Ciudad de México a 9 febrero, 2026, 17: 24 hora del centro.
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¿Y si hablamos de acoso?

¿Y si hablamos de acoso?

A propósito de las reflexiones que se dieron en el marco del pasado 25 de noviembre, Día Internacional por la Eliminación de la Violencia hacia las Mujeres, nos queda claro que hay todavía mucho trabajo por hacer y problemas que resolver. Una de las más presentes es la del acoso sexual y laboral. 

Nos ha tomado décadas de lucha a nosotras, las mujeres, poder llegar a los espacios públicos y de representación, sin que a la fecha lo hayamos conseguido por completo. Incluso hoy continuamos perdiendo oportunidades de trabajo por vernos envueltas -como víctimas- en dinámicas de acoso. 

A veces parece que nadie se percata, pues en muchos casos este puede ser discreto y estar perfectamente invisibilizado por quienes forman parte de dicho entorno. Espetan frases como “no es para tanto, estás exagerando”. Pero por más invisibilizada que esté esta grave situación, afecta de manera diaria a una gran cantidad de mujeres en lo más íntimo de su esfera personal. En consecuencia, por obvias razones, se va mermando de a poco y perdiendo la confianza en aquellas personas que conforman su círculo laboral, quienes, por supuesto, ni se inmutan ante los abusos que sufren.

¿Por qué se llega ante ese grado de normalización y pasividad? Es fácil: en un clima de constante competencia para poder incorporarse a un campo laboral donde, además, los hombres son mejor remunerados, la presencia femenina y sus posiciones alcanzadas pueden verse como una amenaza.

Hay casos en los que el acoso laboral alcanza mayores dimensiones, en las que el empleador llega a degradar emocionalmente a la mujer, haciéndola sentir como si fuera un mero “trofeo” que está ahí por el capricho de su jefe y no por sus capacidades. Los violentadores no toman en cuenta la situación económica, social o de vida que tienen las trabajadoras, particularmente que la mayoría de nosotras trabajamos por necesidad. No poder abandonar un trabajo cuando se es víctima de abusos por tener la responsabilidad de apoyar a nuestras familias o pagar nuestros estudios es una condición de desigualdad no sólo de género, sino también económica. 

Aunque ahora ya se ha detectado caso por caso, gracias a mujeres valientes que han enfrentado esta situación y denunciado, se ha producido una respuesta. Por ejemplo, desde el Congreso de la Unión hemos impulsado distintos esfuerzos comenzando por tratar de poner orden en nuestra propia casa. A inicios de este año, fueron aprobados los Lineamientos del Comité para la Institucionalización de la Política de Igualdad y no Discriminación, así como el procedimiento para prevenir y atender actos de violencia, acoso y hostigamiento sexual y laboral en la Cámara de Diputados. Ello, con el fin de proteger a todas las mujeres que trabajan en este espacio y garantizarles un mecanismo eficaz de atención a cualquier tipo de abuso laboral, mediante una Unidad para la Igualdad de Género que trabaje con perspectiva de género y evite, a toda cosa, la revictimización o el miedo a denunciar de nuestras compañeras.

En el mismo sentido, en días recientes aprobamos algunas disposiciones a la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, para poder otorgarle a la Secretaría de Educación Pública la facultad de diseñar e implementar protocolos para prevenir, atender y sancionar casos de acoso y hostigamiento sexual en todos los niveles educativos. Es trascendental atacar el problema desde la raíz y comenzar, desde las edades más tempranas, a enseñarle a los jóvenes a respetar y desenvolverse junto a sus compañeras en un ambiente de respeto, igualdad y fraternidad.

¿Cómo podemos hacer para alcanzar al total de mujeres que sufren este tipo de violencia? Por un lado, tenemos que seguir creando redes de acompañamiento para que las compañeras nos sintamos con la suficiente confianza de atrevernos a denunciar y, al mismo tiempo, fortalecer los sistemas de denuncia que, naturalmente, si no son usados, ni siquiera pueden ser calificados. En tanto que no se tenga una calificación, es difícil evaluar su eficacia, por lo que es importante seguir alzando la voz cada que esto nos ocurra.

Tú, que me estás leyendo, ¿tienes una historia de estas? ¿Has pasado por algo similar?  Cuéntame qué has hecho y cómo actuaste, porque, sobre todo, es urgente entrar a una evaluación objetiva y seria sobre las medidas que se han tomado y los esfuerzos realizados para prevenir y erradicar el acoso sexual y laboral. Necesitamos saber cuáles han sido sus resultados, si han logrado impactar de forma positiva en la vida de las mujeres y, si no, qué es lo que se sigue haciendo mal y cómo podemos ponerle un freno inmediato.

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