal es el caso de las diferentes manifestaciones de grupos políticas de la oposición enmascarándose bajo el disfraz de lo “ciudadano”, a pesar de que no representan el clamor y el interés popular. Son como aquella farsa de la burguesía del siglo XIX que Marx desnudó y que se escondía debajo del velo de la “sociedad civil” para seguir alimentando la dominación hacia el proletariado. Se nombraban parte de la ciudadanía sin representar los verdaderos intereses de la clase trabajadora para intervenir en las decisiones públicas y políticas para mantener en “armonía” la explotación del obrero.

Estos grupos políticos de oposición en sus diferentes formas -“Mexicanos contra la Corrupción”, “BOA”, “FRENAA” o “México Sí” (es asunto menor cómo denominan a lo que sustantivamente representan)- en la práctica son uno mismo. Obran diariamente en diferentes matices de control y penetración en los disímiles espacios públicos, jugando el papel de juez y parte por ser dueños de algunos medios convencionales, redes sociales con altas cantidades de granjas de “bots”, universidades con bandas de choque para prevalecer el statu quo  (“grupo universidad” en Hidalgo y su universidad estatal, “grupo Raúl Padilla López” en la UdeG de Jalisco y “grupo Frausto Siller” en la UAdeC de Coahuila; este último, tiene el control  de la Secretaría de Gobernación del estado –casi nada-), y en territorio con los partidos políticos hegemónicos del viejo régimen (PRI, PAN y PRD) invirtiéndoles cantidades estratosféricas de dinero en operación política, para la movilización de estructura -con base en acarreo, compra y coacción de voto-, creando relaciones clientelares y corporativistas y traficando con las necesidades de los sectores más vulnerables de la ciudadanía. 

Estos grupos opositores han montado una campaña permanente de desestabilización con notas periodísticas extremadamente sensacionalistas con declaraciones en televisión nacional, inundando las redes sociales con noticas falsas, calentando el asfalto con autos lujosos en las principales avenidas de las grandes ciudades del país, exigiendo la renuncia de AMLO (elegido democráticamente) o la toma simulada del zócalo capitalino para reforzar la narrativa colectiva que las políticas públicas de la Cuarta Trasformación empobrecen a la ciudadanía. Sin embargo, el tono se elevó con la puesta en escena de los gobernadores de la “Alianza Federalista”, que representa los intereses de los grupos empresariales y de poder del viejo régimen, que sigue prevaleciendo y se niega a desaparecer. Por eso, no es casualidad que los partidos políticos que por años presumían ser oposición entre ellos (PRI, PAN y PRD) se sumaran a detener el avance de la 4T para la elección del 2021.

Es de suma importancia romper todo tipo de sectarismo y pragmatismo e imponer la unidad y las alianzas donde sean necesarias para conquistar el gobierno e ir poco a poco resquebrajando el poder político del estatus quo neoliberal. Así, podremos llegar fortalecidos al escenario electoral del próximo año sin caer en ingenuidades, como que una reforma que dicta el fraude y la cocción del voto como delito grave detendrá las manifestaciones del Estado neoliberal que en Hidalgo y Coahuila dio una probada de lo que es capaz de hacer.

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