Hace poco más de un año, en mi primera colaboración para El Soberano, escribí sobre uno de los vicios que considero es de los más nocivos para la formación de las nuevas generaciones que en algún momento habrán de tomar las riendas de la nación y sus instituciones: el amor por la simulación, inculcado desde etapas muy tempranas de su “caminar” político.
Observo con mucha preocupación que dichas prácticas infantiles se replican al interior de las llamadas “juventudes” obradoristas y considero que esto debe atenderse cuanto antes para poder erradicarlo y borrar de su cabeza la idea de que la política es un reality show, donde lo más importante son los seguidores en Twitter o quién tiene la foto con mejor pose en el patio de alguna cámara legislativa.
En plena marcha del proceso de transformación más importante del último siglo, se vuelve indispensable hacer pedagogía y explicarle a los más jóvenes de nuestro país cómo fue posible llegar al punto en el que nos encontramos. ¿Qué pasó antes? ¿Qué se hizo para poder construir una mayoría social tan amplia? ¿Cuál fue el camino recorrido por Andrés Manuel López Obrador para convertirse en el Presidente más votado en la historia?
Va una pista: no fue gracias a sus likes de Instagram ni a sus videos virales de Facebook.
La política de verdad, la profunda -esa que logra resolver los problemas del Pueblo, atender sus demandas y transformar sus vidas-, está en la calle, en las colonias, en los barrios, en las rancherías. Caminar el territorio, tocar puertas y escuchar a la gente debe ser el primer paso que tomar para todo joven con aspiraciones de participar en la vida pública.
Hoy, da la impresión de que muchos de ellos están optando por la vía fácil, la más cómoda y mediocre: llamar la atención en redes sociales para ganar un espacio en medios de comunicación y así seguir escalando en la pirámide, siendo completamente ajenos a la realidad que les rodea. Están más preocupados por su próxima participación en el programa de Foro TV que se transmite el domingo en la madrugada y no ven más que ellos y sus papás.
Viene 2021 y seguramente será el primer proceso electoral en el que muchos de ellos participen haciendo proselitismo o incluso como candidatos. Uno esperaría que, al menos quienes han surgido de las filas del Obradorismo, tengan la decencia de aprender del ejemplo de nuestro máximo dirigente, el Presidente López Obrador, y comiencen desde ahora a ponerse los tenis y gastar la suela para salir a conocer su propia colonia. Los debates en Zoom y las profundas e interesantes reflexiones dentro de la República de Twitter pueden esperar un tiempo. Con todo respeto, allá afuera a nadie le importa eso.
La llegada de la nueva dirigencia a Morena es la oportunidad para que el partido se convierta en una escuela de hombres y mujeres de bien que sepan resolver y buscar soluciones para los problemas de su entorno . La formación política es indispensable, como lo es la formación práctica. Que todo militante sepa que con un chaleco guinda y muchas ganas de colaborar en la transformación del país puede salir a seguirle llevando el mensaje de esperanza al Pueblo y a la vez recoger sus sentimientos y necesidades.
Que se deje de una vez por todas a un lado la politiquería barata, las ansias desbordadas por protagonismo y la ambición vulgar de llegar a los cargos cuanto antes. Las aspiraciones políticas son legítimas, correctas y necesarias, pero nunca pueden estar por encima del interés superior del movimiento o la causa de la que se forma parte. Hay de dos: o se milita en el proyecto o se milita en el ego de uno mismo. Los politinfluencers parecen preferir lo segundo. Démosle ya un giro al paradigma con el que la política le es presentada a las nuevas generaciones, para atraer a quienes quieran hacer el bien sirviendo a los demás.


