La 4T es un movimiento social amplio que tiene como premisas la separación del poder político del económico; es decir, la desaparición de la mafia del poder neoliberal y el combate a la corrupción para poder destinar recursos a aliviar los más duros sufrimientos del Pueblo y lograr cambios que permitan la mejora salarial y de condiciones laborales. Estas premisas implican grandes batallas contra los poderes fácticos, pues el poder económico nacional y extranjero no está dispuesto a ceder nada.
Hay quien piensa que las batallas de la 4T son insuficientes para una transformación más radical de la realidad, que no se hace nada para arrebatarle la rectoría de la economía al mercado, para ponerle límites a las empresas trasnacionales, para fortalecer derechos colectivos y para fortalecer la organización de obreros y campesinos.
Tienen cierta razón solo si ignoramos lo que es Morena y la 4T. No hay que pedirle peras al olmo y no hay que olvidar que aspirar a una transformación más profunda que la 4T (¿una 5T?) no necesariamente y en todo momento está peleado con los esfuerzos del cambio actual.
Las transformaciones sociales están condicionadas por factores objetivos y subjetivos del momento histórico, y al final es el Pueblo el que marca el ritmo y alcance de los movimientos transformadores. En otras palabras: se está transformando México como se pueda, con lo que se pueda y hasta donde se pueda dado el contexto actual. Algunos pueden elegir esperar, pero el planteamiento de Morena fue ese.
Sería completamente incorrecto considerar que la 4T es un movimiento comunista, anticapitalista, clasista, pues obviamente no lo es. Sin embargo, se han dado pasos realmente importantes en el proceso de transformación profunda, tanto a través de reformas legales, actos administrativos e incluso actos políticos y simbólicos que significarán mejores condiciones de vida para los trabajadores al restituir derechos perdidos en la época neoliberal e incluso mayores posibilidades de organización y lucha independiente.
Los organismos empresariales se quejan amargamente de la propuesta contra el outsourcing que hará mucho más difícil la evasión de responsabilidades fiscales y laborales tan extendida en el país. Al mismo tiempo, avanza una propuesta de reforma en materia de vivienda a favor de los trabajadores que tampoco es bien recibida por las grandes compañías constructoras -las principales beneficiarias del modelo basado en desarrollos de poca calidad, casas miniatura, ausencia de servicios, etc.-. Propuestas importantísimas que se suman al aumento sustancial al salario mínimo, la lucha a favor de la democratización de sindicatos y al respaldo simbólico a una de las asesoras de los obreros en lucha en Matamoros, Tamaulipas, que lograron mejoras salariales espectaculares y fue perseguida por el gobierno local panista, entre muchas otras. Todas estas acciones no convierten a Morena ni a la 4T en un movimiento “comunista”, o con un planteamiento clasista, aunque indudablemente repercuten en mayores posibilidades de organización de los trabajadores. Se insertan, mejor dicho, en el planteamiento central de Morena, que explícitamente menciona no buscar el fin de la propiedad privada de los medios de producción, sino el fin de la corrupción gubernamental y empresarial, de los abusos más lacerantes contra el pueblo, mejorando al mismo tiempo las condiciones de vida de toda la población. Ese es nuestro partido.
Esa nueva realidad que se está construyendo lo hace con la fuerza de un enorme consenso en donde caben tanto quienes ven en estos cambios la posibilidad del renacimiento de la conciencia de los trabajadores y el potenciamiento de sus luchas por transformaciones más profundas, como quienes “solo” aspiran a vivir en un verdadero Estado de derecho sin corrupción y con mayor justicia social, que no es poca cosa tampoco. La tarea de la 4T no es, ni puede ser, ir más allá de los propios límites que se ha planteado. En ese contexto, el movimiento amplio de la 4T se enfrentará a un nuevo desafío electoral en contra de la reacción neoliberal, encabezado por un amplio sector de empresarios, partidos del viejo régimen y sectores conservadores que han unido fuerzas para intentar arrebatarnos la mayoría en la Cámara de Diputados, así como las presidencias municipales y gubernaturas.
Desde el partido que encabeza la coalición progresista, Morena, se ha planteado la necesidad de llevar a cabo una alianza amplia con todo aquel que suscriba el proyecto transformador de la 4T, incluyendo personajes y partidos que antes fueron parte de la fiesta neoliberal. Muchos militantes de izquierda en Morena han mostrado su total rechazo a estas alianzas. Nos parece una postura equivocada, ya que sería un gran error subestimar a las fuerzas conservadoras ya que, aunque cargan desprestigio y ruina moral, conservan recursos económicos y fuerza territorial. Esto hace necesario reunir fuerzas suficientes para continuar con la transformación sin negociar la línea programática, que no están a discusión ni a negociación: el personaje o partido que quieran ser parte de la coalición tienen que suscribir nuestros planteamientos. Confundir a Morena con algo que no es lleva a muchos a posturas sectarias que pueden socavar el consenso amplio en torno a nuestros planteamientos y la eficacia indispensable para seguir avanzando en la gran rueda de la historia.


