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Sobre el amor y la tristeza

Sobre el amor y la tristeza

Por: Itzhak Vázquez

El amor es conducta estúpida por excelencia. Irracional, riesgoso, cegatón. Y es, al mismo tiempo, lo único que dota de sentido al mundo entero. Fuimos llamados a construir una República Amorosa y la idea fue -por lo menos- extravagante para muchos. Hay quienes aprendieron a desconfiar del amor, incluso a desdeñarlo al asumir una falsa dicotomía entre lo emocional y lo intelectual; amar algo o a alguien es complicado e incierto. Es la amenaza latente de la ausencia; el temor a despertarse un día y no encontrar nada donde debería estar lo que se ama. Quien es verdaderamente inteligente, supuestamente, controlará tanto como pueda y lo hará con la cabeza fría. Sentir es llanamente tonto. No es serio. Los otros, la mayoría, lejos de esa esfera pedante de intelectualismo, anduvimos un poco a ciegas. Conocimos el amor cuando abandonamos la seguridad primigenia de la coraza en donde no teníamos relación con nada -y por ende nada que perder-, para pendernos cabeza abajo sobre un peñasco y pedir a los niños que tiraran piedras contra nuestras amarras. Gozamos y sufrimos el amor sin saber exactamente cómo y por qué. De ahí la ambivalencia con la que lo anhelamos y le huimos.

El amor es difícil. Es sentimiento, acto e ideal. En tanto sentimiento es placentero; en tanto acto, es la frecuencia y la persistencia con la que volvemos hacia lo que amamos; como ideal, amar es extender la vida más allá de uno mismo, por encima de la propia piel y sentir debajo de ella la ebriedad suave y cálida del afecto floreciendo.

Es sentirse completo, en comunión inmanente, siendo uno con un universo. Querer un nombre, querer una tierra, un sol que se despierta; unas mejillas, unos ojos, una carne que es a la vez alma, la voz de los amigos o el perfume de los alimentos. 

Quienes intentaban ridiculizar la idea de una república amorosa pensaron que se trataba de una palabra vacía cuyo significado podían retorcer a placer a fuerza de campañas de mercadotecnia. Pero no contaban con lo enraizada que está en nuestras vidas su ambigüedad esencial, su ser agridulce. Glorioso cuando está, terrible cuando se pierde.  Amar, como dicen, es resistencia, y por eso para amar bien hace falta montar nuestras trincheras y aprestarnos a recibir entrenamiento de guerrilleros para protegernos, recibirnos y definirnos los unos a los otros. La sabiduría para aceptar y reconocer que el dolor es la contraparte inevitable de querer pero que, como el cariño mismo, tampoco el dolor es definitivo mientras avancemos y nos atrevamos a seguir queriendo. Abandonar el afecto es abandonar la vida misma. Por eso hay que aferrarnos a él, querer como desquiciados. Persistir y tenernos buena fe, porque no hay nada más constructivo y revolucionario.


Poema sobre la persistencia trágica y necesariamente paralela de la vida y la esperanza

Para Annita J.

¿Quién, en su sano juicio, abandonaría su amor? 

Aunque sea amor de Mosca de Mayo,
de efervescencia pirotécnica,
de alas cortas, ritmo raudo y ojos cansados; 
de las inocentes noches de la mentira,
de lágrimas martirizadas por la insistencia, 
de luces titilantes, estroboscópicas y cegadoras
o de sendas en las que se tiene que andar a ciegas.

Aunque sea un amor injusto, en desventaja,
Un amor que va desvencijándose y acumulando llagas;
un anhelo de eternidad, en nosotros que expiramos.
Aunque sea un amor de desear aterrorizante
que nos abrume llevar entre las manos;
¿Quién lo abandonaría a su suerte
y lo arrancaría de su corazón?

Aunque se agotara bajo el manto obscuro de una luna, 
en la agitación esporádica de un accidente, 
en la insignificancia intrínseca de la coincidencia, 
en un breve andar juntos sin preguntarse el nombre,
en la fugacidad de un cruce de miradas,
en las manos tibias que se urden y entrelazan,
en la danza de los labios que se funden,
y en el mutuo inhalar de los alientos
de oxígeno transmutado en veneno.

Aunque sea un amor que no podrá 
pasearse por mucho tiempo en tus ojos negros,
que nace pereciendo, que morirá, 
que es de suyo feble y pasajero
como todo aquello que alguna vez llamaremos nuestro;
si es un amor que es irrecuperable y poco, 
que se esfumará, pero a su tiempo.

Si aún podemos, de antemano derrotados, 
aunque solo sea por un segundo, 
aferrarnos como desquiciados y poseerlo:
¿Quién, en su sano juicio, abandonaría su amor?


@Itzhak_Vazquez

Politólogo, psicólogo conductual y sanitarista. Duranguense. Hago ciencia del comportamiento en BPP A.C.  Miembro de La Chinaca Nacional.

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